Un “asesinato cínico”: los principales aliados de Irán condenan la muerte de Alí Jamenei
La muerte de Alí Jamenei en uno de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel ha desencadenado una reacción internacional profundamente dividida. Mientras varios gobiernos occidentales celebraron la operación contra el régimen que ha reinado de forma ininterrumpida desde hace 47 años, Moscú, Pekín y Pyongyang calificaron la operación como un acto de agresión y una transgresión grave de la soberanía iraní.
El fallecimiento, confirmado oficialmente por Teherán tras horas de incertidumbre, marca un punto de inflexión en la crisis regional. Jamenei, en el poder desde 1989, fue el eje del sistema político iraní y el principal arquitecto de su política exterior confrontativa frente a Washington y Tel Aviv.
El presidente ruso, Vladimir Putin, calificó la muerte de Jamenei de “asesinato cometido en cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional”. En un mensaje dirigido a Teherán, destacó el papel del ayatolá en la consolidación de la asociación estratégica entre Rusia e Irán.
El Ministerio de Exteriores ruso fue más allá y definió la operación como un “acto de agresión armada planificado contra un Estado soberano miembro de la ONU”. Moscú sostiene que la ofensiva busca un cambio de régimen bajo el pretexto del programa nuclear iraní.
Para el Kremlin, la desaparición de Jamenei no es solo un golpe a un aliado, sino un precedente que cuestiona la inviolabilidad de líderes estatales en contextos de conflicto abierto.
China: defensa de la soberanía y crítica a la “ley de la selva”
China condenó “enérgicamente” la muerte del líder iraní y la describió como una violación grave de la soberanía y de los principios de la Carta de Naciones Unidas. En conversación con Moscú, el ministro de Exteriores Wang Yi calificó la operación como “inaceptable” y alertó del riesgo de que Oriente Próximo caiga en un “abismo peligroso”.
Pekín ha mantenido una relación estratégica con Teherán, especialmente en el ámbito energético. Irán ha sido un proveedor clave de crudo para China, que ha reforzado sus reservas en los últimos meses ante la inestabilidad regional.
La reacción china refleja una línea constante: oposición a intervenciones que impliquen cambios de régimen promovidos desde el exterior y defensa formal del principio de no injerencia.
Corea del Norte calificó el ataque como un “acto ilegal de agresión” y denunció la conducta “gangsteril” de Estados Unidos e Israel. Pyongyang ha mantenido históricamente vínculos políticos y militares con Teherán, compartiendo una narrativa común de resistencia frente a Washington.
Aunque su influencia directa en Oriente Próximo es limitada, la postura norcoreana se alinea con el bloque que interpreta la operación como una ampliación del intervencionismo occidental.
Impacto estratégico: un eje que se reconfigura
El grupo islamista Hamás lamentó la muerte de Jamenei y lo definió como el “principal apoyo del eje de la resistencia”. Su brazo armado subrayó que el respaldo político y militar iraní fue decisivo en la evolución de sus capacidades.
También Hezbolá y la Yihad Islámica Palestina condenaron el ataque y lo calificaron de crimen de guerra. Para estos actores, Jamenei fue el garante del financiamiento, entrenamiento y apoyo estratégico frente a Israel. La reacción conjunta evidencia hasta qué punto la influencia iraní en la región se articulaba en torno a la figura del líder supremo.
Jamenei consolidó un sistema en el que su palabra tenía fuerza de ley. Como líder supremo, controlaba las fuerzas armadas, designaba a los jefes del poder judicial y de seguridad, y mantenía influencia decisiva sobre la Guardia Revolucionaria.
En política exterior, su mandato estuvo marcado por una retórica constante contra Estados Unidos —al que calificaba de “Gran Satán”— y por el impulso a una red de aliados armados en Líbano, Siria, Irak y Gaza.
Internamente, su liderazgo se caracterizó por una gestión firme de las protestas, especialmente tras las movilizaciones de 2009 y las de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. Las organizaciones internacionales denunciaron reiteradamente violaciones de derechos humanos, acusaciones que Teherán rechazó.
La condena coordinada de Rusia, China, Corea del Norte y grupos aliados de Irán revela una fractura geopolítica profunda. Más allá del debate sobre la legalidad del ataque, el episodio puede reforzar la cooperación entre estos actores frente a Estados Unidos e Israel.
Irán no solo era un aliado regional de Moscú y Pekín; también formaba parte de un entramado más amplio de contrapeso a la influencia occidental. La desaparición de Jamenei abre interrogantes sobre la continuidad de esa estrategia, pero también sobre el riesgo de una escalada mayor. @mundiario