EE UU llama a Europa a colaborar para hacer “colapsar” la economía rusa pese a la reticencia de Trump

Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE UU. / RR.SS
Washington plantea una ofensiva conjunta con Bruselas para aumentar la presión sobre Moscú, a pesar de que el aumento de la retórica de Trump no se ha materializado en medidas directas contra el Kremlin.

Tras meses de presión europea, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó que Washington desea que la Unión Europea se sume a una estrategia coordinada de sanciones destinada a hacer “colapsar” a la economía rusa y obligar al presidente Vladímir Putin a negociar el fin de la guerra en Ucrania.

En una entrevista con la cadena NBC News, Bessent destacó que la clave está en actuar conjuntamente con los europeos y aplicar medidas adicionales contra los países que continúan comprando petróleo ruso, una iniciativa impulsada originalmente por Europa y que chocaba con una Casa Blanca dispuesta a mediar en el conflicto por cuenta propia.

Según Bessent, la situación es un pulso de resistencia. “Estamos en una carrera entre cuánto puede aguantar el ejército ucraniano y cuánto puede resistir la economía rusa”, declaró. A su juicio, si Estados Unidos y la Unión Europea aplican nuevas sanciones y aranceles secundarios, “la economía rusa entrará en colapso total” y ello obligaría a Putin a sentarse en la mesa de negociaciones.

Las palabras del secretario del Tesoro se producen en un contexto complejo. Rusia acaba de lanzar el mayor ataque con drones de toda la guerra, con cuatro muertos y un edificio gubernamental atacado en Kiev, lo que alimenta el escepticismo sobre la disposición del Kremlin a buscar una salida diplomática. En paralelo, las presiones sobre la Casa Blanca aumentan, después de que el presidente Donald Trump prometiera durante su campaña presidencial que podría acabar con la guerra “en cuestión de días”.

Trump, sin embargo, ha mantenido una posición ambivalente. Ha impuesto aranceles del 50 % a India por sus importaciones de crudo ruso, una de las sanciones más duras aplicadas por Washington a un socio comercial. Pero se ha mostrado reticente a aprobar nuevas medidas directamente contra Moscú o contra Pekín, otro de los grandes compradores de energía rusa. “¿Llaman a eso no actuar? Aún no he hecho la fase dos ni la fase tres”, defendió el sábado en la Casa Blanca. Ya el domingo, el republicanoa seguró de que su equipo está listo para la “fase dos”

Sin embargo, el propio presidente estadounidense dejó entrever este domingo que podría endurecer las sanciones: “Sí, estoy preparado para la segunda fase”, dijo al ser preguntado por un periodista, aunque sin dar detalles concretos. La falta de definiciones, que no han llegado a nada cada vez que el mandatario endurece la retórica, alimenta las dudas sobre su verdadero compromiso con una estrategia de máxima presión.

Ucrania, en cambio, insiste en la necesidad de un endurecimiento inmediato. El presidente Volodímir Zelenski celebra constantemente la idea de penalizar a los países que mantienen negocios energéticos con Moscú: “Creo que es la idea correcta. Estoy muy agradecido a los socios, pero algunos siguen comprando gas y petróleo ruso y eso no es justo”, afirmó recientemente en una entrevista en ABC News. El mandatario ucraniano también respaldó las críticas de Trump a los gobiernos europeos que continúan adquiriendo recursos rusos en grandes cantidades (Hungría y Eslovaquia).

En Bruselas, las reacciones tras los continuos ataques respaldan la idea de una postura más dura para que Putin se siente a negociar de buena fe. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acusó al Kremlin de “burlarse de la diplomacia”, mientras que el primer ministro polaco, Donald Tusk, se adelantó a la Casa Blanca y pidió este sábado una acción conjunta inmediata: “Estados Unidos y Europa debemos forzar a Rusia a aceptar un alto el fuego. Tenemos todos los instrumentos”. Las declaraciones subrayan la creciente presión sobre Trump para que adopte una postura menos ambigua y decida tomar acción.

El escepticismo internacional radica en que la retórica del presidente estadounidense no siempre se ha traducido en decisiones prácticas. Desde el inicio de su segundo mandato, Trump ha intentado romper el aislamiento internacional de Putin, a pesar de las nulas concesiones rusas, incluso organizando una reunión bilateral en Alaska. Sin embargo, hasta ahora los esfuerzos han resultado infructuosos y los bombardeos rusos han continuado. Al mismo tiempo, el presidente ha expresado su frustración por no haber conseguido el final rápido de la guerra que había prometido.

La propuesta de Bessent revela la estrategia de Estados Unidos de buscar en Europa un socio indispensable para golpear los cimientos de la economía rusa, aunque el verdadero alcance de ese plan dependerá de la coherencia con que Trump decida ejecutarlo. @mundiario