NCG asume que será un banco

La crítica situación de Novacaixagalicia (NCG) inquieta al fin a diversos estamentos del país, que
NCG asume que será un banco

La crítica situación de Novacaixagalicia (NCG) inquieta al fin a diversos estamentos del país, que con todo sigue sin reaccionar como tal. Ni siquiera está claro quién o quiénes deben reaccionar. Dos consideraciones con respecto a ambas cosas: una, Xornal de Galicia lleva semanas anticipando los hechos, que no opiniones, sin que muchos de los que ahora cacarean se quisieran dar por aludidos, y dos, si bien cabe la colaboración de todos en este difícil proceso de salvar los muebles, es al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, a quien le corresponde la iniciativa política, y al presidente de NCG, Julio Fernández Gayoso, la estrategia financiera.

Valoremos, pues, en primer lugar, el punto de partida político. Del deterioro de la situación puede dar idea que incluso desde el diario La Voz de Galicia se admite que los resultados de su amigo Feijóo son “magros” cuando se trata de influir a favor de Galicia, por mucho que el presidente juegue a figura “nacional”, en terminología de Luis Ventoso relativa a España, entendida como campo de juego de los “bolos” que le atribuye a Feijóo los fines de semana. Por su parte, el viceportavoz socialista José Luis Méndez califica en Xornal de Galicia de “escapismo” la reacción del presidente Feijóo y el BNG propone una convocatoria de líderes que en buena lógica corresponde al presidente. Por tanto, de ser cierto lo que nos apunta el sagaz Luis Ventoso, estaríamos asumiendo que los resultados políticos de Feijóo son flacos o enjutos, con poca o ninguna grosura, y valorando las posiciones del PSdeG-PSOE y del BNG nos quedaríamos en las mismas o incluso peor. Habrá que cambiar de rumbo.

Vayamos, también, al escenario financiero que depende de Julio Gayoso. Los resultados económicos de NCG, empezando por el core capital, no se conocen oficialmente, si bien se da por descontado que no alcanzan para satisfacer las exigentes demandas del Gobierno. Se hicieron tantas provisiones milmillonarias ante eventuales agujeros que dejaron escuálidas las arcas de los recursos propios. Y ahora es esto lo que cuenta y no lo primero. Mala suerte.

NCG no da la talla en core capital –liquidez inmediata– pero sí en otros indicadores que, si le dan tiempo, reportarán algún día buenos resultados. Es lógico en esas circunstancias que tanto José Luis Pego como Javier García de Paredes, los dos primeros ejecutivos de NCG, prediquen en Madrid el evangelio de sus deberes en provisiones, a la espera de que alguien se apiade de ellos, tras valorar que hicieron ciertas cosas bien, siguiendo indicaciones del Banco de España. Pero a Paredes y a Pego no se les pueden pedir milagros, ni siquiera la estrategia final, que corresponde a otras instancias.

¿Quiere ello decir que está todo perdido y que solo nos queda dar pena? Ni mucho menos. Galicia tiene resortes políticos, si no hace dejación de funciones, y aquí hay fortunas suficientes para buscar remedios en casa. Otra cosa es que no se quiera hacer eso y nos refugiemos en criticar a Zapatero, que el hombre bien puede con un palo más en sus doloridas espaldas.

¿Si NCG no tiene viabilidad como caja, puede tenerla como banco? Sí. ¿Y cómo se hace eso? Sobre el papel es sencillo y admite varias opciones. Una de ellas es inyectar capital privado en la entidad, una vez transformada en banco o utilizando el Gallego como plataforma. La caja o caja-fundación sería así accionista de ese banco, en un porcentaje que dependería de cómo se haga la operación, y con los dividendos mantendría su obra social y cultural. Sería menos que nada.

Imaginemos que, en función de su valor neto contable y de la capitalización, por ejemplo, del Banco Pastor en Bolsa, se valora NCG en 1.500 millones de euros y que se precisan 3.000 millones más para garantizar el core capital exigido. En ese caso tendríamos 4.500, con lo cual la caja sería dueña de un tercio del banco. ¿Podría elevarse su porcentaje al 51%? Sí, dejando en la caja parte del problema inmobiliario, pero habría que encontrar socios que aceptasen poner dinero en el futuro banco sin controlar la mayoría, lo cual en estos tiempos no es fácil.

El calendario empieza a ser un problema. Otros llevan tres o cuatro meses de ventaja. Son muchos deberes los que hay que hacer y, sin prórroga, en la práctica queda un mes. En definitiva, luchar a estas alturas por una caja, aun siendo lo ideal, puede ser arriesgado, de modo que si al final Galicia tiene un banco controlado por la caja, sería un mal menor.

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