Bolsonaro, el primer expresidente condenado en Brasil por intento de golpe de Estado

Jair Bolsonaro, expresidente de Brasil en el Senado. / Agência Senado
Una mayoría de cuatro magistrados del Supremo Tribunal Federal considera probado que el exmandatario encabezó una trama golpista para subvertir el resultado electoral y permanecer en el poder tras la victoria de Lula.

Brasil ha entrado en un terreno inexplorado de su historia política. La condena de Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado marca un antes y un después en la democracia del país. El Supremo Tribunal Federal (STF) ha determinado, por mayoría de cuatro votos a uno, que el expresidente lideró una conspiración destinada a impedir la alternancia en el poder tras perder las elecciones frente a Luiz Inácio Lula da Silva en 2022. Es la primera vez que un exmandatario brasileño es condenado por un delito de esta naturaleza desde el retorno de la democracia, hace 40 años.

El fallo del STF declara probado que Bolsonaro y altos mandos militares —entre ellos tres generales y un almirante— integraron una “organización criminal” cuyo objetivo era alterar el orden constitucional. Entre los delitos imputados se encuentran la tentativa de golpe, la abolición del Estado democrático de derecho, el liderazgo de organización criminal y daños al patrimonio público. La magistrada Cármen Lúcia, cuyo voto resultó decisivo, subrayó que el plan perseguía “socavar las instituciones democráticas” y minar la autoridad del poder judicial.

Pese a estar inhabilitado para concurrir en elecciones hasta 2030, Bolsonaro sigue ejerciendo como referente indiscutible de la derecha brasileña. Su influencia se mantiene firme, especialmente entre los sectores que cuestionan la legitimidad del sistema electoral, el Poder Judicial y ven en su condena una persecución política. La prisión domiciliaria y la prohibición de utilizar redes sociales han limitado su visibilidad, pero no su capacidad para condicionar el futuro político del país.

De cara a las elecciones de 2026, el veredicto abre un escenario complejo. Lula da Silva ya ha dejado patente su intención de presentarse para un cuarto mandato, y la derecha deberá definir un candidato sin Bolsonaro en las papeletas, pero probablemente con su respaldo. La figura del expresidente podría ser decisiva para designar al contendiente de la oposición, lo que mantendría viva la polarización política. La condena, en lugar de debilitarlo completamente, puede convertirlo en un “gran elector” dentro de su espectro ideológico.

La herida del 8 de enero y el espejo del Capitolio

El fallo del STF también refuerza la memoria de los sucesos del 8 de enero de 2023, cuando una turba de simpatizantes bolsonaristas invadió las sedes de los tres poderes en Brasilia. El tribunal considera que esos hechos no fueron “un acto espontáneo”, sino el resultado de un plan organizado desde el entorno presidencial. Más de 600 personas ya han sido condenadas por el asalto a las instituciones, en línea con la motivación declarada de la justicia brasileña de no tolerar ataques al orden democrático.

El caso no se ha desarrollado en un vacío. Desde EE UU, Donald Trump ha calificado el juicio como una “caza de brujas” y ha ejercido presión económica y política contra Brasil, incluyendo sanciones a jueces del STF. Para el Gobierno de Lula, sin embargo, la condena reafirma el compromiso con la “defensa de la democracia” y el respeto al resultado de las urnas.

La condena de Bolsonaro supone un triunfo simbólico para el Gobierno de Lula, aunque uno de los magistrados, Luiz Fux, emitió un voto discrepante que pidió la absolución del líder ultraderechista del Partido Liberal (PL) por considerar que existía una “falta de pruebas” que vincularan sin lugar a dudas al exmandatario con los cinco delitos que le imputó el instructor de la causa, Alexandre de Moraes, bestia negra del bolsonarismo.

Sin embargo, el fallo no cierra las divisiones. La polarización social persiste y el expresidente, aun condenado, mantiene un núcleo duro de apoyo. El futuro político inmediato se jugará en un equilibrio entre el avance de la justicia, la estrategia del Gobierno de Lula y la reorganización de una derecha que tendrá que redefinirse sin su líder más carismático en las urnas.

Brasil se asoma a las presidenciales de 2026 con un escenario inédito: un expresidente condenado por intentar subvertir la democracia, un oficialismo decidido a prolongar su mandato (por cuarta vez) y una oposición huérfana de candidato, pero aún bajo la influencia del bolsonarismo. El STF ha dictado una sentencia histórica, pero la batalla por el rumbo político del país apenas comienza. @mundiario