La devaluación interna de España

La crisis española, sobre todo el paro, sigue asustando. Tanto por su gravedad social como por sus consecuencias
La devaluación interna de España

La crisis española, sobre todo el paro, sigue asustando. Tanto por su gravedad social como por sus consecuencias en el conjunto de la economía. Sin empleo hay menos consumo, la morosidad se dispara, falta confianza y todo se viene un poco abajo. Ya pasó algo parecido en la crisis del 93, que elevó el paro al 24%, pero entonces se hicieron hasta tres devaluaciones, lo que permitió volver a exportar y a generar crecimiento. El problema, como suele reiterar el Nobel Paul Krugman, es que España ahora no puede devaluar, lo que conduce a otro tipo de devaluación, de manera que muchas empresas ajustan plantillas, recortan salarios, reducen costes e incluso bajan los precios.

Lo estamos viviendo. Es lo que el profesor Robert Tornabell, autor del libro El día después de la crisis, denomina un proceso de devaluación interna, que trae una cierta deflación pero permite recuperar productividad y, a la larga, competitividad. No es una buena solución, pero es la que queda a corto plazo, ya que España no puede devaluar el euro y salir de la moneda común supondría no poder financiar la deuda.

Otro frente que se complica es el de la negociación colectiva de alcance general, ya que las empresas terminarán pactando convenios propios, en función de su dimensión real y no la del sector al que pertenecen. El caso de los trabajadores de Seat, que aceptaron ajustes salariales a cambio del mantenimiento de la actividad, es un claro ejemplo, pero no el único.

Por desgracia, hay medidas impopulares que incluso la izquierda gobernante tendrá que aceptar, aunque no le gusten. Otra cosa es que sepa modularlas y que logre implicar a los poderosos en los sacrificios. Algunos quieren acabar con las pocas cosas buenas que mantienen los trabajadores y ensayan discursos demagógicos como el de The Economist, que busca la contradicción entre los empleados con derechos y aquellos que aún tienen menos, sin entrar en otro tipo de contradicciones como las que laten entre quienes causaron la crisis y quienes la sufren y la pagan.

Así, la revista inglesa critica las cesiones del Gobierno de Zapatero ante las protestas de los trabajadores con contrato indefinido que luchan contra el retraso de la jubilación a los 67 años. Claro que las principales víctimas son los jóvenes, los inmigrantes y los trabajadores temporales, pero eso no quiere decir que siempre haya que igualar por abajo, para que solo ganen los empresarios, con un Estado del bienestar más débil.

España está a tiempo de evitar la tragedia griega, que comprende subida de impuestos, bajada de salarios y congelación de pensiones, pero todos debemos saber que eso está sucediendo en un país de la UE que se dejó ir y no hizo los deberes a tiempo. La oposición, que en muchas autonomías es gobierno, no siempre actúa con responsabilidad, pero sí tiene razón cuando denuncia el retraso en la aplicación de medidas, como por ejemplo las ayudas fiscales a la rehabilitación de viviendas, que están bien pero que pudieron haberse aprobado hace dos o tres años, porque entonces ya se sabía lo que estaba pasando en el sector inmobiliario.

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