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MUNDIARIO

Lecciones de gallardía de un tal Richard Tiffany Gere

Tengo entendido – las malas lenguas, ya sabe – que está próximo el estreno de su nueva película, la cual, sin duda alguna, será majestuosa. Como todas y como siempre.

Lecciones de gallardía de un tal Richard Tiffany Gere
Open arms, con Richard Gere.
Open arms, con Richard Gere.

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Francisco R. Breijo-Márquez

Francisco R. Breijo-Márquez

El autor, FRANCISCO R. BREIJO-MÁRQUEZ, colabora con MUNDIARIO desde East Boston, Massachusetts (Estados Unidos). @mundiario

He de reconocer que me he quedado atónito, patidifuso, al ver en la tele como un guapo/guapo de los de siempre - según dice mucho personal, porque para un servidor, ni es para tanto ni siquiera se acerca, pero, contra gustos no hay disputas a pesar de que haya gustos que matan – se ha rellenado de audacia, osadía, galanura, intrepidez y arrestos – amén de buena dosis de temeridad y desprecio a las malaventuranzas y sus consecuencias – se ha lanzado desde su sencillo bote de no más de cuarenta y cinco metros de eslora y ventitantos de manga , con vela mayor, génova y spinaker vistosos hasta la ceguera, pero sencillos cual el amo, hasta alcanzar con su donosura a un buque , a mal llamado “open arms” (que es de patrón español y tripulación paisana...y bien podría llamarse “brazos abiertos”, como mandan los cánones del buen castellano cervantino, digo yo), con el único propósito de poner a disposición del patrón del susodicho buque – así como a todos los refugiados que alberga (más de ciento y pico, la mayoría negros subsaharianos que huyen de sus respectivos países donde nada tienen salvo la certeza de que, de quedarse en ellos, morirán de hambre y penurias, así como de mosquitos, agua podrida y otros tantos estragos más) tanto su inconmensurable prestigio interpretativo en inolvidables películas que atravesarán sin mella alguna el paso del tiempo hasta convertirse en “clásicos”, como su abundante belleza de machote varonil, a fin de provocar e infundir en todas las almas, todavía remisas a la ayuda altruista , desinteresada y hasta desprendida, una especie de rayo iluminador que modifique sus desgraciadas conciencias – y consciencias – y expanda su esplendor por todo su ser, y así, de esta manera pongan todos los medios posibles – e imposibles de ser preciso – para ayudar a tanta gente desvalida, pobre y hambrienta.

Ha dado una serie de charlas motivadoras a un público más o menos escéptico; ha salido en las teles más representativas y de mayor audiencia repartiendo paquetes de comida – de su propio y sencillo paquebote, imagino –; en primer plano por supuesto, no fuera a ser que no se notase que era él y solo él el imponderable protagonista de tan filántropas acciones.

Después de las inacabables chácharas y demás palabrerías piadosas ( siendo budista, no llega a comprender cómo un cristiano no tiene conciencia y buen hacer para con los pobres refugiados), creo que se ha vuelto a su humilde bote de paseo mediterráneo para seguir con sus haceres cotidianos. Todos ellos modestos y serviles, como bien es de comprender.

Y a otra cosa, mariposa.

Yo me he quedado gravemente impresionado con tal acto de beneficencia, sencillez y servidumbre. Y, por supuesto, ha crecido inmensamente mi grado de compromiso para con tales personas, tan necesitadas de comida, agua y cariños. Promovido innegablemente por la profundidad de palabra, obra y sentimientos de tan bellísimo y dadivoso interprete peliculero (me niego a llamarle “actor”, sencillamente no lo es, al menos de los buenos. Y chitón a los discrepantes).

De hecho, estoy dispuesto a conseguir la dirección postal del susodicho inmejorable interprete y mejor guapura, a fin de que, arrepentido cual estoy por mi carencia manifiesta en tanto derroche de ternura, hospitalidad, cobijo, y total desprendimiento de bienes materiales del muchacho, y haciéndome eco de sus inmejorables consejos televisivos, he tomado plena consciencia de mi tardía vocación de misionero ferrerista y le voy a enviar unos cuantos refugiados a sus cuartuchos de Beverly Hills para que puedan solazarse en tales chamizos para realizar sus frugales comidas a las que tanto está habituado el galán, como es de entender dada esa convicción budista, que no abandona.

Richard Tiffany Gere es su gracia, aunque para un servidor, guapo lo que se dice guapo no es. Puestos a escoger y sin ánimo alguno de desdecirme de mi honorable heterosexualidad – que lo cortés no quita lo valiente, y le pese a quien le pese – veo mucho más guapo y hombretón a ... Paul Newman, por poner un ejemplo.

Pero bueno, que lo que ha hecho el tal Richard Tiffany Gere no hay precio que lo iguale.

Tengo entendido – las malas lenguas, ya sabe – que está próximo el estreno de su nueva película, la cual, sin duda alguna, será majestuosa. Como todas y como siempre.

Pero lo que es a mi, no me da que haya hecho tales maravillas en el mal llamado “open arms” con ánimo alComentarios guno de promocionarla.

¡En qué cabeza cabe!

P.S.- Con el mal llamado “open arms” y sus patrones, tengo también mis reservas. Francamente. Habrá que investigar, si es que me queda tiempo y, sobre todo, ganas. @mundiario