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MUNDIARIO

Estado de emergencia en Miami

 La Capital del Sol se ha visto últimamente afectada por temperaturas bajas, pero mi amigo del alma las ha sabido enfrentar con valor, entereza y determinación. / Texto de Humor de DosBufones.com

Estado de emergencia en Miami
Un amigo de Obdulio le dio un "me gusta" desde Alaska. / Balázs Benjamin
Un amigo de Obdulio le dio un "me gusta" desde Alaska. / Balázs Benjamin

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Mario Barros

Mario Barros

El autor, MARIO BARROS (Lenguaviva) es profesor universitario, comediante y escritor humorístico cubano-americano. Está en Facebook (Mario Barros Lenguaviva) y, a través de su amigo Obdulio, en Instagram (obdulioduparol). @mundiario

Me cuenta Obdulio que el pasado fin de semana le ocurrió algo para lo que no estaba preparado. Resulta que cuando mi amigo salió a pasear a su perrita Sushi el domingo por la mañana, se dio de narices contra un viento gélido que los hizo retroceder y correr a abrigarse. 

Una vez guarecidos del terrible ventarrón, Obdulio comprobó que la temperatura había descendido (¡oh, sorpresa!) a 58º Fahrenheit, unos 14º Celsius, valores infrahumanos, sin duda. “¡Increíble!”, se dijo a sí mismo. Y a continuación pensó en las pobres iguanas, esos delicados animalitos que pueblan los canales de Miami y que no resisten los bajones bruscos del mercurio. “Van a tener que salir a protestar contra este invierno extemporáneo”, se volvió a decir a sí mismo. “Pero lo más probable es que terminen hechas unos popsicles. Espero que el gobierno de la ciudad declare el estado de emergencia”, concluyó. (Y sí, se lo dijo a sí mismo, que conste.)

Cuando volvió a sacar a Sushi, media hora después, el Obdu exhibía su atuendo favorito para enfrentar la ventisca: botas impermeables, pantalones de pelo de camello, tres abrigos y dos gorros de lana. Sushi, por su parte, vestía una pelliza de piel de oso que le quedaba monísima.

No habían pasado cinco minutos de paseo canino, cuando mi amigo sintió un timbre de bicicleta a sus espaldas. Se volteó rápidamente, justo a tiempo para cederle el paso en la acera a un señor que, desafiando los elementos, iba en shorts, sin camisa y con una amplia sonrisa dibujada en el rostro. Obdulio no pudo contener el grito que brotó de su garganta:

¡Exagerado!

Y a continuación (¿a que no adivinan?) se dijo a sí mismo: “¡Malditos turistas canadienses!”. @mundiario