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Las ONGs humanitarias que salvan vidas de arena y sal

En las zonas transfronterizas por las que discurren los corredores migratorios más importantes del mundo la intervención de organizaciones sin ánimo de lucro es fundamental para dar una respuesta humanitaria donde nadie llega.

Las ONGs humanitarias que salvan vidas de arena y sal
Inmigrante. / Roi Dimor. / Unsplash
Inmigrante. / Roi Dimor. / Unsplash

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David R. Seoane

David R. Seoane

El autor, DAVID R. SEOANE, es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en Relaciones Internacionales y Cooperación para el Desarrollo por el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI). Trabajó para la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), viviendo un año en Argentina y otro en Bolivia. Tiene también experiencia en ONGs como Oxfam Intermón y Solidarios para el Desarrollo y, anteriormente, en medios de comunicación como La Voz de Galicia y Punto Radio. Actualmente trabaja como técnico de comunicación y gestión del conocimiento en la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP); es colaborador de MUNDIARIO. @mundiario

Según ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, existen en el mundo más de 70 millones de desplazados y refugiados. Las razones para desencadenar estos flujos migratorios son muchas: conflictos armados, guerras, violencia, desastres naturales, enfermedades o hambruna. En estos contextos la ayuda humanitaria es fundamental para asegurar el acceso a servicios básicos de las poblaciones desplazadas.

Sin embargo, no solamente en el destino es necesaria la ayuda humanitaria sino también en el desplazamiento. Un viaje incierto y lleno de dificultades que muchas veces no encuentra destino y durante el que muchos pierden la vida. Las intervenciones de las ONG humanitarias en estos contextos frágiles es fundamental para salvar miles de vidas a la deriva.   

En el desierto húmedo

Así comienza la historia de muchos. En diferentes puntos de la costa libia ocurren a menudo escenas como la que describe Gerard Canals, coordinador de operaciones de la ONG ProActiva Open Arms. “Desde las playas de Libia, dicen que se ven las luces de dos plataformas petrolíferas. A unas 50 millas de la costa en el norte de Sabratha hay dos luces que se ven claramente separadas. Los traficantes les dicen a los migrantes: si vas a la izquierda, vas a Lampedusa; si vas a la derecha, vas a Malta. ¡Eso no lleva a ningún lado! En muchos casos, se creen que están en un río grande. Ellos creen que han recorrido la mayor parte, que están a punto de llegar…pero solo es el principio del engaño”.

Fuimos testigos el pasado verano de como la ONG española ProActiva Open Arms volvía a rescatar de las aguas del Mediterráneo a 160 personas. La embarcación barcelonesa tuvo que esperar en altamar 20 días sin poder desembarcar a los migrantes, mientras en tierra firme los dirigentes europeos rehuían responsabilidades. En un primer momento, las costas más cercanas, italianas y maltesas, se negaron a ofrecer un puerto seguro a las decenas de personas que esperaban hacinadas en la cubierta. Finalmente, ante la creciente presión política en el seno de la Unión Europea y la explosiva convivencia a bordo de la embarcación, el fiscal de Agrigento (Sicilia) ordenó la incautación del buque y el desembarco inmediato de sus pasajeros.

Pocas semanas después, ProActiva volvía a salvar vidas. Primero 44 y después 15 migrantes fueron rescatados y desembarcados en la costa maltesa. Como el Open Arms, hay otros barcos que tratan de detener la sangría de muertes y por hacer valer el derecho internacional humanitario. El Ocean Viking, de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) y la francesa SOS Mediterranée, y el  Alan Kurdi, de la alemana Sea Watch, son otros ejemplos.

De acuerdo con las cifras de CEAR, Comité Español de Ayuda al Refugiado, más de 1.000 personas han muerto en el Mediterráneo en lo que va de año. Más de la tercera parte de ellos tratando de llegar a las costas españolas. Sin la intervención de estas organizaciones humanitarias las cifras oficiales se dispararían y ni siquiera habría forma de medir las muertes reales. No habría nadie para denunciarlas.    

En el mar de arena

Por desgracia situaciones como las vividas en el Mediterráneo ocurren también en otras latitudes. Un ejemplo de ello es el desierto de Sonora por el que discurre la frontera entre México y Estados Unidos. Un mar árido. Uno de los más calurosos del mundo, por el que diariamente transitan familias enteras de migrantes. Solo en 2018, según el “Proyecto Migrantes Desaparecidos” (Organización Mundial de las Migraciones, OIM), fallecieron casi 400 personas en este paso fronterizo convirtiéndolo en uno de los corredores migratorios más peligrosos del mundo.

Al igual que en el océano también en el desierto intervienen organizaciones humanitarias. Un ejemplo es la ONG Humane Borders: Fronteras Compasivas. Humane Borders lleva casi 20 años manteniendo un sistema de estaciones de agua en las rutas por las que acostumbran a transitar los migrantes. Como dice uno sus lemas principales “cruzar las fronteras puede ser ilegal, pero no debe ser una sentencia de muerte”.

Gestionada casi exclusivamente por voluntarios, Humane Borders es una de las pocas ONGs que intervienen en las fronteras desde la óptica de la asistencia humanitaria y alejada del debate político. También allí, todo comienza con un engaño. Al igual que en el escena descrita por Canals, en Arizona “a los migrantes les dicen que hay un paseo de unos 45 minutos para llegar a Phoenix”, explica Dinah Bear, presidenta de Humane Borders. “La gente presupone demasiado acerca de cuánto saben los migrantes antes de emprender su viaje; muchos son analfabetos; No tienen ni idea de en qué se están metiendo”, añade.

Desde 1999, según datos de la ONG reflejados en los “Mapas de la Muerte” (Arizona OpenGis Initiative for Deceased Migrants), una herramienta estadística que han puesto en marcha para registrar la identidad de los migrantes y el lugar y la causa exacta de su muerte,  más de 3.000 personas han perdido la viva tratando de cruzar el desierto.

A pesar de estas cifras, Estados Unidos no da su brazo a torcer y, hace pocos meses, el Tribunal Supremo ha respaldado la aplicación de una nueva normativa que restringe las condiciones de solicitud de asilo, hasta hacerlas casi imposibles.

Ayuda sin condiciones

Los ejemplos de ProActiva Open Arms y de Humane Borders, organizaciones que intervienen donde nadie llega, parten de una concepción de la ayuda sin condiciones. Sin preguntas, sin rostro.

La intervención de  ONGs, como las mencionadas, no soluciona el drama de la migración irregular, pero escenifica una respuesta humanitaria en contextos inhóspitos en los que la diferencia entre vivir o morir es demasiado fina. Gracias a su labor, en ocasiones obstaculizada por autoridades nacionales y supranacionales, no todos los invisibles pierden su identidad. Algunos, en la nada, encuentran una segunda oportunidad. @mundiario