El bloqueo de Ormuz pierde peso para Trump pese a su impacto en el petróleo

Donald Trump, presidente de EE UU y J.D. Vance, vicepresidente en el Despacho Oval. / Casa Blanca
El presidente de Estados Unidos rebaja la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, pese a haberlo señalado como clave para el fin del conflicto con Irán. Washington abre la puerta a cerrar la ofensiva sin garantizar el tránsito del petróleo, trasladando la presión a sus aliados.

La estrategia de Estados Unidos en el conflicto con Irán ha dado un giro significativo. El presidente Donald Trump ha comenzado a distanciarse de uno de los objetivos que él mismo había fijado como prioritario: la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía clave por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial y cuyo cierre ha tensionado los mercados energéticos internacionales.

En una serie de mensajes públicos, Trump ha dejado claro que Washington no asumirá en solitario la responsabilidad de garantizar el tránsito marítimo en la zona. En un tono inusualmente directo, ha instado a los países dependientes de ese flujo energético a actuar por su cuenta, sugiriendo incluso que sean ellos quienes aseguren el acceso al crudo. Este cambio de discurso refleja una reorientación estratégica que busca reducir la implicación directa de Estados Unidos en la fase final del conflicto.

Hasta ahora, la Administración estadounidense había defendido varios objetivos: debilitar la capacidad militar iraní, frenar su programa nuclear y demostrar su poder en la región. Según el propio Trump y su entorno, buena parte de estas metas ya se habrían alcanzado tras los bombardeos que han afectado a infraestructuras clave y a la cúpula del régimen, incluido el líder supremo, Ali Jameneí. Incluso se da por hecho un cambio de equilibrio interno en Irán, aunque las estructuras de poder permanezcan en gran medida intactas.

En este nuevo contexto, la reapertura del estrecho de Ormuz pierde peso dentro de las prioridades de Washington. Fuentes cercanas a la Casa Blanca apuntan a que forzar militarmente su desbloqueo implicaría prolongar el conflicto más allá del calendario previsto por el propio Trump, que había fijado un horizonte de entre cuatro y seis semanas. Evitar esa escalada permitiría al mandatario declarar cumplidos sus objetivos y dar por concluida la ofensiva.

El repliegue estratégico también responde a tensiones con aliados tradicionales. Países europeos como Reino Unido, Francia o España han mostrado reticencias a implicarse directamente en la operación, ya sea negando el uso de bases militares o evitando participar en coaliciones de protección marítima. Esta falta de respaldo ha generado malestar en Washington y ha reforzado la idea de que otros actores deben asumir un mayor protagonismo.

Estrecho de Ormuz. / RR SS

Desde el Pentágono, el secretario de Defensa ha respaldado esta línea argumental, subrayando que Estados Unidos ya ha realizado el esfuerzo principal para debilitar a Irán y que corresponde ahora a la comunidad internacional garantizar la seguridad en una ruta comercial de importancia global. Al mismo tiempo, ha advertido que, si no se alcanza un acuerdo diplomático con Teherán, la posibilidad de una escalada militar sigue sobre la mesa.

Mientras tanto, el despliegue militar estadounidense en la región continúa reforzándose, con la llegada de miles de soldados adicionales en los últimos días. Este movimiento mantiene abierta la opción de nuevas operaciones, aunque la prioridad inmediata parece centrarse en consolidar los resultados obtenidos y explorar una salida negociada.

El cambio de postura de Trump introduce un elemento de incertidumbre en el equilibrio energético mundial. Con el estrecho de Ormuz aún bloqueado y sin una estrategia clara para su reapertura, los mercados permanecen en tensión y los países más dependientes del crudo que transita por esa vía se enfrentan a un escenario cada vez más complejo.

Estados Unidos parece inclinarse por una salida rápida del conflicto, incluso si ello implica dejar sin resolver uno de los puntos más críticos para la estabilidad global. Una decisión que podría tener consecuencias duraderas tanto en el tablero geopolítico como en la economía internacional. @mundiario