Austria busca tranquilizar a la UE ante la posible llegada de la ultraderecha al poder
El canciller interino de Austria, Alexander Schallenberg, reconoció ante los líderes de la Unión Europea que su país atraviesa “tiempos difíciles”, aunque aseguró que trabajará para proteger los valores europeos en caso de que Herbert Kickl, líder de extrema derecha, logre formar gobierno. Esta sería la primera vez desde la II Guerra Mundial que Austria tendría un jefe de gobierno de extrema derecha, lo que ha encendido las alarmas tanto en Viena como en Bruselas.
En su primera semana laborable como canciller interino, Schallenberg se desplazó a Bruselas para mantener reuniones clave con el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. Su objetivo principal fue calmar las inquietudes en torno a la posibilidad de un gobierno liderado por el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), conocido por su postura prorrusa y euroescéptica.
Un funcionario de la UE, al tanto de las conversaciones, explicó que Schallenberg intentó “reasegurar que se respetarán las líneas rojas de la UE en el acuerdo de coalición, especialmente en lo relacionado con el apoyo a Ucrania”. Esta declaración adquiere relevancia debido a las posiciones prorrusas del FPÖ, liderado por Kickl, quien está intentando formar gobierno tras el colapso de las negociaciones entre los partidos tradicionales de Austria.
Schallenberg, miembro del Partido Popular Austriaco (ÖVP) de centroderecha y hasta hace poco ministro de Asuntos Exteriores, asumió el cargo de canciller interino tras la renuncia de Karl Nehammer a principios de mes. En una rueda de prensa en Bruselas, aseguró que Austria seguirá siendo un “socio fuerte y confiable dentro de la Unión Europea” y subrayó que los principios democráticos, como el estado de derecho, la separación de poderes y los derechos fundamentales, “no son negociables" en las negociaciones de coalición.
La creciente influencia de la extrema derecha
El FPÖ, que obtuvo la mayor cantidad de escaños en las elecciones de septiembre, tiene una historia polémica debido a sus raíces en la ideología nazi y su actual postura euroescéptica. Aunque previamente ha sido socio menor en gobiernos de coalición, esta es la primera vez que el partido tiene una posibilidad real de obtener la cancillería. Inicialmente, los partidos principales, incluidos los liberales y los socialistas, se negaron a negociar con el FPÖ, pero las conversaciones fracasaron, dejando a Kickl como la única opción para intentar formar gobierno, bajo el mandato del presidente Alexander Van der Bellen.
La posible llegada de otro líder de extrema derecha al Consejo Europeo, el máximo órgano de decisión de la UE, ha generado preocupación en Bruselas. El ascenso del FPÖ se suma a la creciente influencia de fuerzas populistas en Europa, como se ha visto en países como Hungría, Eslovaquia y los Países Bajos. La perspectiva de un Gobierno austriaco alineado con estas corrientes plantea desafíos para la cohesión y los valores fundamentales de la Unión.
Tras las conversaciones en Bruselas, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, expresó su confianza en que Austria seguirá siendo un miembro comprometido con los valores de la UE. Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, destacó la importancia de reforzar el papel de la Unión para responder a las preocupaciones de los ciudadanos.
Aunque Schallenberg intentó proyectar estabilidad y compromiso con los valores europeos, el panorama político en Austria sigue siendo incierto. La posible entrada de Kickl al Gobierno podría marcar un giro en la política exterior e interior del país, poniendo a prueba la capacidad de la Unión Europea para gestionar el auge de movimientos populistas y euroescépticos dentro de sus fronteras. La situación en Austria será un tema clave a seguir en los próximos meses, tanto para Viena como para Bruselas.