¿Podemos controlar los químicos cerebrales?

Mente. / John Hain. / Pixabay
Mente. / John Hain. / Pixabay
Sabemos lo que nos hace sentir bien o lo que necesitamos cuando estamos decaídos, pero ¿por qué se producen en nosotros estas reacciones? ¿qué es lo que domina nuestro placer? ¿por qué se tienden a priorizar los sentimientos negativos?
¿Podemos controlar los químicos cerebrales?

¿Desconocemos el poder de nuestros químicos cerebrales felices? Sabemos lo que nos hace sentir bien o lo que necesitamos cuando estamos decaídos, pero ¿por qué se producen en nosotros estas reacciones? ¿qué es lo que domina nuestro placer? ¿por qué se tienden a priorizar los sentimientos negativos?

Nuestro cerebro de mamífero, como suele llamarlo la Dra. Loretta G. Breuning, ha ido evolucionando con el fin de preservar la superviviencia. Actualmente, en un mundo donde lo más peligroso que hacemos para alimentarnos y sobrevivir es acudir al supermercado o a un restaurante, estos químicos felices siguen siendo fieles a sus funciones básicas cuyo engranaje consiste en conexiones neuronales.

De cómo funciona el cerebro y cómo hay procesos químicos que controlamos sin saber; de cómo funcionan los elementos químicos que nos hacen felices (dopamina, serotonina, oxitocina y endorfinas) y de cómo incide en nuestra infelicidad el cortisol, hablará la Dra. Loretta G. Breuning en las instalaciones de Impact Hub Madrid Picasso, el próximo martes 19 de noviembre a las 18:30 h. Una conferencia gratuita enmarcada en las actividades que trae el World Happiness Fest a España.

Los llamados “cuatro químicos de la felicidad”

Comúnmente asociados a un estado de felicidad, los 4 químicos principales de nuestro cerebro nos incitan a llevar a cabo distintas actuaciones con el fin de sumirnos en un estado placentero, elevarnos socialmente, sentirnos confiados en un grupo o disminuir las sensaciones dolorosas.

Mujer comiendo. / Luisa Schetinger. / Unsplash

Mujer comiendo. / Luisa Schetinger. / Unsplash

Dopamina

Sin lugar a dudas, éste es uno de los químicos más conocidos y generalmente considerado el centro del placer. Aunque, lo que se menciona en menor medida es que todos aquellos comportamientos que nos frustran derivan de los circuitos de dopamina creados por nuestro cerebro a causa de recompensas pasadas excesivas.

Comer en exceso, gastar en exceso, analizar en exceso… todo ello, que hemos protagonizado en algún momento de nuestra vida, nos provoca un placer inmediato, pero su repetición en el tiempo comienza a ocasionar menos dopamina porque cada vez necesitamos más y muchas veces, ese “más”, no llegamos a alcanzarlo con lo que nos sobreviene la frustración. “No puedes ir a París por primera vez todos los días. Entonces, si esperas que la vida te traiga ese sentimiento de primera vez en cada momento, terminas decepcionado”, comenta la Dra. Loretta G. Breuningen en uno de sus videos explicativos del Inner Mammal Institute.

Por tanto, la buena sensación de dopamina se libera cuando se satisface una necesidad y es tan placentera esta sensación que siempre buscaremos realizar actividades que hemos aprendido que la desencadenan. Pero lo verdaderamente inteligente para nuestro bienestar es proporcionarnos pequeñas dosis de dopamina y no un chute completo de una sola vez. Uno de los ejemplos de Breuning es el hecho de tejer un suéter. A cada paso que avanzamos en nuestra tarea sentimos un pequeño placer, una dosis de dopamina que nos impulsa a seguir tejiendo al día siguiente. Una vez terminado el suéter se obtiene una gran satisfacción por el logro conseguido, es decir, no hemos obtenido nuestra recompensa de dopamina sin hacer nada sino que hemos trabajado para obtenerla y en el propio trabajo también hemos obtenido nuestra pequeña dosis de dopamina. A la larga, esta dopamina es la que nos aleja de la frustración.

Mujeres pisando fuerte. / Chris Barbalis. / Unsplash

Mujeres pisando fuerte. / Chris Barbalis. / Unsplash

Serotonina

La selección natural construyó un cerebro que se compara constantemente con el de los demás, por eso obtenemos recompensa química en forma de serotonina cuando nos encontramos en una posición más fuerte que el resto.

Este regulador natural del estado de ánimo nos hace sentir emocionalmente estables, menos ansiosos, más tranquilos y más concentrados y enérgicos. Conseguimos estas sensaciones cuando satisfacemos nuestras necesidades a través de la toma de decisiones u oportunidades. Los cambios de actividad, los viajes, los nuevos proyectos y el ocio saludable ayudan a mantener, e incluso aumentar, la producción de serotonina y es que este químico cerebral metaboliza rápidamente por lo que tendremos que hacer más para obtener más serotonina.

El tacto con un bebé. / Kelly Sikkema. / Unsplash

El tacto con un bebé. / Kelly Sikkema. / Unsplash

Oxitocina

Esta hormona se la presenta como la protagonista de nuestras relaciones sociales e incluso como “la hormona del amor”. De hecho, como mamíferos, vivimos en grupos y “necesitamos mantener estimulada nuestra oxitocina para tolerarnos entre nosotros”, indica la Dra. Loretta que explica la función de este químico poniendo de ejemplo el mundo animal: “Los mamíferos surgen con oxitocina durante el parto pero esa oxitocina se va en poco tiempo y tiene que ser estimulada con el tacto. Por eso los mamíferos lamen o abrazan a sus bebés. Sería bueno disfrutar de oxitocina todo el tiempo pero cualquier mamífero que pueda abrazarte también puede comerte por lo que el cerebro de los mamíferos toma decisiones cuidadosas sobre cuándo liberar oxitocina”.

Por tanto, así como la dopamina nos anima a tomar decisiones para sentir placer, incluso descubriendo nuevos aspectos de la vida, la oxitocina nos hace volver junto a aquellos en quien confiamos. La vida de cada uno suele estar en constante choque entre salir a la aventura o mantenernos en nuestra zona de confort.

Hombre riendo. / Damir Spanic. / Unsplash

Hombre riendo. / Damir Spanic. / Unsplash

Endorfina

La función de este químico cerebral es la de analgésico. La endorfina suele enmascarar el dolor por unos 20 minutos inhibiendo así la transmisión del mismo al cerebro. Es lo que provoca que cuando nos rompemos un hueso el dolor inicial no sea tan intenso como el que se sentirá posteriormente, una vez relajados.

Reírse, mantener relaciones sexuales satisfactorias, conseguir un objetivo tras un duro trabajo, el ejercicio físico, la relajación o dormir, son también actividades que generan endorfinas, eso sí, durante un brevísimo período de tiempo.

El quinto químico

Un quinto químico que ya no se relaciona con la felicidad es el cortisol. La Dra. Loretta G. Breuning también dedicará su atención a él durante la conferencia “Tu poder sobre tus químicos cerebrales felices” del próximo martes.

El cortisol actúa como señal natural de amenaza. Es decir, por lo general priorizamos los sentimientos negativos y esto se debe a que el cortisol se activa para hacernos sentir mal y provocar que detengamos aquello que nos produce esa sensación. Podemos decir que el cortisol promueve la supervivencia motivando la acción para prevenir el daño. ¿Es este químico, entonces, el productor de la infelicidad? Dejemos la respuesta a esta pregunta a la Dra. Loretta G. Breuning. @opinionadas


La Dra. Loretta G. Breuning es profesora emérita de administración en la Universidad Estatal de California, East Bay. Como maestra y madre, perdió la fe en las teorías predominantes de la motivación humana. A través de sus propias investigaciones, entendió el origen animal de nuestros químicos cerebrales. Al comprender que sus hallazgos generaban nuevo conocimiento, comenzó a documentarlo. El "Inner Mammal Institute" pone a disposición de miles de personas en todo el mundo, recursos didácticos gratuitos. Los libros de Loretta han sido traducidos al español, ruso, chino, árabe, francés, turco y alemán.

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