Como Jane Birkin

Jane Birkin. / IG
Jane Birkin. / IG
Hace un tiempo que cuando me miro en las fotos no entiendo por qué en todas entrecierro los ojos. Tardé en darme cuenta de que se transformaron  en dos rayitas, a lo mejor de tanto reírme.
Corrían los sesenta y al fin nos animamos. Cortamos, o creíamos que cortábamos, con una moral casi victoriana, con principios religiosos que nos llenaban de culpas y enarbolábamos la bandera del Power Flower y el amor libre. Cuando la vi en “Blow up” me enamoré para siempre. Bajo la forma de  querer fundirme en su identidad. Deliré cuando la escuché cantar "Je t´aime, moi non plus". La versión de Briggitte Bardot ni se le acercaba. Jane Birkin, esa francesita escuálida, de origen inglés redimensionó el erotismo y lo puso  al alcance de todos. 

Su relación con Serge Gainsburg,  marcó un estilo: ella pretendía cambiar el mundo, caminando por la cornisa de una vida a todo riesgo;  él, perdido en sus adicciones, borracho incorregible, desafiante, transgresor y con un sexappeal que hacía olvidar lo feo que era. Nacido bajo el signo de aries, unos cuantos años antes que ella, tenía un singular sentido del humor y vivía representando un personaje que él mismo se había creado. Cuanto más lo rechazaban, más se sentía dans sa peau.

Todos, en los años locos, desafiábamos para asegurarnos de ser distintos.

Jane Birkin y Serge Gainsbourg.

Jane Birkin y Serge Gainsbourg.

Jane vivía en el centro del mundo donde todo pasaba: Mayo del 68, la Nouvelle Vague, el cine europeo de los 70, los Beatles, los Rolling Stones, Brian Jones, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin. La revolución de la moda. Ella ERA eso. En cambio, yo vivía en la otra punta del planeta donde, con un poco de suerte, lo veíamos por TV, lo leíamos en revistas o escuchábamos los longplays o simples que tratábamos de conseguir para estar al día.

Mi pretensión era que, por lo menos, mi mundo, fuera el reflejo del suyo. A lo Mito de las Cavernas.

Charlotte, su primera hija, nació apenas dos años antes que la mía.

Como en el mito de Platón, mi pareja se rompió en 1980 cuando Jane dejó a Serge, porque su vida al lado de él era insostenible. Sin embargo en 1991 le dedicó un concierto dos meses después de su muerte. Me gustaría poder imitarla de alguna manera. Claro que una es consciente de sus limitaciones.

Hoy sigue cantando. Nunca tuvo una gran voz. Se quiebra por momentos. Agradece a la vida, a quienes la acompañaron, defiende causas justas.  La voz es como la piel: cuando es débil en la juventud, se resquebraja más fácil con los años. En su cara están las marcas de una vida sin miedo a las consecuencias. Sus arrugas son contentas.  Resurgió de tres parejas, con hijas de cada una de ellas, de relaciones tumultuosas, siempre espléndida.

Jane Birkin en 2017 en el théâtre antique d'Orange. / FB @JaneBirkinOff

Jane Birkin en 2017 en el théâtre antique d'Orange. / FB @JaneBirkinOff

Hace un tiempo que cuando me miro en las fotos no entiendo por qué en todas entrecierro los ojos. Tardé en darme cuenta de que se transformaron en dos rayitas, a lo mejor de tanto reírme. Como a Jane.

Me gusta ver en sus rasgos las huellas de todo lo que se animó a vivir. Y que no los quiera borrar. Ahí están todos esos años que tanto envidié, se le notan. Es joven porque todavía cree y agradece. No hay rencor por los amores pasados. Si los sufrió fue porque se atrevió a la aventura de vivir con ellos.

El otro día me compré un rouge rojo.

Todavía quiero ser como ella. @mundiario