Feijóo deja insuficiencias graves en Galicia

Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Los frutos amargos para Galicia del Feijóo que ahora promete a los españoles arreglar España, y se presenta con esa experiencia negativa a la hora de abordar durante 13 años los problemas fundamentales de un país.
Feijóo deja insuficiencias graves en Galicia

Hubiera sido interesante que Alberto Núñez Feijóo convocase un pleno en el Parlamento de Galicia, antes de la investidura de Alfonso Rueda, para promover un debate, que permitiese contrastar las posiciones de los grupos parlamentarios sobre su gestión, en los trece años en que presidió la Xunta de Galicia. No lo hizo y es evidente, desde mi punto de vista, que deja muchos déficits que disminuyen en gran parte los elogios que los medios proclives le hacen. Intentaré hacer una valoración de las carencias e incumplimientos de su gestión por grandes áreas.

En el área económica, industrial y de empleo, se aprecia el desarrollo de una política de inhibición permanente, en la actuación exigible a una administración autonómica en relación con la necesaria elaboración de planes comarcales destinados a la creación y mantenimiento del empleo.

Está claro que, durante este período, la insuficiencia o ausencia de planes industriales en determinadas comarcas, que tenían algunas actividades de este sector, fue una mala práctica que inevitablemente desembocó en cierres de empresas o en pérdidas de actividad laboral y de producción. Desde hace años, el anuncio de la transición ecológica era algo que se conocía y que su llegada iba a implementarse en esta etapa que estamos viviendo. Ni Feijóo ni Rajoy hicieron seguimiento alguno de la industria con instalaciones en Galicia, y tampoco elaboraron planes que se adaptasen a la nueva situación que se aproximaba inexorablemente.

Ni previsión, ni alternativas. Así A Mariña, Ferrol, As Pontes..., y otras comarcas, sufrieron y sufren hoy la indolencia del binomio dirigente de los que coincidieron como presidentes durante seis años. La juventud, las mujeres y los desempleados carecieron de proyectos en los que la Administración autonómica sirviese de instrumento útil, para la llegada de empleos dignos. Alrededor de doscientos mil jóvenes se vieron obligados a emigrar de Galicia, por la falta de oportunidades para obtener contratos laborales decentes. Más bien, el PP se opuso al necesario equilibrio entre los intereses de las empresas y los de los trabajadores, y por eso, no apoyaron el acuerdo entre los agentes sociales, para una reforma laboral que era una demanda inaplazable y contra la que votaron en el Parlamento.

La producción industrial ha caído en marzo de este año un 10% en Galicia, cuando en España crece un 1,1%. Galicia es la comunidad autónoma en la que más baja esta producción, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El sector primario está operando con muchas dificultades. El agroganadero, el de la leche, el forestal, el de la pesca, todos están en mayor o menor grado con insuficiencias en medios materiales, en ayudas, en digitalización, en disponer de trabajadores formados. En Galicia, el PP ha gobernado durante treinta y cinco años durante los cuales hemos perdido el 90% de las explotaciones de leche. Existe una clara falta de mano de obra en los sectores agrario, ganadero y de la pesca; parece que aquí tampoco hubo previsión, ni se pusieron las bases para evitarlo.

Según algunos expertos, Galicia produce aproximadamente la mitad de la leche que se elabora en España, pero solamente alcanza el 10% de los beneficios que el sector aporta a nuestra tierra.

La configuración de las tierras gallegas consiste, de manera destacada, en parcelas pequeñas, lo que supone un impedimento considerable para un rendimiento eficaz. Los planes forestales o eran insuficientes en su contenido o no se cumplían en su desarrollo, y la política de prevención de incendios ha sido un fracaso. 

En unos diez años hemos perdido unos seiscientos pesqueros y cerca de cuatro mil marineros. Más del 60% de los marineros activos están próximos a la edad de jubilación y la inactividad de la Xunta, como hemos comentado, ha sido clamorosa en aspectos como la falta de promoción del sector y la formación inexcusable, ante una necesidad que se podía prever para posibilitar el relevo generacional correspondiente.

La modernización y la mejora que se ha dado en el sector primario casi siempre ha venido de los planes y fondos europeos, del Gobierno de España o por iniciativa de los propios empresarios. La Xunta se dedica habitualmente a tramitar las ayudas y directrices procedentes de otras administraciones, y muchas veces lo hace mal y tarde.

Según el informe elaborado por profesores de la Universidad de Santiago de Compostela y presentado por el Colegio de Economistas de A Coruña, en 2010 en Galicia teníamos 1,3 millones de personas (705.600 hombres y 598.800 mujeres), con contratos de trabajo, o que estaban buscando empleo; en 2020 la población activa bajó hasta 1,22 millones (638.500 hombres y 582.400 mujeres); es decir, hemos llegado a tener 83.500 personas menos como población activa en la última década: casi como toda la población de la ciudad de Pontevedra.

Nuestra tasa de actividad es la segunda más baja de España, con un incremento del diferencial con la de España que fue de un 58,5%, mientras que la de Galicia se situó en el 52,5%, según el Informe de coyuntura Económica presentado por el Foro Económico e Informe socioeconómico del Eje Atlántico de 2021.

Somos la tercera comunidad autónoma con la deuda más alta per capita, con 4.353 euros por habitante y, en cambio, esa deuda no se refleja en resultados positivos, en el nivel de empleo público y privado generado. Es decir: es una deuda asumida para gastos no efectivos.

La economía en Galicia tiene muchas dificultades para converger con España, en términos de PIB per capita el 88,2% en el 2009, el 90,1% en el 2018 y del 90,3% en el 2019. La Renta Disponible Bruta per capita fue del 94,3% en 2019 y la de productividad del 92%. El PIB per capita de Galicia en el 2020 fue de 21.903 euros, cuando en ese año se ha llegado a los 25.460 euros del PIB per capita en España. Además, también es alarmante que las gallegas y gallegos nos estemos alejando de la convergencia con la Unión Europea, cuando ésta era en el 2009 del 99,6% y en el 2019 ha bajado hasta el 91%.

En plena pandemia de la Covid-19, la hostelería, el comercio, etc., fueron prácticamente olvidados por la Xunta de Galicia en las ayudas directas que necesitaban; fundamentalmente ha sido el Gobierno de España quien mantuvo el empleo y las empresas, para evitar despidos y cierres, mediante los ERTES, las ayudas directas y las medidas protectoras dirigidas a las trabajadoras y trabajadores, a autónomos y a empresas.

La tasa de variación del índice de precios al consumo (IPC) de Galicia, en marzo de 2022, fue del 10,5%, cuando la tasa en España ha sido de algo más de dos puntos menos: el 8,4%

Las previsiones, por tanto, apuntan a que la recuperación económica en Galicia va a ser inferior a la de España. Todo lo anterior determina que Feijóo se va de San Caetano y el legado económico, industrial y de actividad dejado, comparativamente con España, es menos pujante, más débil, con una productividad inferior, con empresas más pequeñas, con menos investigación e innovación en nuevas tecnologías.

Y eso sin citar las grandes promesas fallidas, como la de Pemex y los astilleros Barrera, o la chapuza de la fusión de las Cajas de Ahorro, que manejó datos falsos.

Esos son los frutos amargos para Galicia del Feijóo que ahora promete a los españoles arreglar España, y que se presenta en la calle Génova y en el Senado, con esa experiencia negativa a la hora de abordar durante 13 años los problemas fundamentales de un país. @mundiario

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