Incendios y fuegos artificiales

El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido asumir la coordinación de la prevención y extinci&oac
Incendios y fuegos artificiales
El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido asumir la coordinación de la prevención y extinción de los incendios forestales, todavía bajo el impacto de las carencias observadas en Guadalajara, donde han fallecido once personas. Busca así un mando único operativo, que será autonómico o central, y se reserva, a través de un comité interministerial, la dirección de la lucha contra los incendios de gran riesgo. En resumidas cuentas: la nueva normativa prohíbe tanto el fuego en el campo como fumar en el monte, y da más autoridad a los guardas forestales.

El sentido común indica que medidas así siempre hay que aplaudirlas, pero no por ello deja de sorprender que se actúe tan tarde, cuando España lleva años ardiendo. Las prisas hacen que aflore la ignorancia de los políticos ante este gran problema medioambiental, de sobra conocido en comunidades como Galicia.

La solución, como en tantas otras cosas, no puede ser sólo represiva. El monte arde por muchas razones, pero sobre todo se quema porque no está limpio. Si en el pasado no ardía, no era porque hubiese muchos guardas e hidroaviones, sino porque los campesinos tenían sus montes limpios y, como los explotaban, los cuidaban. El problema es más estructural de lo que parece y no se arregla sustituyendo las llamas de los montes por fuegos artificiales desde la Moncloa. Las leyes forestales vigentes siguen siendo insuficientes ante el estado actual de los bosques, cuyo abandono sólo se superará mediante nuevas políticas agrarias e incentivos.

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