Inocentes

Donald. / Raül de la Nuez
Donald. / Raül de la Nuez

Para terminar el año, nuestro amigo Obdulio Duparol nos regala su estudio sobre una fecha que él no parece disfrutar mucho, no sé por qué. Aquí se los dejo, como regalo de post-Navidad. / Texto satírico de DosBufones.com

Por si no se han enterado, Julio César fue uno de los personajes más influyentes de la antigüedad. Cuentan que, de joven, Julito, como le decían sus allegados, navegaba un día por el Mar Egeo cuando fue raptado por una banda de piratas. Los susodichos osaron pedir 25 talentos de plata por el muchacho, pero éste, atrevido como era, les dijo que eso era un insulto, que tenían que pedir por lo menos 50. Como si fuera poco, Julito les prometió que, cuando lo rescataran, armaría una flota, saldría a buscarlos y los haría picadillo. Los piratas no le hicieron mucho caso, pensando que era una bromita de mozalbete engreído. Mas, de broma nada. Una vez liberado, Julio reunió a sus hombres, se hizo a la mar, encontró a los bribones, y lo único que no hizo fue convertirlos en picadillo. Pero sí los mandó a crucificar. Hay que reconocer que tuvo un gesto de piedad con ellos: les cortó el cuello antes de clavarlos en la cruz. Pudiera pensarse que ése fue el inicio del Día de los Inocentes, pero no fue así, aunque a los piratas del cuento los pillaran de inocentones, big time.

Hace su entrada entonces el 28 de diciembre, día en que, según cuenta la leyenda, ocurrió la matanza de los niños menores de dos años en Belén de Judea. La degollina fue ordenada por el rey Herodes I para tratar de eliminar, estilo capo mafioso, al bebé Jesús de Nazareth. Por suerte el sanguinario monarca no se salió con la suya. Dadas las circunstancias, siempre me he preguntado por qué diablos se hacen bromas en ese día, al que se ha dado en llamar de los Santos Inocentes. Pero los humanos somos así. Quizás estemos celebrando que Jesús lograra escapar y Herodes quedara para la historia como un tonto malévolo.

Santos Inocentes. / Pablo Leis

Santos Inocentes. / Pablo Leis

Todo eso nos trae a estos tiempos que vivimos. Como que sigue habiendo pillos y tontos hoy día, sería bueno replantearse la fecha del 28 de diciembre. Propongo entonces que, a partir del año que viene, el Día de los Inocentes se celebre el primer martes de noviembre, para celebrar la fecha en que cierto rubicundo presidente, de cuyo nombre no quiero acordarme, le tomó el pelo a setenta y pico millones de votantes en este país. La suerte fue que no pudo convertirse en otro malévolo monarca y, como Herodes, el rubicundo presidente no se salió con la suya. Mas el hecho de que los setenta y tantos millones de creyentes lo sigan apoyando es, sin duda, la mayor inocentada de la historia.

Pero los humanos somos así: una recua de inocentes. Y como éste es mi último texto del 2020, no quiero terminar sin desearles a todos un mejor año, lo que será fácil, porque éste de la rata fue una verdadera ratonera. El del búfalo, cuernos aparte, tiene que ser necesariamente mejor. Espero no pecar de inocente. ¡Feliz 2021! @mundiario

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