El marketing emocional de Meghan Markle se licua en un tarro de albaricoque

Meghan Markle, duquesa de Sussex. / @aseverofficial.
La duquesa de Sussex ha vuelto al centro del huracán mediático con el lanzamiento de su nuevo untable de albaricoque bajo la marca As Ever, una empresa de estilo de vida respaldada por Netflix.

Cuando Meghan Markle decidió adentrarse en el competitivo y sofisticado mundo de las marcas de estilo de vida con As Ever, muchos interpretaron el movimiento como una continuación lógica de su narrativa personal: una mujer moderna, sofisticada, con gusto por lo natural, que encuentra en lo artesanal una vía para compartir su visión del mundo. Sin embargo, apenas unos meses después del lanzamiento de sus primeros productos —conservas de frutas y bolsitas de té de estética cuidada—, el relato empieza a resquebrajarse. Y no precisamente por la falta de demanda, sino por las grietas en su discurso de autenticidad.

Lo que comenzó como un aparente homenaje a las confituras caseras que Meghan elaboraba en Montecito ha terminado siendo una operación industrial a miles de kilómetros de distancia. Las mermeladas (o más bien, untables) no nacen en su bucólico huerto californiano, sino en fábricas ubicadas en Illinois, según reveló la Daily Mail. Incluso el rosado que ha sacado al mercado bajo la marca As Ever ha sido producido por una bodega externa, lo que pone en cuestión hasta qué punto la mano de Markle interviene realmente en la creación de sus productos.

Este giro no tendría mayor trascendencia si no fuese por la insistencia con la que se nos ha vendido una historia diferente. No es que externalizar la producción sea un pecado en sí —de hecho, es práctica común en el sector—, pero la contradicción entre el discurso y la realidad genera una sensación de impostura. Meghan prometía algo pequeño, cuidado, casi íntimo… y ha acabado ofreciendo algo perfectamente empaquetado y replicable, como cualquier producto diseñado desde un departamento de marketing.

Y luego está la cuestión técnica: ¿es esto siquiera mermelada? Técnicamente no. Las proporciones de azúcar y fruta que exige la legislación estadounidense para usar ese nombre no se cumplen en sus productos. Markle ha justificado esta decisión apelando a la salud y al sabor natural de la fruta, pero la realidad es que lo que comercializa es un producto distinto, con una textura más líquida, que ha generado incluso burlas entre otros fabricantes. Donna Collins, fundadora de Jelly Queens, lo decía sin tapujos: “Un untable es lo que haces cuando tu mermelada sale mal”.

Lo interesante del caso no es tanto la naturaleza del producto como lo que representa. En su afán por controlar su imagen pública y consolidarse como marca, Meghan ha caído en una paradoja que afecta a muchas figuras públicas que buscan emprender: cuanto más elaborada es la narrativa que construyen en torno a sus productos, más visibles se hacen las fisuras cuando la realidad no acompaña. En vez de asumir que As Ever es una marca comercial como cualquier otra —con sus cadenas de producción, acuerdos industriales y estrategias de posicionamiento—, se ha intentado envolverla en un halo de autenticidad que, hoy por hoy, resulta difícil de sostener.

Además, conviene no olvidar que As Ever no surge en el vacío. Está respaldada por Netflix, en el marco de una estrategia más amplia que busca exprimir el capital simbólico de los duques de Sussex a través de contenidos y productos. Y es precisamente ahí donde se hace evidente el divorcio entre lo que se predica y lo que se ejecuta. El relato de una mujer que soñaba con vender mermeladas en el mercado de Santa Bárbara se difumina entre envíos a influencers, acuerdos con grandes distribuidoras y campañas de relaciones públicas cuidadosamente orquestadas.

Por supuesto, el producto —más allá de su consistencia— puede estar bien elaborado. Algunos medios han destacado el sabor ácido y equilibrado de sus untables, y los seguidores de la duquesa celebran cada nuevo lanzamiento. Pero si algo ha dejado claro esta polémica es que, en el universo de las marcas personales, el envase narrativo importa tanto como el contenido. Y cuando la historia que se cuenta no se sostiene, ni siquiera la mejor fruta puede evitar el regusto amargo de la decepción.

Así, la incursión de Meghan Markle en el mundo gourmet no es tanto un fracaso comercial —las ventas, de momento, funcionan— como un síntoma de una tendencia más amplia: la de convertir lo “auténtico” en producto, aunque para ello haya que deformar la verdad en el proceso. ¿Es As Ever una marca aspiracional? Sin duda. ¿Es artesanal y coherente con su relato fundacional? Eso ya es otra historia. @mundiario