Claves de una estrategia sólida para dinamizar el mundo rural

Futuro del rural de Galicia. / @iagonoa
Una imagen evocadora del futuro del rural de Galicia. / @iagonoa
No existe posibilidad de tener un plan real, esperanzador, solvente y con posibilidades de éxito para el mundo rural, si no miramos a sus mujeres.
Claves de una estrategia sólida para dinamizar el mundo rural

Son muchas las propuestas que, desde distintos puntos, desde diversos sectores, desde diferentes ópticas, se nos hacen a las personas que habitamos el medio rural, con el sano objetivo de contribuir a mejorar nuestras condiciones de vida y a ponernos en la senda de asegurar un futuro para nuestro entorno.

No dudo de la solvencia, ni de que las propuestas de hagan siempre en positivo y con el ánimo de construir. Pero, ciertamente, en lo que veo y en lo que leo, de forma muy sutil o de forma más descarnada, siempre hay una mirada hacia nosotros, hacia las personas que vivimos en el rural, que denota un cierto “paternalismo”, una cierta superioridad intelectual, un urbanocentrismo  y un centralismo evidente y nada, nada, nada de perspectiva de género.

Me he preguntado mucho, y muchas veces a lo largo de los años, cómo pretenden desde las instituciones y los espacios de gestión económica crear una estrategia sólida para la dinamización del medio rural, sin contar con las personas que en el viven, habitan y tiene en él su proyecto de vida; sin contar con las personas que tienen a su cargo el territorio y, muy especialmente, sin contar con las mujeres que viven en el medio rural. Porque si a los habitantes del rural no se nos ve, no se nos reconoce, no se nos mira como interlocutores capaces de construir nuestro propio futuro, a las mujeres directamente se nos invisibiliza.

Hagan ustedes la prueba y lean cualquier estudio sobre el rural, vean la prensa especializada o los artículos de opinión sobre el rural, el sector primario y sus perspectivas de futuro… No encontrará la palabra mujeres, salvo en aquello que se refiera a nuestro papel reproductivo y como cuidadoras. No nos encontrarán en las estadísticas, porque ya se sabe que en el rural solo hay agricultorEs y ganaderOs, trabajadorEs por cuenta propia y temporerOs. 

Por un futuro para las mujeres del medio rural

Sin embargo, no existe una posibilidad de tener un plan real, esperanzador, solvente y con posibilidades de éxito para el mundo rural, si no miramos a sus mujeres y si no somos capaces de crear para ellas un espacio propio donde dar forma a sus proyectos vitales. 

Las mujeres que vivimos y habitamos el rural queremos tener nuestro espacio. Queremos tener empleo digno y no solo trabajo invisible y precario; queremos tener igualdad y no cuotas simbólicas; queremos tener calidad de vida y no carencia de servicios públicos básicos; queremos tener acceso al ocio, la cultura y tiempo libre y no la doble o triple jornada; queremos salir del silencio y el espacio doméstico que se nos impone en esta sociedad ancestralmente machista que es el entorno rural.

Porque no sé si es necesario señalar la obviedad: un medio rural sin mujeres no tiene futuro, no es viable, no es sostenible y, sobre todo, no sería un entorno justo, democrático y “vivible”. Porque como dice la filósofa Amelia Valcárcel “el feminismo es el guardián de la democracia”: y en nuestra sociedad rural hace falta más feminismo y más democracia. Ojo, que no digo que en el rural no haya democracia, pero sí que es francamente mejorable, por ejemplo, en términos de participación igualitaria. Hagan ustedes repaso de la representación social y política de nuestros pueblos: sin duda mejorable. Otro ejemplo, hagan ustedes repaso de los datos de empleo, de contratación, de brecha salarial, de titulares de explotaciones agrarias, de perceptoras de las ayudas de la PAC. Ataquen por donde quieran: hay muchísimo por mejorar.

¿Cómo vamos a acortar todas estas distancias entre ellos y nosotras? Son cuestiones que debemos abordar y resolver en programas estratégicos para el futuro de de nuestro rural

La igualdad es un bien común

Para ello no basta con que llenen nuestros pueblos de programas que lleven en el título “igualdad” o “empoderamiento”, si eso no está acompañado de leyes que lo promuevan y lo garantice. La igualdad es un bien común que beneficie a todas y todos. Y para nosotras, las mujeres feministas del rural, el empoderamiento no es un camino individual: es un objetivo colectivo, que solo sirve si es para todas. 

En Galicia, somos el 51,87% de la población: 1.401.666 mujeres frente a 1.300.153 hombres; el 51,58% vivimos en zonas rurales: en las provincias del interior y en las zonas más rurales la proporción llega a subir hasta el 71%.

Apenas ha terminado la que nuestro presidente Feijóo denominó la “legislatura del rural” y la hemos cerrado con 2.000 explotaciones menos, con menos superficie agraria útil, con más pueblos abandonados o al borde de la desaparición: en el último año quedaron vacías 50 aldeas en un conteo anual que no termina. Con menos escuelas, con menos profesionales en los centros de salud, con menos farmacias y las que quedan con horarios más reducidos, con menos tiendas, supermercados, bares y negocios abiertos, con menos sucursales bancarias: ya hay más de 50 municipios sin servicios bancarios… 

Si la dinámica que se impone es la del cierre, no nos pidan a las personas que habitemos, re-habitemos y revitalicemos ese espacio a base de sacrificios, especialmente a las mujeres a las que no “reconocemos” peso ni económico ni social.

Una enorme parcela que cuidar

Tenemos a nuestro cargo el cuidado de una enorme parcela, el 87% del territorio de Galicia está considerado rural. Una enorme parcela de la que disfruta toda la sociedad, no solo sus propietarios y habitantes. 

Hoy, en tiempos de pandemia, desde las ciudades se mira al rural de una manera diferente. Se comienza a apreciar lo importante que es tener alimentos para el conjunto de la población y no depender de las importaciones, se aprecia lo que son los espacios abiertos, sanos, saludables, se aprecia lo que es la vida en una comunidad que te conoce, te protege y te cuida… esas es nuestra gran ventana de oportunidad

Para ello necesitamos políticas ambiciosas que pongan en valor los sectores estratégicos: agricultura, ganadería, forestal; apostando por la valorización de nuestras producciones, empezando por establecer precios justos, y por el apoyo a la comercialización… Crear un marco en el que lo rural y lo urbano se puedan entender de nuevo con una valorización del rural, no como en crisis precedentes.

Hay que apostar por las economías locales, por la economía circular. Necesitamos apostar por la artesanía, la cultura, la tradición, como sectores económicos estratégicos para la diversificación de la economía rural. 

Relevo generacional

Nuestro futuro debe estar ligado a modelos de economías verdes. Debemos proteger nuestros entornos naturales sin que eso dificulte las economías locales, todo lo contario, la protección ambiental, la sostenibilidad, la preservación de nuestra biodiversidad deben formar parte de la economía local, reportando beneficios a las personas que habitan el territorio. 

Y por supuesto que tenemos que trabajar en el relevo generacional, en la lucha contra el despoblamiento y el envejecimiento. Y eso solo se consigue atrayendo gente joven que vea en el rural una oportunidad de vida, de trabajo y de futuro. Para ello es imprescindible avanzar –entre otras muchas cuestiones- en la digitalización, reducir la brecha digital física (la falta de infraestructuras que permitan la conectividad en todo el territorio) pero también en la generacional y de género. 

Son grandes los retos, pero son inmensas las posibilidades. Y lo que es cierto es que ya no queda tiempo, y ya no valen excusas. Y lo que es más cierto todavía, es que no habrá estrategia sólida de dinamización del mundo rural con posibilidades de éxito si las mujeres no estamos en ella, con entidad propia, con espacio propio, visibles, reconocibles. @mundiario

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