Armenia reconoce que es “imposible esconder” las tensiones con Rusia
En un contexto de nuevas tensiones geopolíticas en el Cáucaso Sur, Armenia ha intensificado sus relaciones con Occidente, especialmente con la Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en medio de su cada vez mayor distanciamiento de Rusia. Estos movimientos llegan después de la toma de control de la región de Nagorno Karabaj por parte de Azerbaiyán en septiembre pasado, un hecho que desencadenó una grave crisis humanitaria, una emigración forzada que significó en una limpieza étnica en el enclave y tensó las relaciones entre Ereván y Moscú.
Desde la brutal ofensiva azerí que llevó al éxodo masivo de la población armenia hacia Ereván, el Gobierno armenio ha cuestionado la efectividad de las tropas de paz rusas desplegadas en la región, pues Moscú ha sido el tradicional garante de protección para Armenia, como una de las repúblicas exsoviéticas más afines al Kremlin. El canciller de Armenia, Ararat Mirzoyan, admitió esta semana que las relaciones con Rusia enfrentan desafíos evidentes, con dificultades “imposibles de esconder” y señalando que las acciones de Azerbaiyán podrían estar respaldadas por intereses rusos en la región.
Las tensiones se han agravado desde la firma del acuerdo de alto el fuego en noviembre de 2020, donde Azerbaiyán incumplió sus compromisos y continuó con acciones hostiles, pese a la presencia de las fuerzas rusas. Esto ha llevado a Armenia a buscar nuevas alianzas y mecanismos de seguridad, como se evidencia en su acercamiento a la UE y la OTAN.
La visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, a Ereván la semana pasada marcó un hito en este proceso de acercamiento occidental de Armenia. Sin embargo, el Gobierno armenio ha dejado claro que no busca unirse a la OTAN, sino fortalecer la cooperación en misiones de paz y seguridad a través de misiones conjuntas.
Armenia sigue chocando con Azerbaiyán
En el ámbito regional, Armenia busca resolver las tensiones con Azerbaiyán con negociaciones diplomáticas, pero enfrenta obstáculos significativos debido a las diferencias fundamentales en temas como el reconocimiento de fronteras y el restablecimiento de comunicaciones. Bakú exige condiciones inaceptables para Armenia, como la presencia militar rusa en territorio armenio y la ausencia de controles aduaneros en las rutas de transporte para permitir un corredor que conecte todos los territorios azerbaiyanos a través de la propia Armenia.
Por su parte, Ereván ha congelado su participación en la Organización del Tratado de Seguridad Colectica (OTSC), una suerte de OTAN paralela liderada por Rusia, hasta que el bloque aclare su posición con respecto a los acontecimientos en el Cáucaso Sur. El Gobierno armenio critica la falta de respuesta de la OTSC ante la agresión azerbaiyana, de la que Bakú no es miembro, y subraya la necesidad de una intervención diplomática más enérgica por parte de la organización.
En medio de estas tensiones regionales, Armenia busca mantener un equilibrio entre sus relaciones con Rusia, Occidente y sus vecinos, priorizando la seguridad y la integridad territorial del país. La situación continúa evolucionando, y el futuro de las relaciones internacionales en el Cáucaso Sur sigue siendo un enigma. @mundiario