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MUNDIARIO

Reescribiendo la historia: Falopio

La pandemia, el confinamiento, y el tiempo libre que le sobra le han permitido a nuestro Obdulio dedicarse a darle vueltas insospechadas a la historia de la humanidad. He aquí un ejemplo. / Texto de Humor de DosBufones.com

Reescribiendo la historia: Falopio
Trompas de Falopio
Trompas de Falopio

Mario Barros

Escritor humorístico.

Gabriel Falopio fue un insigne anatomista y médico italiano del siglo XVI, que, entre otras cosas, se dedicó a estudiar los órganos reproductores de ambos sexos. Además, describió las tubas uterinas, que a partir de entonces empezaron a conocerse como las Trompas de Falopio. Por si fuera poco, el hombre diseñó un prototipo de condón para evitar las enfermedades de trasmisión sexual que dicen que resultó muy efectivo. Sus amigos lo llamaban “el Falo”, por razones más que obvias.

Lo que mucha gente no sabe es que Falopio provenía de una familia noble, pero muy pobre, por lo que tuvo que hacer esfuerzos extraordinarios para estudiar medicina. Por suerte para la ciencia y la humanidad, su vocación era tan fuerte que pudo sobreponerse a las dificultades financieras y hacerse médico. Y no un galeno cualquiera, que conste, sino uno de los más reconocidos de la historia.

Y aquí es donde se me ocurre que la vida de Falopio pudo haber tomado un rumbo insospechado. ¿Se imaginan que el hombre no hubiera podido estudiar medicina y hubiese tenido que dedicarse a una actividad diferente?

Supongamos que las circunstancias hubieran obligado al Falo a hacerse carpintero en lugar de médico. Es muy probable entonces que haya tenido un taller en una concurrida calle de Módena, su ciudad natal. Es muy posible también que nuestro hombre se concentrara en producir juguetes de madera para niños. Y, entre ellos, se habría dedicado a diseñar trompos de diversos tamaños y colores. Sus trompos habrían hecho las delicias de los niños de la ciudad, con el tiempo lo habrían hecho famoso y sus clientes seguramente habrían llegado desde diversos puntos de la península, incluso del extranjero, para comprarle sus codiciadas peonzas.

Por supuesto, el nombre del taller no hubiera podido ser otro que... “Los Trompos de Falopio”. Y así, amigos míos, es como se reescribe la historia. @mundiario

¡Hasta la próxima!