Galicia Debate en Compostela reflexiona sobre la Europa de hoy y de mañana

Debate sobre Europa. / galicia debate
La Unión Europea es un terreno de continua negociación y de pactos. Y hay que avanzar a pesar de lo resbaladizo de ese suelo. No obstante, van calando diversos conceptos que comienzan a compartirse. Galicia Debate Compostela.

Ha sido el 24 de abril, y lo ha hecho de la mano del eurodiputado Nicolás González Casares, que ha actuado como ponente en la reflexión, mientras moderaba el debate Manoel Barbeitos. Europa, empujada por la guerra de invasión de Putin contra Ucrania y denostada y amenazada por Trump, tanto con su guerra de aranceles como por los intentos de descalificación de la Unión Europea y sus bravuconadas respecto al territorio de Groenlandia, ha tenido que iniciar una reflexión, casi de urgencia, sobre diversos asuntos de primera línea: cómo organizar su seguridad y su defensa de manera autónoma y autosuficiente, cómo replantearse sus alianzas comerciales y la búsqueda de nuevos mercados, y cómo afrontar sus relaciones con el resto del mundo, incluyendo su política de inmigración.

Todo ello teniendo en cuenta que Europa tiene una composición ideológica de tendencia conservadora. Y que los partidos populares europeos pueden en cualquier momento echar mano de la extrema derecha para afrontar determinados asuntos. Independientemente de que, por ahora, haya elegido una alianza no escrita con Socialistas y Demócratas, con los Verdes y con los Liberales. En todo caso, en las últimas elecciones se produjo un retroceso en la representación de los partidos más sistémicamente europeístas. Eso, la existencia de 27 Estados miembro con muy diferentes sensibilidades y situaciones geopolíticas, y la incorporación de los países procedentes del antiguo bloque soviético, hace que las decisiones requieran de mucho debate, y de mucha finura en la discusión de problemas y soluciones. Y si se le añade la obligada unanimidad en el Consejo Europeo, se dificulta aún más la toma de decisiones ágiles, como demanda la situación actual.

Vídeo del debate. / galiciadebate

Las que desde algunos países (España por ejemplo) podría considerarse opciones obvias, como podría ser una clara independencia respecto de Estados Unidos, entre los países que pertenecen a la OTAN, por ejemplo, o en relación con la política económica y comercial, en otros países (por ejemplo los más cercanos físicamente a Rusia, o la mayor parte de los provenientes del ámbito soviético) no se ve tan claro, porque aunque se opte por una seguridad y defensa propia y autónoma, es una solución que no se pone en marcha con la sola decisión, sino que requiere un tiempo de concepción y de puesta en marcha. Y mientras tanto, hay países a los que les cuesta cortar el cordón umbilical con el amparo que desde hace tiempo se delegó en la hegemonía USA. Un camino ineludible, en el que -a pesar de que la presidenta de la Comisión haya lanzado una cifra muy poco estudiada y analizada- hay que realizar un estudio integral de qué tipo de seguridad y defensa necesitamos, y cómo se deben encajar las piezas para la aportación de todos y cada uno de los Estados miembro, y cuál ha de ser la política de reforzamiento de la propia industria de cada país para el desarrollo de una tecnología a ser posible de doble uso, y de una industria autosuficiente que, además de resolver el problema de la seguridad, favorezca el desarrollo económico.

Y mientras tanto, como esa tarea, si se quiere hacer bien, lleva tiempo, aunque se avance hacia esa seguridad y defensa propia, el proceso puede verse condicionado por la alianza del tradicional “amigo americano”. Lo cual termina lastrando el esfuerzo por la independencia europea, y dificultando una reflexión necesaria también sobre la OTAN y su futuro, con o sin los Estados Unidos.

Existe también una disparidad en cómo afrontar otros problemas internacionales, como es el caso de la posición ante Israel y Palestina. En algunos países se ve claro el papel genocida del gobierno de Netanyahu -incluso reclamado por la Corte Penal Internacional-, y sin embargo hay otros, como Alemania, o la propia Francia, a los que les pesa o la culpa del pecado original (Alemania), o el complejo de la existencia dentro de sus fronteras de sectores anti-sionistas agresivos (como Francia), de tal forma que les cuesta sobremanera adoptar una postura clara en relación con el conflicto, a pesar de las decenas de miles de muertos, víctimas del ejército israelí.

En relación con la inmigración, aquellos países más proclives a las posiciones de la extrema derecha, o donde ésta tiene una alta presencia (que por desgracia los hay), precisamente en tres de las cuatro grandes potencias, o se tienen políticas claramente anti-inmigración (como Italia) o se adoptan posiciones que pretenden no fomentar el incremento de votantes de extrema derecha (aunque los resultados reales indiquen lo contrario): Francia, Alemania. Ese agarrotamiento dificulta un diálogo completo sobre la realidad que hay detrás de la imaginación, y muy especialmente una falta de política europea de cooperación integral con África. Algo parecido (en cuanto al miedo de crecimiento de la extrema derecha, o la aparente necesidad misma de sus apoyos nacionales) puede ocurrir con las políticas verdes y de descarbonización.

Todas estas contradicciones -que no es que hagan una Unión Europea imposible, pero que exigen mucho más esfuerzo para avanzar en una dirección que fortalezca a Europa-, y la existencia de 27 Estados miembro, con sensibilidades diferentes y problemas muy distintos, convierte la riqueza que puede aportar precisamente la diversidad en un factor de ralentización de las decisiones y de la ejecución de las mismas.

La Unión Europea es un terreno de continua negociación y de pactos. Y hay que avanzar a pesar de lo resbaladizo de ese suelo. No obstante, van calando diversos conceptos que comienzan a compartirse. El paso de las posiciones intransigentes de los países llamados “austeros” que se pusieron dramáticamente de manifiesto en la crisis de 2007-2008 hasta llegar a la aceptación de la deuda compartida, al afrontar las consecuencias de la pandemia es un paso cualitativamente de gigantes, y que permite un cambio de concepto de una Europa más unitaria. Y que posiblemente se pueda terminar implantando en la forma de implantar la seguridad y defensa europea autónoma.

Hay muchos caminos abiertos en este momento en Europa, dentro de una conciencia común mayoritaria presidida por la convicción de que Europa se las tiene que apañar por sí misma prácticamente en todos los terrenos. Algo que puede suponer un necesario reforzamiento de la unidad europea y de su relanzamiento como potencia en sí misma y a nivel internacional. El termómetro va a estar en el grado de independencia respecto a USA con el que vamos a salir en el futuro. Independientemente de Trump. Cuanta más independencia se obtenga, más consolidada estará Europa. Y podrá jugar en el mundo el papel de tercera potencia que le corresponde. Ya que -aunque algunos consideran que la situación presente se va a ventilar entre tres potencias (USA, China y Rusia), en realidad Rusia en el terreno en el que está por encima de Europa es únicamente en el militar.

Lógicamente no se puede sintetizar en un intento de resumen como el presente un debate que tuvo muchas y muy potentes intervenciones, y en el que el ponente se mostró como un gran conocedor -de forma incluso pormenorizada y detallada- de la compleja y variada situación de la Europa del presente, y de la problemática sobre su futuro. Pero se trata de reflejar la problemática existente, los posibles caminos de salida, y los condicionantes que tenemos para construir el futuro. @mundiario