La mentira ideológica degrada la democracia

Democracia digital.
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Una mentira política por mucho que se repita, si mentira es, en mentira tiene que quedarse.
La mentira ideológica degrada la democracia

La mentira ideológica pretende ser validada, como herramienta política, en nuestra democracia. Surge de dos fuentes que la utilizan individual o conjuntamente: partidos y/o medios de comunicación patrocinadores. Tiene capacidad para manipular la voluntad y en consecuencia el voto de ese porcentaje de ciudadanos que determinan en cada consulta el color de la mayoría gobernante.

El modus operandi es simple. De nada sirve la contundencia del dato oficial proporcionado por un organismo independiente. Si no favorece las pretensiones del manipulador, no se acepta, se descalifica, se le da la vuelta o se desacredita para invalidar la contundencia de aquello que no favorece. 

En el fondo subyace la idea de que para conquistar el poder cualquier medio empleado es válido y que el fin justifica los medios. Cualquier apelación moral o ética carece de espacio en el pensamiento político de quienes manejan la mentira ideológica, sin ningún tipo de rubor, para conseguir sus fines.

¿Estamos asistiendo a una separación violenta de la ideología y la ética? No lo sé, es terreno que dejo para los filósofos, lo que sí sé es que está en peligro la verdad, como lo estuvo en la Rusia estalinista o en la Alemania nazi en donde estaba prohibido hablar de campos de concentración y exterminio.

Aquí afortunadamente no llegamos tan lejos, estamos hablando de estrategias políticas en donde la mentira o falta a la verdad se han convertido en moneda corriente.

Decía el general McArthur que el presidente Roosevelt “nunca decía la verdad cuando le servía igual una mentira”. Hannah Arendt en su ensayo titulado Verdad y política sostiene que “en política no hay que decir siempre la verdad, ya que la mentira ha sido vista habitualmente como una herramienta necesaria y justificable…”.

Siento discrepar de tan ilustre pensadora, pero considero que la mentira, fabricada para perjudicar al contrario y la política, son éticamente incompatibles

Por ello, si queremos fortalecer la democracia no nos dejemos engañar, por muchas veces que nos repitan la misma mentira, que en psicología llaman “efecto de la ilusión de la verdad”.

Una mentira política por mucho que se repita, si mentira es, en mentira tiene que quedarse. @mundiario

La mentira ideológica degrada la democracia
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