Buscar

Villares o el triunfador que no puede cantar victoria

La consigna del sector crítico de En Marea, al menos por ahora, es no reconocer la legitimidad de los resultados y mucho menos sus consecuencias.

Villares o el triunfador que no puede cantar victoria
Luís Villares.
Luís Villares.

Firma

Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

El flamante líder de Podemos Galicia, Antón Gómez-Reino, se ha llevado un buen revolcón en las primarias de En Marea. El sector crítico, del que fue uno de los grandes impulsores, cayó derrotado por el oficialismo, encarnado por Luis Villares, el portavoz parlamentario de los rupturistas en O Hórreo. Una derrota que no acaban de asumir aquellos que daban por seguro el triunfo de la candidatura encabezada por David Bruzos y que, paradógicamente, están dispuestos a que sean los tribunales de justicia quienes diluciden si el señor juez y los suyos hicieron trampa en una votación electrónica que estuvo bajo sospecha desde el minuto uno. Ya está presentada en un juzgado de Ourense la correspondiente denuncia, aduciendo que el proceso careció de una auditoría independiente que avalase su limpieza.

Los que mejor conocen las interioridades del "partido instrumental" ponen el acento en que la derrota de Tone y compañía se debió sobre todo a la escasa participación, que se quedó en el 58 por ciento del censo. Se esperaba que fuera mayor teniendo en cuenta lo enconado del enfrentamiento orgánico. Al parecer, una parte significativa de los inscritos afines al sector crítico optó por no votar, mientras que los que apoyan o simplemente simpatizan con Villares se esforzaron en que la mayoría de los suyos se movilizaran, a pesar de lo poco propicio de las fechas elegidas y lo desmotivante que resultaba la controversia que rodeó el procedimiento de las primarias.

La victoria de Villares está bajo sospecha y lo seguirá estando en el futuro inmediato, por más que él se esfuerce en abrir una "etapa de normalidad", incluso tendiendo la mano a sus adversarios a la hora de articular los nuevos órganos de dirección y fiscalización y de establecer la estrategia a seguir de cara tanto a las elecciones municipales como a las europeas de la próxima primavera. La consigna del sector crítico, al menos por ahora, es no reconocer la legitimidad de los resultados y mucho menos sus consecuencias y consecuentemente mantener la cada vez menos velada amenaza de un cisma, que acabe rompiendo En Marea en dos o hasta en tres, como le sucedió a su antecesora en el rupturismo gallego Alternativa Galega de Esquerda (AGE).

El calvario que viene soportando Villares casi desde el día después de las elecciones autonómicas de 2016 no se verá aliviado en lo sustancial aunque al final una auditoría externa o la autoridad judicial validen su victoria en las primarias. Porque en el grupo parlamentario el magistrado en excedencia sigue estando en franca minoría (apenas le apoyan tres diputados) y está rodeado de personajes críticos dispuestos a hacerle la vida imposible. Eso seguirá siendo así mientras dure la legislatura. Tampoco resulta tranquilizador el significativo silencio con el que el gran referente de las confluencias gallegas, que es Xosé Manuel Beiras, recibió los resultados de las elecciones internas de En Marea, de las que decidió situarse al margen, seguramente más que por no interferir para no resultar salpicado por el fango en el que pelearon sus "hijos políticos". @mundiario