Dios salve al lehendakari

Ya lo decía el bueno de Poch, alma mater de Derribos Arias: “Dios salve al Lehendakari: él no es un r
Ya lo decía el bueno de Poch, alma mater de Derribos Arias: “Dios salve al Lehendakari: él no es un rastafari, es sólo un txistulari…”. Luego, Siniestro Total adaptó el tema con su celebrado “Dios salve al conselleiro”. En este caso, “él no es un botafumeiro, es sólo un rianxeiro. Ah ah ah”. Ya se ve que ni Poch conocía a Ibarretxe ni Julián Hernández, a Touriño.

De haber sabido que tenían esa impresionante capacidad de gestión para hacer coincidir las fechas de sus respectivos comicios, no habrían podido asegurar tan tajantemente ni que uno no es algo rastafari ni que el otro no es un tanto botafumeiro. A veces, lo parecen.

En realidad, sin embargo, a quien debe guardar Dios no es ni al Lehendakari ni al conselleiro (presidente, en este caso), sino a Zapatero y a Rajoy, que van a vivir de avión en avión. ¡Y los controladores aéreos con gripe! Mejor deberíamos decir: Dios salve al ciudadano.