Touriño está inquieto

Si el 1 de marzo los gallegos se que-dan en casa y no se movilizan, la izquierda corre el riesgo de perder el poder en G
Touriño está inquieto
Si el 1 de marzo los gallegos se que-dan en casa y no se movilizan, la izquierda corre el riesgo de perder el poder en Galicia, ya que la abstención es el mejor aliado de Alberto Núñez Feijóo para recuperar la mayoría absoluta, un objetivo no previsto en casi ninguna encuesta de las publicadas pero que planea como una negra sombra sobre los carteles que señalan a Emilio Pérez Touriño como presidente. Así están las cosas a un mes de las elecciones, mientras desde el PSOE de Madrid procuran engrasar las relaciones con sus socios del BNG, conscientes de que los recelos –por otra parte inexplicables– de Touriño con Quintana no conducen a ninguna parte.

Los otros grandes objetivos socialistas son incentivar la participación, criterio que comparte el BNG, y arañar cuantos votos puedan en la emigración, ante el temor a que la crisis desencadene mermas inesperadas en su caladero electoral en Galicia. Para ello quieren poner en valor la idea del cambio y buscan fundamentos para proyectarse como artífices de una Galicia más moderna y transparente que la de Fraga.

El jefe del aparato del PSOE en España, el gallego Pepe Blanco, empieza a dejarse ver por Galicia, pero en realidad ya lleva muchos días trabajando en clave gallega desde la sede de Ferraz y al otro lado del Atlántico. Su agilidad manejando el móvil le permite multiplicar sus gestiones, algunas más positivas para Touriño de lo que el propio candidato socialista se imagina. Pero no sólo Blanco le echa una mano. El temor a un descalabro de Touriño no compensado por el esperado ascenso del BNG arrastra a los socialistas a cerrar filas, aunque la procesión vaya por dentro.

A menudo, en el equipo de Touriño nadie se atreve a decirle la verdad, a riesgo de recoger broncas que a más de un veterano de San Caetano le han recordado las que echaba Fraga. Aquellos que resisten a su lado –algunos se fueron y otros amenazaron con marcharse no hace mucho– saben lo que significa recibir desplantes, por lo que se resignan a cumplir instrucciones de un candidato inquieto que a veces quiere aparentar lo que no es y que otras se pliega ante quien no aprecia ni su valía ni sus ideas, sino su poder y su capacidad de repartir prebendas.

Quienes alucinan viendo cómo Touriño se cela de Quintana en infinidad de ocasiones, todavía lo hacen más cuando ven cómo reacciona de malos modos ante quienes le apoyan, no ya como Emilio Pérez Touriño o como presidente de la Xunta, sino como candidato del PSOE. En ese sentido, la exitosa maquinaria socialista de José Blanco y de la emergente Mar Barcón no lo tiene fácil.

Sorprendentemente, Touriño está renunciando a ser Emilio, una persona amigable a quien el poder le ha distanciado de su propia realidad. Algún día, quizá cuando ya hayan pasado las elecciones y los votos del BNG le conviertan otra vez en presidente, volverá a relajarse y a demostrar que un mandatario de un país lo es de todos y no cumple instrucciones de nadie.

Touriño está inquieto