Las encuestas pintan mal para ZP y Rajoy
Con porcentajes del 87%, los españoles califican negativamente la situación económica y, en definitiva, ven lejos el final de la crisis española. Lo dice una encuesta de Metroscopia para El País en la que también afloran datos negativos de valoración para el presidente Zapatero y el líder de la Oposición, Mariano Rajoy, cuyo partido está muy por encima de su figura política, hasta el punto de que es peor valorado aún que Zapatero. Con todo, el PP mantiene una ventaja de 4,2 puntos.
Es evidente que la crisis amenaza con llevarse por delante al PSOE y que el Gobierno y su política precisan un cambio de rumbo, no solo para proteger los intereses de los socialistas, sino los de España. En ese sentido, ciertos maquillajes del Ejecutivo, como el ahorro de 16 millones de euros en altos cargos, rozan el ridículo y no resuelven nada. El Gobierno sufre también una crisis de confianza, dentro y fuera del país, en este caso no siempre con fundamentos, lo que denota que algo falla en su política de comunicación.
El equipo de ZP no solo no toma decisiones de calado, sino que tampoco las sitúa en el horizonte, y cuando hace esfuerzos importantes, como en la política social, no siempre logra ponerlos en valor, quizá porque su gasto es poco productivo. A veces cae incluso derrotado a manos de una agencia tan desprestigiada como Standard & Poor’s, conocida por dar la máxima calificación a los bonos basura, y que ahora acaba de rebajar el rating de la deuda pública española, donde, por cierto, el problema no está tanto en su volumen como en la aceleración del déficit. Y aún así, la situación relativa de España sería mejor que la del Reino Unido, que tiene mejor calificación de Standard & Poor’s, cuando resulta que registra un mayor nivel de endeudamiento y también un mayor déficit. No se trata de asumir el viejo refrán “consuelo de muchos, consuelo de tontos”, pero tampoco de ignorar el contexto en que nos movemos, junto a países como Bélgica o Italia cuyo endeudamiento está a años luz del español.
En definitiva, la crisis en España es de origen económico pero ya caló en la política, sin que ninguno de los líderes actuales ofrezca hoy por hoy confianza en el futuro. Ambos tienen margen de recuperación y antes de volver a enfrentarse, si es que finalmente lo hacen ellos y no otros, asistirán a las luchas electorales de los suyos en municipales y autonómicas. Su urgencia es, por tanto, menor que la que requiere el propio país y, sobre todo, la gente que está en el paro. Pero una cosa es reconocer la gravedad de las cosas y tomar medidas, y otra muy distinta es dramatizar inútilmente. Cuando se compara, por ejemplo, a España con Grecia, cuya deuda amenaza con alcanzar el 140%, se está distorsionando el debate. Allí están hablando de severas políticas de austeridad que aquí ni se plantean ni son necesarias en la misma proporción, ya sea para subir el IVA, aumentar los impuestos especiales o recortar los salarios y las pensiones. Por mucho que se hable de los mismos conceptos, por fortuna para España no estamos hablando de lo mismo. Al menos a día de hoy.