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MUNDIARIO

¡Con ron al virus!

Nuestro amigo Obdulio le ha cogido el gusto a escribir cuentecitos de ciencia ficción y hoy nos trae otro, de mucha actualidad. / Texto de Humor de DosBufones.com

¡Con ron al virus!
Todo estaba cerrado... / Pexels.com & O. Duparol
Todo estaba cerrado... / Pexels.com & O. Duparol

Mario Barros

Escritor humorístico.

El hombre salió de su casa y, no bien hubo avanzado unos metros, se detuvo y leyó el enorme cartel que se extendía a todo lo ancho de un edificio cercano: ¡Con ron al virus! Se rascó la cabeza durante unos instantes y se preguntó: “¿Con ron…? ¿Qué querrá decir eso?” Iba a proseguir su camino, cuando de pronto la respuesta le vino a la mente, lógica y diáfana. “¡Más claro ni el aguardiente! ¡La cura contra el virus está en el alcohol! ¡Y yo que no tengo ni una cerveza en casa...! ¡Tengo que encontrar ron, whisky, ginebra… cualquier cosa! ¡Pero, ya!”

Se dirigió con paso rápido a la tienda de licores más cercana, pero estaba cerrada. Siguió caminando hasta la siguiente, pero ésa tampoco estaba abierta. Continuó la búsqueda, mas cada tienda a la que llegó tenía el mismo letrero colgado en la puerta: Cerrado hasta nuevo aviso.

El hombre comenzó a desesperarse. Desechó las licoreras y se encaminó a los supermercados, pero en ninguno encontró una mísera botellita de vino. Se dirigió entonces a las farmacias, mas en ninguna halló alcohol de 90 grados. ¡Había desaparecido!

Su angustia se incrementaba por minutos y lo peor era que en todas partes se topaba con el mismo cartel ¡Con ron al virus!  “¡Sí, tan claro como el vodka! ¿Pero dónde rayos puedo encontrar el maldito alchohol?”

Desquiciado, el hombre subió hasta la azotea del edificio más alto de la ciudad y desde allí comenzó a gritar a voz en cuello a los transeúntes, setenta pisos más abajo: “¡Alcohol…! ¡Necesito alcohol…! ¡Aunque sea un traguito, por el amor de Dios…! Tal fue su desatino, que hubo un momento en que se inclinó demasiado sobre la baranda, perdió al equilibrio y cayó al vacío. Mientras caía, pudo leer claramente el cartel que se le aproximaba a gran velocidad desde la acera: ¡Con ron al virus!

No pudo evitar el alarido que salió de su garganta.

Un instante antes de chocar contra el pavimento el hombre se despertó. Sudoroso, jadeante, miró a su alrededor y lo primero que notó fue el rostro airado de su esposa. Trató de balbucear una explicación, pero la mujer no le dio tiempo a articular palabra:

—¡Así que ron contra el virus…! ¿No me digas…? ¡No te basta con pasarte el día entero hablando con tu amigo Pepe por WhatsApp, sin hacer nada en esta casa, y ahora ni dormir me dejas! ¿Sabes qué? ¡O te tranquilizas o te vas a pasar la cuarentena a casa de Pepe! ¿Qué te parece? ¡Y ahora te vas a dormir al sofá! ¡Dale…!

El hombre se levantó de la cama y, almohada en mano, se fue a la sala. Cuando atravesó el comedor, notó que una botella de ron, medio vacía sobre la mesa, le hacía un guiño casi imperceptible. Se quedó perplejo durante un instante, pero enseguida sacudió la cabeza con desgano y se acostó en el diván. @mundiario