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Los peligrosos efectos de la ira

Los efectos de la ira son dañinos, tanto para la salud física como mental. ¡Conoce algunos de ellos!

Los peligrosos efectos de la ira
Mujer con ira. / Pixabay
Mujer con ira. / Pixabay

La ira es capaz de afectar nuestro organismo, en tanto que, durante un estallido, nuestro sistema simpático aumenta la actividad y se liberan hormonas asociadas con el estrés, tales como las catecolaminas.

Dichas hormonas son capaces de alterar la frecuencia cardiaca y elevar la tensión arterial, es decir, todo el sistema cardiovascular queda comprometido con cada episodio de ira. El mayor riesgo es el de sufrir infarto de miocardio.

Otro de los efectos de la ira es el incremento en la tensión muscular. El organismo en ese momento posee más energía, ya que el cerebro está secretando adrenalina, una sustancia que nos prepara para el combate. El ictus cerebral es la consecuencia que puede derivar de ello.

Estas son solo algunos de los riesgos que corremos en cada momento en el que permitimos que la ira se apodere de nosotros. Lo demás está servido en conjunto: la ansiedad, la frustración por no obtener lo deseado e incluso la depresión.

La tarea para evitar que esto ocurra es hacer un trabajo introspectivo en el que observemos qué estamos escondiendo verdaderamente detrás de la ira. En muchos casos se trata de dolor, miedo a sufrir rechazo, a ser humillados o abandonados. 

La tristeza es una de las emociones que también se esconde de manera frecuente detrás de la rabia, sobre todo cuando sentimos que no nos aman tal como nosotros deseamos.

La inseguridad a que nuestras demandas no sean concedidas o a que el otro no acceda a nuestras peticiones también suelen ser detonantes. En otros casos, la decepción es la protagonista, especialmente cuando las expectativas de lo que esperábamos de los demás se ve afectada.

Es primordial que aprendamos a comunicarnos y hacer saber de forma asertiva lo que realmente estamos sintiendo, pues, con este ejercicio no solo mejoraremos la comunicación con otras personas, sino que nos estaremos poniendo a salvo nosotros mismos.

En este sentido, la meditación puede ayudar mucho, así como aprender a hablar y evitar que cualquier malestar se vaya acumulando. Hacer visualizaciones, técnicas de imaginería, descansar, evitar tomar las cosas a modo personal, entre otras, son herramientas que nos pueden ayudar a gestionar lo que sentimos.

De igual modo, podemos aprender a tomar una distancia sana de aquellas personas que nos irritan con sus comportamientos, pues, al final, el amor propio es el que debe prevalecer y esto incluye el autocuidado, comenzando por manejar correctamente nuestras emociones. @isbeliafarias90210 en @mundiario