Bayrou presenta un Gobierno continuista para una Francia sumergida en el bloqueo político

François Bayrou, primer ministro de Francia en el comité interministerial sobre Mayotte. / RR.SS
El nuevo primer ministro anuncia el Ejecutivo, en el que figuran dirigentes relevantes de la política francesa, pesos pesados de la derecha y el macronismo, así como el exjefe de Gobierno Manuel Valls.

Francia tiene nuevo Ejecutivo. El primer ministro François Bayrou, líder del partido centroderechista Movimiento Democrático (MoDem), cumplió su promesa de formar un gabinete antes de Navidad. Tras más de una semana desde su nombramiento, el Elíseo anunció este lunes la composición del nuevo Gobierno, marcado por su carácter continuista y conservador. A pesar de su reciente formación, su futuro parece incierto, ya que el país enfrenta un bloqueo político agravado por los desacuerdos sobre los Presupuestos de 2025.

Entre las figuras más destacadas del nuevo Ejecutivo se encuentra el ex primer ministro Manuel Valls, quien asumirá la cartera de Ultramar. Este ministerio ha ganado relevancia debido a las recientes crisis en territorios franceses periféricos, como el ciclón que devastó la isla de Mayotte, los disturbios en Nueva Caledonia y las protestas en Martinica por el aumento del coste de vida. La elección de Valls subraya la intención del Gobierno de prestar mayor atención a estas regiones ultraperiféricas. En el ámbito económico, el presidente Emmanuel Macron sorprendió al nombrar al banquero Éric Lombard como ministro de Economía, confiando en su experiencia para enfrentar la grave crisis fiscal del país.

El gabinete mantiene a Bruno Retailleau, miembro del partido de derecha Los Republicanos (LR), al frente del Ministerio de Interior. Representante del ala más dura de la derecha tradicional francesa, Retailleau también ocupó esta cartera bajo el anterior primer ministro, Michel Barnier. Su continuidad parece un intento de apaciguar al ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen, aunque las tensiones con este partido han persistido.

A pesar de algunos gestos hacia figuras de la izquierda, como François Rebsamen, nuevo ministro de Descentralización, y el propio Manuel Valls, la oposición se mantiene reticente. Olivier Faure, líder del Partido Socialista, expresó su descontento con las propuestas iniciales de Bayrou, calificándolas de “pobres” y asegurando que su partido no descarta una moción de censura.

Una crisis política persistente

Francia atraviesa una profunda crisis política desde junio, cuando el presidente Macron disolvió la Asamblea Nacional tras los malos resultados de su partido en las elecciones europeas. Las legislativas dejaron una Cámara Baja fragmentada en tres bloques sin mayoría clara: izquierda, centroderecha y extrema derecha. Esta división llevó al colapso del Gobierno de Barnier tras apenas tres meses de gestión, siendo el más breve de la V República.

En este contexto, Bayrou ha intentado mostrarse como una figura conciliadora, manteniendo reuniones con líderes de las derechas e izquierdas moderadas, aunque excluyendo a las fuerzas más radicales, como La Francia Insumisa (LFI) y el RN. Sin embargo, su capacidad para formar un Ejecutivo estable sigue siendo cuestionada.

Uno de los mayores desafíos para el nuevo Gobierno es enderezar las cuentas públicas. La deuda de Francia alcanzó los 3,3 miles de millones de euros en el tercer trimestre de 2024, el 113,7 % del PIB, y el déficit público se espera que supere el 6 % este año. Lombard, nombrado como ministro de Economía, deberá implementar medidas impopulares, como recortes de gasto y posibles aumentos de impuestos, para lograr el ajuste fiscal de 60.000 millones de euros que calculó el gabinete de Barnier y que no pudo lograr por la conjunción de la izquierda y la extrema derecha para tumbar su Gobierno.

La incertidumbre económica ha generado desconfianza en los mercados, lo que se refleja en la reciente rebaja de la calificación crediticia de Francia por parte de Moody’s. A pesar de estos desafíos, Bayrou ha asegurado que presentará un nuevo Presupuesto a mediados de febrero.

Un Gobierno bajo presión

Los primeros días de Bayrou al frente del Gobierno han estado marcados por polémicas. Una de las principales críticas surgió tras su manejo de la crisis en Mayotte, fuertemente afectada por el ciclón Chido. Mientras se celebraba una reunión de emergencia, Bayrou optó por presidir el pleno municipal de Pau, ciudad de la que es alcalde, participando en el comité de crisis por videoconferencia. Su decisión generó críticas generalizadas, incluidas las de miembros de su propio partido.

El día siguiente, en la sesión de control al Gobierno en la Asamblea Nacional, Bayrou se excusó diciendo que “no es de rigor que el primer ministro y el presidente de la República abandonen el territorio nacional al mismo tiempo”. Ello desató una ola de críticas de todo el espectro político, desde la izquierda radical hasta la extrema derecha, que recordaron al primer ministro que el archipiélago ubicado en las costas de África es, junto a otros departamentos y colectividades de ultramar, territorio francés.

La popularidad del primer ministro también es limitada. Según una encuesta del instituto Ifop publicada el domingo, solo un 34 % de los franceses aprueba su gestión. La situación plantea dudas sobre la capacidad de Bayrou para mantener la estabilidad política y avanzar en las reformas necesarias en un país profundamente dividido.

A pesar de incorporar figuras destacadas como la ex primera ministra Élisabeth Borne, quien liderará el Ministerio de Educación, y Jean-Noël Barrot, que se mantiene como ministro de Exteriores, el Ejecutivo de Bayrou enfrenta serios obstáculos. La ausencia de Xavier Bertrand, un peso pesado de la política francesa, también refuerza la percepción de que el RN sigue condicionando las decisiones del Gobierno.

Con la Navidad como telón de fondo, Francia se pregunta cuánto tiempo podrá mantenerse este nuevo gabinete. Mientras tanto, las fuerzas políticas ya comienzan a trazar sus estrategias, dejando abierta la posibilidad de nuevas mociones de censura en el horizonte. @mundiario