Choque diplomático entre España e Italia por una reunión selectiva antes de la cumbre europea

Giorgia Meloni, primera ministra de Italia. / @GiorgiaMeloni.

La convocatoria de un encuentro previo impulsado por Giorgia Meloni, al margen del formato oficial del Consejo, provoca malestar en el Gobierno de Pedro Sánchez, que considera que este tipo de citas fragmentan la unidad de la UE en un momento geopolítico especialmente delicado.

La relación entre Pedro Sánchez y Giorgia Meloni atraviesa un momento de fricción inédita desde que ambos coinciden en el Consejo Europeo. La decisión de la primera ministra italiana de impulsar una reunión restringida con varios líderes comunitarios antes de la cumbre informal celebrada en el castillo de Alden Biesen (Bélgica) ha generado un serio malestar en el Ejecutivo español, que cuestiona tanto la oportunidad como el formato del encuentro.

El Gobierno trasladó a Roma, a través de los equipos preparatorios de la cumbre —los conocidos sherpas—, que no consideraba adecuado organizar citas paralelas que dejaran fuera a determinados Estados miembros. Según fuentes del Ejecutivo, la objeción no se centró en una eventual exclusión de España, sino en el principio mismo de celebrar reuniones selectivas que, a su juicio, erosionan la cohesión comunitaria y desvirtúan el método de trabajo de la Unión.

Tras ese intercambio, Italia optó por no cursar invitación a España para la reunión previa. Desde La Moncloa insisten en que su queja no fue por no figurar en la lista de asistentes, sino por entender que este tipo de formatos “divisivos” socavan los principios de igualdad entre socios y dificultan la búsqueda de consensos amplios.

Dos visiones enfrentadas sobre cómo liderar Europa

El encontronazo no es menor. Sánchez y Meloni representan posiciones ideológicas antagónicas dentro del tablero europeo, aunque hasta ahora habían mantenido una relación pragmática. Sin embargo, el contexto internacional añade tensión: mientras el presidente español ha endurecido su discurso frente a Donald Trump y su entorno —incluido Elon Musk—, la dirigente italiana mantiene una interlocución fluida con el mandatario estadounidense.

Este contraste de alineamientos estratégicos se produce en un momento en que la UE trata de redefinir su papel en un escenario global marcado por la incertidumbre, la competencia económica con Estados Unidos y China y el debate sobre la autonomía estratégica europea. Sánchez tiene previsto reforzar ese mensaje europeísta y de independencia en foros internacionales como la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Una reunión sobre competitividad con amplia participación

El encuentro previo fue promovido por Italia, Alemania y Bélgica con el objetivo de poner en marcha un grupo informal de trabajo centrado en la competitividad europea. Según fuentes italianas, la cita abordó cuestiones clave como la culminación del mercado único, la simplificación normativa, la reducción de los precios de la energía y el diseño de una política comercial “ambiciosa y pragmática”.

A la reunión asistieron, además de los tres anfitriones, una amplia mayoría de Estados miembros, entre ellos Francia, Países Bajos, Polonia, Suecia, Austria, Grecia y Hungría, así como representantes de la Comisión Europea. La fotografía resultante —con la presencia de buena parte de los líderes más influyentes del bloque— evidenció el aislamiento español en esa convocatoria concreta.

Desde Roma se minimiza la polémica. El Gobierno italiano sostiene que Sánchez tuvo ocasión de intercambiar impresiones con Meloni durante la cumbre oficial posterior y que no trasladó personalmente ninguna protesta por la reunión de coordinación. La discrepancia, por tanto, no solo es política sino también de relato.

Debate sobre el método y la unidad

La cumbre europea de Alden Biesen se celebró en formato “retiro”, concebido para el intercambio de ideas sin adopción formal de decisiones. Precisamente por ese carácter informal, el Ejecutivo español considera que añadir un foro selectivo previo introduce un elemento de segmentación innecesario.

El trasfondo del desacuerdo apunta a una cuestión estructural: cómo se articulan las alianzas dentro de la UE sin generar bloques excluyentes. Para España, la fortaleza europea radica en preservar el principio de igualdad entre Estados miembros y evitar dinámicas de “núcleos duros” que marquen agenda al margen del conjunto.

Los países participantes acordaron repetir el formato al margen del Consejo Europeo de marzo, con la intención de concretar objetivos y calendarios en materia de competitividad. Todo indica que España mantendrá su rechazo conceptual a este tipo de iniciativas, lo que podría traducirse en nuevas ausencias o en la consolidación de una brecha política entre Madrid y Roma.

En un momento de turbulencias globales y de redefinición del proyecto europeo, el choque entre Sánchez y Meloni revela algo más que una discrepancia protocolaria: pone de relieve las distintas concepciones sobre liderazgo, método y cohesión interna en la Unión Europea. @mundiario