Carod, Acebes y la pasión de gavilanes

"¿Quién es ese hombre....?". La canción de "Pasión de gavilanes" es una de las melodí
Carod, Acebes y la pasión de gavilanes
"¿Quién es ese hombre....?". La canción de "Pasión de gavilanes" es una de las melodías más bajadas este año. De hecho, la industria discográfica ha logrado detener su caída económica, y no sólo por el descenso de la piratería, sino gracias, sobre todo, a las descargas de melodías para móviles. Quien sabe cuantas "pasiones de gavilanes" sonaron ayer noche, cuando un dirigente de CiU difundía el acuerdo entre esta formación y Zapatero para darle salida al Estatut catalán con un mensaje a través del móvil: "Ahora mismo, en Moncloa, ha nacido una criatura".

Una criatura que va a tener una infancia tal que a su lado David Copperfield parecerá un pijo malcriado. Y es que aunque sus papás no paran de hacerle carantoñas, hay en la familia algunos que ya están marcando el número de la inclusa. Por un lado Carod Rovira, que obligado a interpretar su papel de profundo nacionalista catalán, dice que el niño tiene aún demasiado cordón umbilical. Por otro, Acebes, que también en su papel, esta vez de profundo nacionalista español, está empeñado en que al churumbel lo metan de nuevo en el vientre materno.

En el medio de esta pasión de gavilanes hay un Estatut con aspectos que suenan bastante forzados. La solución para la definción nacional de Cataluña es un ejemplo. Un poco más y ponen el término "nación" en el marcalibros, para que esté dentro del Estatut, pero fuera.

Pero, en fin, el consenso sobre el Estatut es una buena noticia. Al menos lo es para el PSOE, que podrá salir del atolladero en que se metió por no crear un marco común para las reformas estatutarias. Ese marco que no se atrevieron a acotar lo pondrá ahora el Estatut, que pese a quien le pese, indicará los límites para los demás textos, incluido el gallego.

La Xunta ya se ha puesto manos a la obra. Touriño ya ha encargado a su grupo que inicie los contactos con el resto de fuerzas políticas para poner en marcha el proceso. Quintana, por su parte, ya tiene claras las prioridades de ese Estatuto: reconocimiento nacional (no renuncia al término nación en el articulado, pero tampoco va a poner en peligro la progresión del texto por este punto), competencias reforzadas (va a ser difícil justificar que a Galicia le den menos que a Cataluña, sobre todo cuando el PP también está por la labor), autonomía financiera (aquí también marca el límite el Estatut, aunque el modelo gallego será, sin duda, bastante diferente) y pago de la deuda histórica.

Este último es un punto sobre el que los nacionalistas ya obtuvieron un compromiso del Gobierno central, apoyado por el PSdeG, que puede tener ahora un más amplio reconocimiento. Precisamente el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijoo, hizo hincapié en la elevada sobrefinanciación que consiguió Cataluña en su negociación, como si esto fuese un problema. La cuestión no es lo que le dan a los catalanes, sino lo que le van a dar a los gallegos. Por eso es necesario el reconocimiento de esa deuda histórica que, por cierto, los populares no reclamaron hasta que se les hundió un petrolero. En el fondo, la subsanación de ese "déficit de inversiones" (nombre que le pusieron en el PSOE, tan eufemísiticos ellos) es, más o menos, el "Plan Galicia" que reclaman los populares (aunque el suyo era más humo que realidad). Seguro que a los gallegos nos da igual el nombre, siempre que tengamos la inversiones que, en justicia, nos corresponden.

Si el nuevo Estatuto contribuye a reforzar la identidad y el peso de los gallegos en España y en Europa, si mejora la eficacia del Gobierno por acercarlo más a los ciudadanos y si logra más inversiones para impulsar el desarrollo de esta comunidad, ya estamos tardando en acometer la reforma. Y luego hay quien dice que la revisión estatutaria no le importa a nadie.

Carod, Acebes y la pasión de gavilanes