Las claves de la COP30 en Belém: Brasil impulsa una cumbre del clima marcada por la urgencia
Con 29 grados y una humedad del 73 %, la trigésima Conferencia de las Partes (COP30) ha comenzado oficialmente en Belém, en pleno corazón de la Amazonía brasileña. Durante dos semanas, representantes de casi 200 países negociarán nuevas vías para frenar el calentamiento global en uno de los momentos más complejos para la cooperación internacional desde la creación de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático en 1992.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anfitrión de la cumbre, inauguró la conferencia pregonando que “es el momento de imponer una nueva derrota a los negacionistas”. Lula defendió la necesidad de combatir la desinformación y reafirmó su confianza en el multilateralismo como único camino posible frente a la emergencia climática.
La elección de Belém no es casual. Para Lula, celebrar la COP en la Amazonía tiene un valor simbólico y político. “Habría sido más fácil celebrarla en una ciudad sin problemas. Pero decidimos probar que, cuando hay voluntad política y compromiso con la verdad, no hay nada imposible”, subrayó, recordando además que el costo de invertir en la lucha climática —1.3 billones de dólares— es mucho menor que el gasto en guerras, que el año pasado superó los 2.7 billones.
El discurso del mandatario brasileño estuvo centrado en dos ejes: la urgencia climática y la justicia social. Lula recordó que el cambio climático no es una amenaza futura, sino una “tragedia actual” que ya se manifiesta en forma de incendios, inundaciones y huracanes, afectando sobre todo a las comunidades más vulnerables.
Además, defendió que la lucha climática debe poner “al ser humano en el centro” y advirtió de que millones de personas podrían caer en la pobreza si no se refuerzan las políticas de adaptación. Con este enfoque, Brasil pretende posicionarse como mediador entre el Norte y el Sur global, promoviendo mecanismos de cooperación que vinculen la protección ambiental con el desarrollo económico.
El multilateralismo como principio rector de la COP30
Uno de los principales proyectos que impulsa Lula en esta cumbre es el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que busca conservar más de mil millones de hectáreas de selvas con una inversión de hasta 125.000 millones de dólares entre capital público y privado. El fondo pretende remunerar a las comunidades que protegen los ecosistemas forestales, convirtiendo la conservación en una fuente de ingresos sostenible.
El presidente de la COP30, el diplomático brasileño André Corrêa do Lago, abrió la cumbre con un mensaje de esperanza, pero también de advertencia: “aunque estamos cerca de la meta, nos queda mucho por hacer”. Do Lago insistió en que esta debe ser una “cumbre de ejecución”, donde los compromisos se transformen en acciones verificables.
El representante brasileño destacó la importancia de escuchar a la ciencia y recordó los recientes desastres climáticos en Brasil, Filipinas y Jamaica como prueba del carácter urgente de las medidas. Asimismo, defendió el multilateralismo como “única vía efectiva” para avanzar, citando los éxitos del Protocolo de Montreal —que logró eliminar el 95 % de los gases que dañaban la capa de ozono— y el Acuerdo de París, que redujo significativamente las previsiones de calentamiento para fin de siglo.
“Quejarse no es una estrategia”, enfatizó también Simon Stiell, secretario ejecutivo de la ONU para el Clima, quien recordó que, pese a una ligera reducción de las emisiones globales, la respuesta sigue siendo insuficiente.
Una cumbre marcada por ausencias y retrocesos
El contexto geopolítico complica la COP30. EE UU ha optado por no enviar una delegación oficial, después de que Donald Trump decidiera retirar de nuevo al país del Acuerdo de París y frenar su participación en los foros multilaterales sobre medio ambiente. Washington ha mostrado además su oposición a un impuesto internacional sobre las emisiones del transporte marítimo y a la regulación global del plástico, debilitando los esfuerzos diplomáticos previos.
En Europa, la ola de freno a las políticas verdes y el avance de partidos ultraderechistas escépticos con la agenda climática amenazan con ralentizar la acción conjunta. En contraste, China ha asumido un protagonismo creciente, presentando un nuevo plan que incluye por primera vez objetivos concretos de reducción de emisiones del 7 % al 10 % para 2035, aunque los expertos advierten que sigue siendo insuficiente para cumplir con el límite de 1,5 °C.
Según Corrêa do Lago, la disminución del entusiasmo del Norte Global “demuestra que el Sur Global está avanzando”, con países emergentes asumiendo un papel más proactivo. La transición climática, sostuvo, es “una tendencia irreversible” y “motor del desarrollo sostenible”.
Las brechas del Acuerdo de París
La COP30 llega marcada por los incumplimientos del Acuerdo de París, que este año cumple una década. En teoría, todos los países debían presentar antes de febrero de 2025 sus nuevos planes nacionales de reducción de emisiones (NDC) con objetivos para 2035. Sin embargo, la ONU solo ha recibido 108 de los casi 200 compromisos esperados, lo que impide un análisis global fiable.
Los cálculos preliminares indican que los planes actuales solo reducirían las emisiones mundiales entre un 10 % y un 15 % para 2035, lo que mantendría el aumento de la temperatura en torno a 2,5 °C, lejos de los 1,5 °C establecidos como meta segura. Para alcanzarla, sería necesario un recorte del 60 % de las emisiones.
A ello se suma el problema de las emisiones de metano, que según un estudio satelital reciente han aumentado un 8,5 % desde 2020 en los seis principales emisores del mundo, alejando aún más los objetivos fijados en la COP26 de Glasgow.
La financiación climática y el papel del Sur Global
Otro de los grandes desafíos de Belém es la financiación. Tras el acuerdo de la COP29 de Bakú (Azerbaiyán), que estableció una meta de 300.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo, la COP30 busca un nuevo marco financiero que multiplique los fondos disponibles. Sin embargo, la retirada de EE UU de los foros multilaterales y la falta de consenso sobre la distribución de los aportes amenazan con paralizar los avances.
El diplomático brasileño Corrêa do Lago considera que la COP30 representa una “graduación colectiva del Sur Global”, donde países como China, India o Brasil asumen un papel de liderazgo. Para muchos analistas, este cambio refleja una reconfiguración del poder climático mundial, donde las soluciones tecnológicas y de adaptación surgen cada vez más desde el hemisferio sur.
La COP30 ha sido descrita por Lula como “la cumbre de la verdad”, una cita que debe demostrar si el mundo está dispuesto a cumplir lo que promete. Brasil aspira a que Belém sea recordada como la “COP de la adaptación”, capaz de acelerar la transición energética, reforzar la protección de los ecosistemas y conectar la agenda climática con la vida cotidiana de las personas.
El reto es monumental: reactivar el compromiso global, cerrar la brecha entre ambición y acción, y restaurar la confianza en el multilateralismo como herramienta efectiva.
A 30 años de la primera Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, la humanidad enfrenta de nuevo la misma pregunta —quizá más urgente que nunca—: ¿será capaz de crecer sin destruir el planeta? @mundiario