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MUNDIARIO

Obdulio actualiza los clásicos: Romeo y Julieta

A mi amigo le ha dado ahora por renovar las obras inmortales de la literatura universal y aquí nos deja su primera modificación. Ojalá les guste.

Obdulio actualiza los clásicos: Romeo y Julieta
Romeo y Julieta / netclipart.com
Romeo y Julieta / netclipart.com

Mario Barros

Escritor humorístico.

Esta es la historia de dos jóvenes amantes, heterosexuales, que desaparecieron de la ciudad italiana de Verona en enero pasado.

Se dice que los adolescentes, nombrados Romeo Montesco y Julieta Capuleto, se amaban intensamente. El único problema era que los chicos pertenecían a familias que se odiaban, también intensamente. Hay rumores de que la raíz del odio radicaba en que ambas familias se atribuían la paternidad (o maternidad) de la receta de pizza veronesa, plato típico de la ciudad. Sin embargo, el Romeo y la Julieta, concentrados en subir fotos a Instagram, ni se habían enterado de la disputa. Tan abstraídos estaban en eso que no se percataron de que el padre de la Juli le había cuadrado matrimonio con un tal Paris, dueño de la pizzería más elegante de la ciudad. Anticuado que era el viejo Capuleto.

Cuando los jóvenes amantes se enteraron del arreglo nupcial hecho a sus espaldas, se sintieron devastados y traicionados. Sobre todo, porque tendrían que despegarse del Instagram, aunque fuera temporalmente. Algo tenían que hacer, ¿no? A duras penas apagaron sus móviles y corrieron a ver a un tal Fray Lorenzo para que los casara. El fraile así lo hizo y parecía que con eso se resolvía el viejo entuerto entre Montescos y Capuletos.

Pero la cosa no terminó ahí. Poco después de la boda, Romeo discutió por una tontería con un primo de Julieta, lo mató, dice él que sin querer, y tuvo que esconderse en otra ciudad con la ayuda de la mafia local. A pesar de eso, Julieta lo perdonó. Entonces los amantes decidieron largarse de Italia, pues ya estaban hartos de la pizza veronesa y el wifi era muy lento, además.

Cuentan que Romeo convenció a su amada de que se fueran a un sitio muy lejano, donde nadie pudiera encontrarlos jamás, ni siquiera con GPS. Con gran pesar cerraron sus cuentas de Instagram y partieron hacia el Oriente. Luego de un largo vuelo en clase económica de Alitalia, llegaron el pasado 20 de enero a una ciudad llamada Wuhan, en el centro de China.

Y allí vivieron felices durante el resto de sus vidas.

O sea, por dos semanas.