La dimisión de Marjorie Taylor Greene sacude al ala MAGA tras romper con Trump
La política estadounidense vuelve a experimentar una sacudida dentro del movimiento MAGA. Marjorie Taylor Greene, una de sus voces más estridentes y simbólicas, anunció su dimisión este viernes, apenas una semana después del enfrentamiento público con Donald Trump que culminó con las descalificaciones del presidente, quien la llamó “traidora” y “chiflada”. La representante por el distrito GA-14 de Georgia dejará su escaño el 5 de enero, poniendo fin a un mandato marcado por la polémica, la confrontación y una fidelidad casi absoluta al líder conservador… hasta ahora.
Conocida por defender teorías conspirativas de QAnon, cuestionar políticas sanitarias durante la pandemia y alinear su discurso con la retórica más dura del trumpismo, Greene había logrado convertirse en un rostro imprescindible de la derecha radical estadounidense. Sin embargo, su defensa de la desclasificación completa de los papeles de Jeffrey Epstein y sus críticas a la política exterior de Trump terminaron por romper una relación que parecía inquebrantable.
La congresista explicó su decisión en un vídeo publicado en X, donde atribuyó su renuncia al desgaste provocado por sus tensiones con la dirección republicana, el reciente cierre gubernamental y el conflicto con el presidente de la Cámara, Mike Johnson, que bloqueó durante semanas una votación clave sobre el caso Epstein. Greene lamentó que Trump la atacara por ejercer su autonomía legislativa y defendió que “la lealtad debe ser mutua”.
El distanciamiento ha sido especialmente notable en las últimas semanas. Trump llegó incluso a amenazar con apoyar a un rival republicano en las primarias de 2026 si Greene se presentaba a la reelección, lo que anticipaba una batalla interna de alto voltaje. La congresista, que obtuvo casi 30 puntos de ventaja en su última elección, asegura que no permitirá que su distrito sufra unas primarias “llenas de odio” impulsadas desde la Casa Blanca.
De símbolo MAGA a disidente incómoda
Greene llegó al Congreso en 2020 como emblema de la nueva generación de políticos surgidos al calor del trumpismo. Su estilo combativo y su discurso extremo la convirtieron en una figura mediática de primer orden, pero también en un foco de controversias que llevaron a la Cámara de Representantes a retirarle sus funciones en comités legislativos apenas un mes después de asumir.
En su despedida, reconoció que nunca llegó a “encajar” en Washington y que, pese a haber moderado parte de su retórica en los últimos meses, su relación con el ecosistema político de la capital fue siempre tensa.
El episodio más reciente —y detonante de su salida— fue su protagonismo en la demanda bipartidista para obligar al Departamento de Justicia a publicar los documentos sobre Jeffrey Epstein. Trump, inicialmente contrario a esta desclasificación, cedió solo cuando quedó claro que Greene y otros republicanos votarían junto a los demócratas. La congresista criticó abiertamente al presidente por no impulsar la transparencia de forma voluntaria.
La respuesta de Trump fue contundente: la acusó de “loca”, pidió su destitución y celebró públicamente su dimisión como “una gran noticia para el país”.
Un golpe a la ya frágil mayoría republicana
Aunque Greene abandona el Congreso, su carrera podría no haber terminado. Algunos medios estadounidenses apuntan a una posible candidatura a la Gobernación de Georgia o incluso al Senado estatal. Trump, sin embargo, ha insinuado que esos puestos podrían estar fuera de su alcance “por sus bajos índices de aprobación”,
Su salida obligará al gobernador Brian Kemp a convocar elecciones extraordinarias en un plazo de diez días. Hasta entonces, la ajustada mayoría conservadora en la Cámara se reducirá, complicando aún más la gestión legislativa del Partido Republicano en un momento de profundas divisiones internas.
La dimisión de Marjorie Taylor Greene no es simplemente el final de una trayectoria marcada por la controversia: es un síntoma visible de la erosión del liderazgo de Donald Trump dentro de su propio movimiento. El trumpismo vive hoy su mayor tensión interna desde 2016, y la caída de una de sus principales iconoclastas puede ser solo el preludio de una batalla aún más profunda por el futuro del Partido Republicano. @mundiario