Alemania refuerza su defensa ante los drones rusos y busca la cooperación de Israel y Ucrania

Friedrich Merz, canciller de Alemania. / @CDU
En respuesta a los avistamientos, el Gobierno de Merz ha puesto en marcha una estrategia integral que incluye la creación de una unidad antidrones y la posibilidad de autorizar a la policía federal a derribar aparatos sospechosos.

La multiplicación de incidentes con drones en Europa ha obligado a Berlín a replantearse su estructura de seguridad interna. En las últimas semanas, aparatos no identificados han sobrevolado instalaciones militares, infraestructuras críticas e incluso el aeropuerto de Múnich, lo que derivó en la suspensión temporal de vuelos. Para el Ejecutivo alemán, estos sucesos no son aislados, sino parte de una estrategia de “intimidación y espionaje” que, según el canciller Friedrich Merz, tiene origen en Moscú.

“Sospechamos que (Vladímir) Putin está detrás de la mayoría de los vuelos de drones”, declaró Merz en una entrevista televisiva. Su afirmación resume el creciente temor de que Alemania esté enfrentando una nueva forma de presión híbrida, en la que la tecnología no tripulada se convierte en instrumento de injerencia extranjera y prueba de vulnerabilidades estratégicas. “No estamos en guerra —añadió—, pero ya no estamos en paz, tampoco”.

El Gobierno alemán ha decidido que tiene actuar con contundencia. Este miércoles, el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, presentó un borrador legislativo que otorga nuevas facultades a la policía federal (Bundespolizei) para “interceptar y neutralizar drones con medios técnicos o físicos”. Entre las medidas contempladas se incluyen el uso de interferencias electromagnéticas, pulsos de energía o sistemas de bloqueo GPS, además del eventual derribo de aeronaves sospechosas. El texto legal, que forma parte de una doble iniciativa junto a una futura ley de seguridad aérea, busca adaptar la respuesta alemana a un entorno tecnológico en rápida evolución.

Dobrindt subrayó que Alemania debe aprender de aliados más experimentados en guerra electrónica, como Israel y Ucrania, países que enfrentan de forma cotidiana ataques con drones. Berlín ya ha iniciado intercambios técnicos con ambos gobiernos y planea la creación de un Centro de Coordinación Antidrones, que integrará a la policía federal y a los cuerpos regionales. “La innovación se mide en semanas, no en años”, advirtió el ministro, quien enfatizó la urgencia de mantener el ritmo frente a la amenaza.

La cooperación con Ucrania e Israel no es solo tecnológica, sino también política. Kiev se ha convertido en un referente en defensa aérea adaptativa, mientras que Israel ha desarrollado sistemas de neutralización de drones mediante inteligencia artificial y contramedidas láser. Ambos países, aliados de Berlín, ofrecen un aprendizaje directo sobre cómo proteger infraestructuras críticas en escenarios de alta presión bélica.

Sin embargo, la propuesta de permitir que la Bundeswehr (Ejército alemán) participe en tareas de derribo dentro del territorio nacional ha desatado un intenso debate. La Constitución alemana restringe severamente la intervención militar interna, y cualquier medida en este sentido podría reabrir heridas históricas sobre el uso de la fuerza en tiempos de paz. “La cuestión de fondo es quién dispara, bajo qué circunstancias y con qué tecnología”, reconocen fuentes del Ministerio del Interior a la prensa alemana. El equilibrio entre seguridad y legalidad es, en este contexto, un desafío tan delicado como la amenaza que se pretende contener.

Los datos recientes reflejan la magnitud del fenómeno. Según la Agencia Alemana de Seguridad Aérea (DFS), hasta septiembre se han registrado 172 incidentes relacionados con drones, frente a 129 en el mismo periodo de 2024. Alemania se suma así a países como Lituania, Francia, Reino Unido o Rumanía, que ya han legislado para permitir el derribo de aparatos no autorizados sobre su espacio aéreo.

El canciller Merz defendió la urgencia de estas reformas: “Los incidentes con drones amenazan nuestra seguridad. No lo permitiremos”. La prioridad, afirmó, es garantizar que los cuerpos de seguridad “puedan detectar e interceptar con rapidez cualquier amenaza aérea”. Las palabras del líder democristiano reflejan un cambio de tono en la política de defensa interior, más asertivo y menos dependiente del marco europeo.

El trasfondo político de esta ofensiva tecnológica también tiene una dimensión internacional. Alemania, principal respaldo europeo a Ucrania y uno de los mayores donantes de armamento, busca reforzar su papel como actor de seguridad dentro de la OTAN. Al mismo tiempo, mantiene una estrecha cooperación con Israel en investigación y defensa, pese a las recientes tensiones por el conflicto en Gaza. La búsqueda de soluciones conjuntas en materia antidrones reitera esa alianza estratégica, centrada ahora en la amenaza común de la guerra híbrida.

En un escenario donde la frontera entre la guerra y la paz se difumina, Alemania intenta adaptarse a un tipo de conflicto en el que los drones no solo espían o atacan, sino que también ponen a prueba la capacidad de reacción de un Estado moderno. El debate que se abre en Berlín no es únicamente técnico o legal, sino profundamente político: cómo proteger la soberanía nacional en una era en la que las amenazas vuelan sin piloto, pero con dirección precisa. @mundiario