El dilema europeo ante EE UU y la seguridad global

Europa se planta ante Trump. / @realDonaldTrump en X
La OTAN enfrenta tensiones tras la amenaza de Trump sobre Ormuz, paso clave del 20 % del petróleo mundial. Europa debate entre ceder a EE UU o asumir liderazgo estratégico propio, con Alemania dando los primeros pasos hacia decisiones más autónomas y coordinadas.

La OTAN, cimiento de la seguridad europea desde la Guerra Fría, se enfrenta hoy a un desafío que cuestiona no solo su unidad, sino también su autonomía estratégica. Esta semana, Donald Trump ha puesto en entredicho la continuidad de la Alianza si los países miembros no colaboran militarmente para desbloquear el estrecho de Ormuz, un paso marítimo vital que concentra cerca del 20% del transporte mundial de petróleo y que actualmente está bajo control de Irán. Esta advertencia no es un simple gesto diplomático: refleja un patrón histórico de presión estadounidense sobre Europa que ha puesto a los líderes europeos en una encrucijada.

Gerlinde Niehus, exsubdirectora de la OTAN para cooperación con socios internacionales, ha subrayado en una entrevista reciente que la sumisión europea frente a estas presiones ha sido la norma durante los últimos años. Según Niehus, figuras como Trump, Putin o Xi no responden a la sumisión, sino a directrices claras y consistentes; marcar líneas rojas no es opcional, es una necesidad estratégica.

La lección de la política europea

Hasta hace poco, muchos países europeos seguían la lógica de “sí, señor” ante las exigencias de Washington, aunque a menudo con reticencias. Alemania, por ejemplo, ha comenzado a cambiar esta dinámica, rechazando explícitamente algunas de las demandas más recientes de Trump. Esta actitud marca un punto de inflexión: la política europea no puede limitarse a reaccionar ante las decisiones de otros. Necesita un liderazgo autónomo, capaz de coordinar políticas de seguridad y defensa que protejan los intereses del continente sin depender exclusivamente de la presión estadounidense.

El problema es que Europa lleva décadas sin desarrollar ese liderazgo estratégico. Las decisiones sobre defensa se han tomado muchas veces siguiendo los dictados de Washington, y la coordinación interna ha sido limitada. Sin esa capacidad de actuar con autonomía, el continente se expone a dilemas constantes, como el actual, que ponen en juego tanto la estabilidad geopolítica como la seguridad energética.

Más allá de la reacción: construir capacidad propia

La advertencia de Trump sobre la OTAN y Ormuz es un llamado de atención que va más allá de la retórica política. Europa necesita definir prioridades claras, establecer consensos internos sobre qué líneas no se cruzan y fortalecer sus capacidades de defensa colectiva. Esto implica invertir en tecnología militar, mejorar la coordinación entre países miembros y, sobre todo, cultivar una visión estratégica común que no dependa de la buena voluntad de terceros.

El riesgo de no hacerlo es doble: por un lado, la sumisión a presiones externas erosiona la credibilidad europea; por otro, la falta de coordinación puede llevar a decisiones precipitadas que comprometan la estabilidad regional y global. En términos sencillos, Europa debe pasar de ser un pasajero que sigue la ruta marcada por otros a ser un piloto que traza su propio curso. Solo así se garantiza que la OTAN siga siendo una alianza fuerte y no un instrumento de intereses ajenos. La hora de la estrategia europea ha llegado y no admite demoras. @mundiario