Toca cambio de mensaje

Cataluña y, en general, toda España se asoman al nuevo año con una cierta sensación de cansa
Toca cambio de mensaje
Cataluña y, en general, toda España se asoman al nuevo año con una cierta sensación de cansancio por el largo debate estatutario, mientras se generaliza el deseo de que otros temas, más sociales, más reales, asuman el protagonismo de la vida política del país. Quien ignore esta situación seguro que perderá, por lo que se impone el final del culebrón del Estatut, a riesgo de que el pobre no muera a manos del PP, como sería el deseo de Mariano Rajoy, sino del hartazgo.

¿Una apuesta? La verdad es que predomina la confianza en un acuerdo. Las aparentes reticencias del nacionalista Artur Mas podrían responder más bien a la táctica negociadora que a una actitud realmente intransigente como la ensayada en la recta final del mismo debate en el Parlament, la cual dio lugar al texto maximalista que tantos problemas suscitó después. Y no menos táctico sería el deseo de Mas de mantener a CiU, ahora en la Oposición, sin apenas poder, en el centro de la vida política de Cataluña.

Quizá por eso mismo, el presidente Maragall utilizó su mensaje de fin de año para solicitar la unidad de los catalanes en defensa del Estatut -¿de cualquier Estatut?- y a no caer en provocaciones como las campañas que piden el boicot contra todo lo que venga de Cataluña. En una larga cambiada, Pasqual Maragall valoró como hitos del 2005 los buenos datos de la economía, con una tasa de paro en el nivel más bajo desde el 79, así como las inversiones en instalaciones sanitarias y educativas, y el reconocimiento del catalán en las instituciones europeas. Sabe que yendo por ahí tiene más futuro. Es más, seguramente Rodríguez Zapatero, no menos desgastado que Maragall, también ha tomado buena nota ante un nuevo año político en el que ya toca cambio de mensaje.

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