Sofía de Borbón, mayoría de edad entre incógnitas: ¿qué papel jugará en la nueva monarquía?
La vida adulta comienza para Sofía de Borbón en un contexto de discreción y expectativas contenidas. El 29 de abril, la hija menor de los Reyes de España celebra su 18.º cumpleaños en Gales, inmersa en los últimos exámenes de su formación escolar en el UWC Atlantic College. Sin fiesta oficial, sin jura de Constitución ni grandes gestos institucionales, su paso a la mayoría de edad contrasta con el de su hermana, la princesa Leonor, que hace apenas seis meses protagonizó una solemne ceremonia en el Congreso. Esta diferencia marca no solo el presente de ambas, sino también los caminos que, a partir de ahora, seguirán.
La infanta Sofía ocupa un lugar sensible en la estructura de la Corona: es segunda en la línea de sucesión, pero su papel no está predestinado a un protagonismo tan claro como el de su hermana. Sin embargo, en Zarzuela son conscientes de que, en la monarquía del siglo XXI, ningún miembro de la familia real puede permitirse vivir al margen de la institución. Atrás quedan los tiempos de figuras decorativas o de perfiles laborales conflictivos, como ocurrió en otras etapas recientes de la familia real. La estrategia es clara: Sofía deberá estar integrada en las actividades oficiales, aunque su vida no gire en torno a un trono que no le pertenece.
Hasta ahora, su educación ha sido prácticamente idéntica a la de Leonor, siguiendo los pasos del colegio Santa María de los Rosales a Gales. Pero, una vez que reciba su diploma el próximo mes de mayo, Sofía tendrá ante sí una bifurcación que no afectó de la misma manera a su hermana. Mientras Leonor ingresó directamente en la formación militar, cumpliendo con el requisito de preparación para la Jefatura del Estado, Sofía no tiene previsto seguir esa senda. La Casa del Rey ya ha confirmado que, de momento, no se contemplan estudios castrenses para ella.
Esta diferencia de trayectorias no debería interpretarse como una rebaja en la importancia institucional de Sofía, sino como la apertura de nuevas formas de apoyo a la Corona. A diferencia de generaciones anteriores, en las que los "segundos" eran relegados a papeles discretos o a trayectorias privadas que, en ocasiones, acabaron dañando la imagen de la institución, hoy se busca que Sofía aporte estabilidad, modernidad y cercanía. De ahí la extrema cautela en su educación y en la protección de su imagen pública.
La incógnita sobre sus próximos pasos es inevitable. La posibilidad de que curse estudios universitarios en el extranjero, tal vez en el ámbito de las relaciones internacionales o de las humanidades, está sobre la mesa. También se contempla la opción de un "gap year", siguiendo la tradición anglosajona, lo que le permitiría vivir experiencias de voluntariado y desarrollo personal antes de matricularse en una universidad. En cualquiera de los casos, su formación deberá estar orientada a fortalecer la proyección pública de la Corona, en un país donde la confianza en las instituciones fluctúa y donde cada gesto es minuciosamente escrutado.
La infanta ya ha tenido algunos contactos discretos con la vida institucional. Su participación en actos como los Premios de Fotografía de Patrimonio Nacional o su breve discurso en el décimo aniversario de la proclamación de Felipe VI indican que se está preparando para una presencia más activa. Sin embargo, se trata de pasos medidos, prudentes, diseñados para ir aumentando su protagonismo de forma gradual, sin exponerla prematuramente a los focos.
Sofía no será una figura secundaria, pero tampoco se espera que eclipse a su hermana. Su papel será el de apoyo, el de consolidar la imagen de una monarquía renovada, consciente de sus límites y de las exigencias de la ciudadanía. Como ocurre en otras casas reales europeas, donde los "números dos" han encontrado formas útiles y modernas de servir a la institución sin convertirse en problemas, Sofía deberá construir su identidad pública con inteligencia, empatía y discreción.
Con su mayoría de edad, Sofía de Borbón inicia un recorrido que exigirá tanto talento como paciencia. En un país en transformación, en una monarquía que ha aprendido a base de errores y crisis, la joven infanta tiene ante sí el reto de ser más que un simple "repuesto". Tiene la oportunidad de convertirse en un pilar silencioso pero firme de la institución, demostrando que en la nueva era de la realeza, todos los miembros cuentan. Y mucho. @mundiario