El peso real de ser princesa: en juego la salud mental de las royals

Meghan Markle, duquesa de Sussex; reina Letizia; y la princesa Diana de Gales. RR SS.
Meghan Markle, duquesa de Sussex; reina Letizia; y la princesa Diana de Gales. / RR SS.

Pueden verse perfectas en sus apariciones, pero detrás hay muchos problemas mentales que han enfrentado famosas como Diana de Gales, la emperatriz Masako o la propia Letizia.

El peso real de ser princesa: en juego la salud mental de las royals

Convertirse en royal no es un cuento de hadas, pocas han salido airosas pero lo normal es que el peso de la realeza termine por convertirse en un verdadero problema de salud mental. Quienes han llevado una enorme iniciativa para hablar sobre este problema han sido los príncipes Harry y Guillermo, que toman como ejemplo no solo a su propia madre, la princesa Diana de Gales, sino que ellos mismos revelando que han sufrido de problemas mentales a la hora de asumir ciertas funciones en su vida royal.

Claro que son afortunados por nacer en una cuna de oro, pero tiene su peso y deber. A diferencia de los Windsor hay mujeres y hombres que terminan uniéndose a las familias reales por matrimonios. Diana de Gales fue una de las primeras en hablar abiertamente sobre la bulimia que padeció, además de la depresión en la que se sumergió durante su matrimonio con el príncipe Carlos de Gales.

royals dispuestas a hablar de sus problemas

Luego de ella han existido cada vez más royals dispuesta a hablar sobre sus problemas. Kate Middleton ha comentado la presión que tiene en casa siendo madre de tres, en plena pandemia y con mucho trabajo institucional por delante, siendo muy importante para ella ser una madre modelo pero también ser útil como representante de la corona. Meghan Markle confesó que tras casarse con el duque de Sussex tuvo pensamientos suicidas y prácticamente vivió deprimida dentro de esos muros de oro.

La princesa Amalia de Holanda, heredera del trono, reveló que visita regularmente a un terapeuta para hacer frente a sus inquietudes, ella no lo dijo en voz alta, pero no solo tiene la corona sobre su cabeza, también suele enfrentar críticas por su cuerpo. La princesa Charlene de Mónaco enfrentó una larga enfermedad lejos de su familia en Sudáfrica, tras volver al principado con sus hijos, fue una gran sorpresa descubrir que estaría en Suiza recuperándose mental y físicamente.

 

Volviendo a Inglaterra, es propio decir que cuando Guillermo sea rey veremos una forma más amable a la familia real. Encabezada por Isabel II, hemos visto como la monarca pone por delante a la institución, dejando poca empatía ante su propia hermana, la princesa Margarita. En sus últimos años, la princesa se expuso mucho más al alcoholismo y el cigarrillo, sus ‘amigos’ ante una depresión que le impedía salir de la cama y su falta de apetito permanente. Hay que ser claros al señalar que los tiempos han cambiado y así como pasó con Diana, era impensable ver a tan bellas princesas visitando a un psicólogo.

Sin duda unirse a una familia real es problemático, que lo digan cualquiera de las mujeres que se han unido por matrimonio o han nacido sirviendo al trono japonés. Como ejemplo más visible tenemos a la actual emperatriz Masako, que al no poder tener un hijo varón para que heredera el trono quedó sumida en una profunda depresión. Dicho estado la mantuvo alejada de actos oficiales por mucho tiempo y es algo que persiste hasta ahora.

 

Su hija, la princesa Aiko, también se enfrentó a esto. La joven de 20 años sufrió bullying en su etapa escolar y protagonizó llamativas imágenes donde se le veía mucho más delgada y triste. Otro ejemplo cercano es la exprincesa Mako Komuro. La joven es hija del actual heredero al trono y tuvo la mala fortuna de enamorarse de un plebeyo que venía con varias polémicas debajo del brazo. Su compromiso con Kei Komuro era desaprobado por la opinión pública y su propia familia, algo que la llevo a sufrir un trastorno de estrés postraumático.

Otro ejemplo que vale mencionar es el de la abuela de Mako, la emperatriz Michiko. La esposa del anterior emperador se posicionaba como un esperado cambio para la monarquía, pero ni ella siendo una atleta, plebeya y universitaria pudo lograr algo importante en la corte imperial. Se dice que tenía un carácter fuerte y alegre, algo que cambió radicalmente tras su boda dejándola sumida en una profunda depresión que le hizo perder su voz por varios meses gracias a las continuas demandas del trono imperial, las duras críticas de su suegra o las habladurías del resto.

Y Letizia...

No dejaremos de hablar la reina Letizia. La Casa Real sigue tan hermética como siempre, pero es un secreto a voces que la entonces periodista llegó con el mundo en contra a la monarquía española, entonces dirigida por Juan Carlos I. Durante su tiempo como princesa se comentó mucho sobre las operaciones estéticas de Letizia o sobre su extrema delgadez, problemas que enfrentó por la presión que tenía al ser la princesa heredera y tener a media Casa Real en su contra gracias a Iñaki Urdangarin, quien se encargó de hacerle la vida imposible siendo amigo cercado del entonces príncipe Felipe y teniendo toda la confianza de su esposa la Infanta Cristina, su cuñada la Infanta Elena o claro está, de los Reyes. Esto ha quedado atrás y ahora vemos a una Letizia que ha reído de último, pero que hasta ahora no ha hablado abiertamente sobre su tiempo como princesa.

 

No podemos cerrar este artículo sin hablar de lo que vivieron las princesas Mette-Marit de Noruega y Victoria de Suecia. La primera se casó con el heredero al trono y debido a que era madre soltera y plebeya, recibió duras críticas de parte de los medios de comunicación que la han llevado a dirigir gran parte de sus actividades institucionales a la salud mental. Por su parte, Victoria nació siendo princesa y heredera al trono sueco, cuestión que le dificultó tener una vida tranquila y la llevó a tener un trastorno alimenticio durante gran parte de su juventud.

Lucir una tiara como las princesas de Disney no es fácil, tiene su enorme carga. @mundiario

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