EE UU respira con “alivio” por el levantamiento de la ley marcial en Corea del Sur

Joe y Jill Biden con el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol y la primera dama Kim Keon-hee. / @POTUS
Washignton continuará monitoreando la inestabilidad en uno de sus socios estratégicos del Asia-Pacífico, una región clave para la política exterior estadounidense para lidiar con China, Rusia y Corea del Norte.

El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, anuló este martes la ley marcial apenas seis horas después de haberla decretado. La medida, que generó conmoción tanto en el ámbito nacional como internacional, fue interpretada como un intento extremo de gestionar la creciente inestabilidad política en el país. EE UU, máximo aliado internacional de Seúl, expresó su “alivio” tras la revocación de una medida que suspendería garantías constitucionales, aunque advirtió de que seguirá de cerca las consecuencias de esta crisis para la estabilidad de en una región clave para la política exterior estadounidense, volcada en contener a China y las amenazas nucleares de Corea del Norte.

La decisión de Yoon llegó en un momento delicado para Washington, inmerso en la transición de poder tras la reelección de Donald Trump. Corea del Sur es un socio estratégico para Washington en la región del Asia-Pacífico, especialmente en su política de contención hacia Pekín, Moscú y Pyongyang. El secretario adjunto del Departamento de Estado, Kurt Campbell, afirmó que el decreto presidencial, las manifestaciones de ciudadanos y su posterior derogación en la Asamblea Nacional de Corea del Sur era motivo de “grave preocupación” para la Casa Blanca. El presidente Joe Biden, desde Angola, fue informado constantemente sobre la situación.

La crisis surge tras meses de deterioro en las relaciones entre el conservador Partido del Poder Popular (PPP), al que pertenece Yoon, y el opositor centroizquierdista Partido Democrático (PD), que obtuvo una mayoría parlamentaria contundente en las elecciones de abril. El desencadenante inmediato de la ley marcial fue la presentación de mociones parlamentarias para destituir a altos funcionarios del Gobierno, así como un recorte significativo en el presupuesto propuesto por la oposición.

Yoon justificó la declaración de ley marcial acusando al Partido Democrático de “simpatizar” con el régimen de Corea del Norte y de actuar en contra de los intereses del Estado. Sin embargo, estas afirmaciones no incluyeron detalles específicos, lo que generó escepticismo tanto dentro como fuera del país. Según encuestas recientes, el presidente enfrenta un índice de desaprobación del 70 %, reflejo de un mandato marcado por controversias y tensiones políticas.

EE UU, preocupado por la inestabilidad de su Seúl

La proclamación de ley marcial sorprendió por su carácter inédito en la era democrática de Corea del Sur, donde no se aplicaba desde la dictadura militar que finalizó en 1987. En el pasado, esta medida había sido utilizada para consolidar el poder de líderes autoritarios, lo que alimentó temores sobre un posible retroceso democrático. La oposición respondió rápidamente con una moción parlamentaria que contó con el respaldo de 190 diputados, anulando efectivamente la medida.

La situación política en Seúl coincide con un aumento de la tensión en la península coreana. Corea del Norte, bajo el liderazgo de Kim Jong-un, ha intensificado su colaboración con Rusia en el contexto de la guerra en Ucrania, suministrando armamento y apoyo logístico. Estas acciones han llevado a Estados Unidos a reforzar su alianza con Corea del Sur y Japón mediante acuerdos de cooperación tripartita.

La perspectiva de Washington y Londres

Desde el Departamento de Estado, Campbell destacó la “inquebrantable” alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur, subrayando la confianza de Washington en una resolución pacífica de la crisis política. Además, se reafirmó el compromiso de EE UU con la defensa de Corea del Sur, que incluye la presencia de 28.500 soldados estadounidenses en el país asiático.

Por su parte, Reino Unido expresó su preocupación por los acontecimientos en Corea del Sur y pidió a sus ciudadanos en el país que eviten las manifestaciones. “Seguimos de cerca la evolución de la situación”, declaró un portavoz del primer ministro, Keir Starmer, mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores instaba a la prudencia.

La crisis plantea serias dudas sobre el futuro político de Yoon, cuya gestión ya enfrentaba un panorama adverso antes de la ley marcial. Paralelamente, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca introduce incertidumbre en las relaciones bilaterales. Durante su primer mandato, Trump criticó la presencia militar estadounidense en Corea del Sur y exigió mayores aportaciones financieras por parte de Seúl, lo que tensó las relaciones entre ambos países.

Mientras tanto, Yoon ha intentado estrechar lazos con Trump, según reportan medios surcoreanos, e incluso habría retomado el golf, deporte favorito del presidente electo. Sin embargo, la relación histórica de Trump con Corea del Norte y su imprevisible enfoque hacia Pyongyang podrían añadir nuevos desafíos a la alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur.

La situación en Corea del Sur se desarrolla rápidamente y continuará bajo la atenta mirada de la comunidad internacional. Con un sistema democrático que permite a los ciudadanos movilizarse masivamente, las próximas semanas serán clave para determinar si el país logra superar esta crisis sin precedentes en su historia reciente. @mundiario