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¿Hay vida a la izquierda del Bloque?

El tiempo dirá hasta dónde puede aguantar Galicia en Común, la coalición entre Podemos, Esquerda Unida y Anova
¿Hay vida a la izquierda del Bloque?
Xosé Manuel Beiras. / La Tuerka
Xosé Manuel Beiras. / La Tuerka

El rupturismo gallego no ha muerto. Está fuera de O Hórreo, porque ni lo que quedaba de En Marea ni Galicia en Común lograron representación el parlamentaria el12-J. Una parte de los ciudadanos que apoyaron en su día por las candidaturas de la autodenominada unidad popular optaron esta vez  por el voto útil y se descantaron por el Benegá, pero un porcentaje no desdeñable, según los analistas electoras, decidió quedarse en casa. Eso creen tanto los Tone Gómez-Reino, Eva Solla, Fernán-Vella, Luca Chao o Antón Sánchez como Pancho Casal y sus mariachis. En esa misma creencia seguramente están también la ministra Yolanda Díaz y Xosé Manuel Beiras, los impulsores de AGE, el formato con que arrancó en 2012 una sucesión de exitosos experimentos políticos, pioneros en España, que sin embargo acabaron como el rosario de la aurora.

En Marea, como partido instrumental, pone en marcha un proceso ordenado de disolución sin plazo fijo, al cabo del cual desaparecerá la marca En Marea, que probablemente ya no usen ni las mareas municipalistas, presentes aún con distintas formas de confluencia en muchos ayuntamientos gallegos. A Casal le tocó oficiar el funeral por una plataforma política surgida de la alianza entre la izquierda soberanista gallega y fuerzas federalistas en el momento en que emergía, a izquierda y derecha, la nueva política. A AGE primero y a En Marea después los atacó el virus de las tensiones internas. Fueron varios y sucesivos los episodios de desencuentro que desembocaron en dolorosos y letales desgarros. Un espectáculo nada edificante, casi de película gore, al que asistían en vivo y en directo su propia clientela y el resto de la ciudadanía gallega, que acabó poniendo a los mareantes en su sitio.

El tiempo dirá hasta dónde puede aguantar Galicia en Común, la coalición entre Podemos, Esquerda Unida y Anova -que tiene en Madrid dos diputados y una ministra-, y si sus propios dirigentes deciden empezar a sentar las bases de cara a la recomposición del espacio rupturista gallego. La desaparición del escenario de varios de los elementos que sembraron la discordia facilitará sin duda el reencuentro. Será más fácil entablar el diálogo. Sin embargo, aunque con distintos actores, persiste el riesgo de repetir errores si se parte del mismo guión. Habrá que resetear el proyecto y empezar de cero, dejando aparcados los prejuicios y sobre todo los personalismos y los intereses partidistas, que fueron el detonante de todas las crisis. Porque, a fin de cuentas, la propuesta ideológica y estratégica en realidad nunca estuvo en discusión.

No hay elecciones a la vista. Sobra tiempo para un largo proceso de reflexión y digestión del fiasco de las elecciones autonómicas. Luto y catarsis a la vez. A partir de ahí se podrá empezar a trazar las líneas maestras del nuevo proyecto de "izquierda real" y "transformadora", capaz de regenerar la ilusión con la que muchos miles de gallegos saludaron, hace solo ocho años, la rompedora propuesta política de AGE, que se adelantó a lo que acabaría siendo Podemos. En la cúpula del Bloque tienen plena conciencia de que dentro del aluvión que les llevó al "sorpasso" hay una buena porción votos prestados. No será automático ni inmediato, pero muchos de ellos, los movedizos, no dudarán en regresar al rupturismo, si resucita con un mínimo de consistencia. El pragmatismo de la lideresa nacionalista no acaba de convencerlos. Y los desencantará del todo si degenera en pactismo. Y es que todavía queda gente que cree que hay vida a la izquierda del Bloque. @mundiario