Oportunidades europeas para Galicia

Bandera de Galicia. / Xurxo Lobato
Bandera de Galicia. / Xurxo Lobato
El debate no debe centrarse en el volumen de recursos, y está equivocado el empeño de Feijóo de confrontar con el Gobierno central de esta manera.
Oportunidades europeas para Galicia

Si la Unión Europea fuera un país, sin duda alguna merecería el premio honorífico que otorga cada año el acreditado semanario The Economist. Manejó el Brexit con unidad y determinación; asumió una voz firme y moderada en política exterior; puso fin a la deriva anti-liberal de algunos de sus miembros; pero, sobre todo, impulsó una respuesta federal y solidaria a las necesidades asimétricas de sus integrantes en materia económica y fiscal; y también, con resultados controvertidos, en la producción y distribución de vacunas. Más allá de las innovaciones en política monetaria decididas por el BCE y de la relajación de la normativa fiscal, aprobó la creación del Fondo Next Generation EU, un salto cualitativo en el proceso de construcción de un arsenal común.

Algunos estados como España precisaban de ese Fondo para ganar algún espacio de actuación. Tenemos menos margen de maniobra fiscal que otras grandes economías de la UE, como Alemania, y una orientación productiva que amplifica los efectos del distanciamiento social que demanda el combate contra la pandemia. 

Nuestro tejido productivo exige reformas en áreas como la investigación y la innovación -con cifras muy inferiores a la media europea-, una transición energética bloqueada en los últimos diez años o un fortalecimiento digital y competitivo de las pequeñas y medianas empresas, más numerosas que en nuestros competidores próximos, por no hablar de la capacitación para el empleo del futuro, entre otros ejemplos.

Oportunidad única

Los 140.000 millones de euros de recursos extraordinarios que España puede recibir en el periodo 2021-2026, entre transferencias y préstamos, son una oportunidad única, si acertamos en su destino y consiguen activar la complementaria inversión privada.

Estas semanas, el gobierno español está discutiendo con la Comisión Europea el contenido del Plan Nacional de Inversiones y Reformas, concretando la promesa que representan los fondos. El reto es trasladar las palabras (digitalización, transición ecológica, impulso a la investigación, cohesión, igualdad) a hechos, con acierto y rapidez, y los distintos ministerios están ya perfilando la próxima fase a partir del documento "España puede" presentado a finales del pasado año. 

La concepción y planificación del Next Generation EU está centralizada, pero su gestión respeta, como no podía ser de otra manera, la distribución constitucional de atribuciones. En 2021 aproximadamente el 60% de los recursos extraordinarios serán administrados directamente por las Comunidades Autónomas, en el marco de sus competencias exclusivas o compartidas; y una fracción menor estará disponible para entidades locales.

Necesaria agilidad para la ejecución

En Galicia, la Xunta triplicará la disponibilidad de fondos europeos, con más de 1.200 millones de euros de origen comunitario en su presupuesto final para este ejercicio. El debate no debe centrarse en el volumen de recursos, y está equivocado el empeño de Feijóo de confrontar con el gobierno central de esta manera. Los elementos críticos serán el adecuado diseño de las acciones, la colaboración institucional y público-privada, así como la agilidad para la ejecución, que no solo exige cambios normativos sino también un refuerzo de los instrumentos operativos en el organigrama autonómico.

Cuesta discernir hoy un diseño cabal e integral, por parte de la Xunta de Galicia, que permita enfrentar los desafíos y ganar la oportunidad única que tenemos. Desconocemos la existencia de un documento marco, elaborado con criterios técnicos y discutido con los agentes sociales, que pueda suscitar un amplio consenso político. La Comisión Parlamentaria tampoco ha terminado su trabajo. 

Para contribuir a este debate necesario, lanzamos la semana pasada el documento “Rexorde Galicia. Fondos europeos y resiliencia”. La eficiencia en el uso de los fondos obliga a cooperar en la línea marcada por la Unión Europea, y perfilada para el conjunto de España, orientando los esfuerzos de las entidades locales y empresas para la captación de recursos que se distribuirán mediante procedimientos competitivos. Fomentar la calidad de los proyectos y su adecuación a los objetivos es una estrategia más inteligente que la búsqueda de la erosión partidista del adversario, especialmente si -como le sucede a la Xunta- participa con tanta intensidad en la gestión de los fondos.

Un programa específico

El programa de actuación para Galicia debe partir de las líneas básicas del Plan Nacional, ajustándolas a nuestra realidad. Compartimos algunos retos con el conjunto de la economía española, pero tenemos otros más específicos:

El desafío demográfico, con múltiples impactos (como la necesidad de atención de enfermedades crónicas o la atención de una población que envejece); la necesaria transformación del tejido productivo para hacerlo más competitivo, innovador y resistente, partiendo del ciclo completo de productos primarios sin olvidar la confección, el automóvil o la naval, entre otros.

La preservación del litoral, que debe ser a la vez fuente de riqueza -expandiendo la superficie marisquera de las rías- y oportunidades; la oferta de empleo de calidad para los jóvenes, con demandas de formación, emprendimiento y empleabilidad; la consecución de un mayor equilibrio en el territorio, superando las dificultades de comunicación exterior y dotándose de una mayor cohesión interna; deficiencias en la infraestructura digital y la necesidad de impulsar las empresas TIC.

La necesaria reconversión del sistema eléctrico a favor de la descarbonización, con el impulso de las energías renovables -incluida la eólica marina o el hidrógeno- y la sostenibilidad y modernización del tejido industrial asociado; el flagelo de los incendios que obliga a una transformación estructural en el manejo forestal; la promoción de la educación formal, especialmente en edades tempranas y en los ciclos más vinculados al mercado laboral (con formación profesional dual, por ejemplo), y en el aprendizaje permanente; o la adaptación del sistema de salud a las características de la población.

Sustentabilidad, digitalización, cohesión social y territorial, cooperación institucional, implicación público-privada, igualdad de genero, oportunidad para los jóvenes.  ¿A qué esperamos? @mundiario

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