¿También es el BNG bilingüe?

La dirección del BNG no es bilingüe ni lo será probablemente en mucho tiempo, pero no por ello deja d

La dirección del BNG no es bilingüe ni lo será probablemente en mucho tiempo, pero no por ello deja de ser consciente de que la sociedad gallega sí es bilingüe y de que, en consecuencia, su cuerpo electoral también lo es. En realidad, esto no es nuevo. Desde el momento en que el BNG se convirtió, ya con Beiras, en un pilar básico del sistema de partidos de Galicia -de eso que los catalanes llaman la centralidad política-, los nacionalistas saben que en la calle hay un Bloque que habla en castellano; es decir, votantes que siendo o no nacionalistas apoyan al BNG y que no necesariamente se expresan en gallego. Es una situación que se observa, sobre todo, en las grandes ciudades, donde hay gente joven que apenas habla en gallego; es decir, en un medio donde el nacionalismo precisa recuperarse, tras sucesivos reveses electorales no ligados necesariamente al llamado problema del gallego pero sí a tener en cuenta, en busca de algún punto de encuentro.

Este falso problema del gallego es ya rentable electoralmente, hasta el punto de que las otras dos grandes fuerzas políticas de Galicia lo saben explotar; sobre todo el PP, donde hay personas como Xesús Palmou que sostienen que no se puede amar a Galicia sin amar al gallego pero también hay quien se va de manifestación con Galicia Bilingüe y Rosa Díez, que ya es decir. Por no recordar la posición del socialista Francisco Vázquez.

Si el gallego está de capa caída entre los más jóvenes no es solo por culpa de los políticos, obviamente, pero si es verdad que la clase política puede hacer algo más que usar el gallego como lengua de salón. Como todos sabemos, hay parlamentarios que en cuanto se bajan de la tribuna se van a la cafetería a hablar en castellano, idioma al que algunos pretenden convertir en víctima.

La prueba de que se puede hacer más es que en Cataluña el catalán va a más, incluso entre los más jóvenes. No se trata, pues, de un objetivo inalcanzable ni imposible; simplemente de estar a gusto e incluso orgullosos con el gallego.

En contra de lo que pueda parecer, ese supuesto problema del gallego no es un problema de los nacionalistas, sino de todos los gallegos. Como sostiene el profesor Xosé Ramón Barreiro, presidente de la Real Academia Galega, puede haber nación gallega sin idioma gallego, extrapolando sin ir más lejos el caso de Irlanda o intuyendo lo que puede pasar en Euskadi.

La clase política de este país se olvida a menudo de que Galicia tiene derechos y de que bajo ese amparo estatutario puede fortalecer su lengua propia. Optar solo por el castellano, como también advirtió Barreiro en el Café de Redacción de Xornal de Galicia, es un suicidio. Y no un suicidio para el BNG y el nacionalismo, sino para Galicia. El BNG, si se ve muy exigido, como diría Arsenio, terminará por tirar del castellano en algún momento del futuro.

Está claro que nos hace falta un Beckham que hable en gallego, salvo que Núñez Feijóo nos tenga reservado algún milagro.