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La ya exvaledora Milagros Otero, protagonista de una renuncia diferida por responsabilidad

Ahora la pelota está en el tejado del Parlamento de Galicia. La prisa que se den o se dejen de dar los grupos parlamentarios a la hora de elegir un "ombudsman" o una "ombudswoman", con sede vacante, dará la medida de la importancia que le otorgan a la institución.
La ya exvaledora Milagros Otero, protagonista de una renuncia diferida por responsabilidad
Feijoo aplaude a la Valedora do Pobo, Milagros Otero, en su toma de posesión. / Mundiario
Feijoo aplaude a la Valedora do Pobo, Milagros Otero, en su toma de posesión. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Ahora sí, la Valedora do Pobo lo deja definitivamente. Hizo llegar al presidente del Parlamento su renuncia efectiva, sin freno ni marcha atrás. Para algunos ha sido una especie de dimisión en diferido, que llega demasiado tarde y con grave daño para la imagen de la institución. Otros miran a Feijoo, convencidos de que él fue quien decidió aplazar la salida de Milagros Otero intentando desligarla del supuesto caso de enchufismo que la originó y que de rebote alcanzaba al portavoz de los populares en O Hórreo. Pero tampoco faltan, desde la oposición parlamentaria, quienes, consumada la dimisión, ponen el acento en la necesidad de elegir un sustituto cuanto antes y con el mayor consenso posible, de modo que el nombramiento no vuelva a ser una vez más fruto de un acuerdo a dos bandas entre PP y PSOE.

Milagros Otero hizo lo correcto. Se fue cuando creyó que debía irse, ni antes ni después. Actuó con la responsabilidad institucional que a su entender se correspondía con el importante cometido que desempeñaba. Hace tres meses comunicó al Parlamento su decisión de renunciar al cargo, tras el varapalo judicial del Supremo que confirmó la anulación de un polémico nombramiento en su equipo. Con esa primera comunicación a sus señorías, pretendía que se pusiera en marcha el proceso para designar a su sucesor o sucesora. Por la vorágine electoral o simplemente por la difícultad que entraña designar por consenso un nuevo valedor, el caso es que por lo visto nadie movió ficha, ni la mayoría del PP ni los grupos de la oposición, que se limitaron a afearle que haya sido consecuente con sus actos, dejando vacante de inmediato el puesto.

El loable propósito de Otero era evitar que se produjese un vacío en una de la instituciones estatutarias de Galicia. Los que mejor la conocen dicen que no se trataba de agarrarse al sillón mientras pudiera y cobrar sus emolumentos unos meses más. No es su estilo, ni le hace falta. Como profesora y jurista de reconocido prestigio, tiene la vida resuelta. La ya exvaledora es catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad de Santiago y a esa plaza se reintegrará para retomar la carrera docente que decidió aparcar temporalmente hace ahora cuatro años para convertirse la primera mujer que ejerció como defensora de los derechos de los ciudadanos gallegos antes las administraciones públicas.

Se va Otero satisfecha de su labor y convencida de que ha cumplido con su obligación. Cree haber estado a la altura de lo que le era exigible tanto mientras permaneció en el cargo como en el momento de irse, de ponerlo a disposición de quienes la mandataron. Ahora la pelota está en el tejado del Parlamento. La prisa que se den o se dejen de dar los grupos a la hora de elegir un "ombudsman" o una "ombudswoman", con sede vacante, dará la medida de la importancia que le otorgan a la institución. La sustitución de los diputados es casi automática y la elección de senadores por designación autonómica, aunque a veces genere tensiones, no suele demorarse. Por algo será. @mundiario