El turismo de Galicia y el efecto Merelles

Alfonso Rueda, presidente de la Junta de Galicia​; y José Manuel Merelles, director de Turismo. / RR SS.
Alfonso Rueda, presidente de la Junta de Galicia​; y José Manuel Merelles, director de Turismo. / RR SS.
Rueda entendió la importancia del Turismo, su relevancia para la economía gallega, y por ello había mantenido las competencias atadas en corto con la dependencia directa del sector de la Presidencia de la Xunta de Galicia.
El turismo de Galicia y el efecto Merelles

No era fácil sustituir a Nava Castro tras el éxito del turismo gallego. Alfonso Rueda entendió desde el primer momento la importancia del Turismo, su relevancia para la economía gallega, y por ello había mantenido las competencias atadas en corto con la dependencia directa del sector de la Presidencia de la Xunta de Galicia. Así se afrontaron los dos últimos Xacobeos, y así seguirá siendo tras asumir el cargo de Director da Axencia de Turismo, José Manuel Merelles, un periodista de raza y formación, querido y admirado por sus compañeros y con una amplia trayectoria en el sector del viaje y en el departamento que le toca dirigir en un momento dulce de recuperación pero no exento de retos.

Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, Merelles ejerció su profesión en La Región de Ourense y el Xornal Diario. En 1991 fichó por el Gabinete de Comunicación de Presidencia de la Xunta, entonces bajo el mandato de Manuel Fraga, donde trabajó entre otros muchos temas en la difusión mundial de los Caminos de Santiago y del primer Xacobeo, de la presencia en la EXPO de Sevilla, de Galicia Calidade, o en la puesta en marcha del turismo rural y náutico, así como de la Escuela Superior de Hostelería de Galicia. En esa época, la repercusión del sector pasó de representar poco más del 3% del PIB de la Comunidad al 11%. Esa experiencia le permitió a Merelles asumir con gran conocimiento su paso a la Axencia de Turismo de Galicia, en el año 1999, como responsable de Comunicación y contribuir de manera decisiva a la consolidación de Terra, Nai e Señora como un destino muy demandado en todo el mundo.

Merelles llega con las alforjas repletas de ilusión y puede aportar nuevos y valiosos entendimientos a un sector de futuro, que ha de saber administrar el éxito y no crear frustración al viajero. Los turistas demandan experiencias cada vez más personalizadas y el abanico de posibilidades es tan amplio como exigente.

En la nueva etapa han de llegar los trenes Avril -la demora ya es inaguantable- y con ellos la alta velocidad a todo el territorio. En el ámbito de la conectividad hay que ampliar la oferta de los aeropuertos gallegos, máxime ante la creciente competencia del de Oporto, hay que consolidar los cruceros y abaratar el transporte por carretera -ojo a los peajes en las autovías que Pedro Sánchez ha comprometido con Europa- y, muy en especial, habrá que cuidar los insuficientes servicios de taxi y la llegada de las VTC. Además, hay que administrar la irrupción de los pisos turísticos y evitar las tasas turísticas que intentan imponer ciudades como Santiago, amenazada ya por la gentrificación.

Por ende, de una vez por todas ha de trabajarse en desestacionalizar la demanda, para rentabilizar así, durante todo el año, las inversiones y compensar la caída de los viajes del IMSERSO. Hay que fomentar destinos maravillosos como la Ribeira Sacra, la Costa lucense y todas las Rías Altas. Es imprescindible preservar el medio ambiente y renovar los destinos maduros. Sabemos que se incidirá en el turismo de sol y playa -beneficiados por el cambio climático-, de ciudad e interior, cultural, náutico, de salud y balnearios, o en el de las islas -conexiones y aforo limitados-, las Atlánticas pero también San Simón y San Antonio; de caza y pesca, gastronómico -ojo a las deficientes instalaciones o a la calidad de los productos y a los precios abusivos-; en el enoturismo. Hay que copiar éxitos como el de las luces de Navidad de Vigo, la Semana Santa de Ferrol, el Carnaval o el Turismo Termal de Ourense; el Arde Lucus de Lugo; el San Juan de A Coruña, as Rapas das bestas; hay que poner en valor la Ciudad de la Cultura, y los museos -el Picasso de la Coruña, el de la Moda o el de la Emigración, serían un gran objetivo-; y, por supuesto, hay que fomentar los congresos, las ferias, las fiestas gastronómicas -Cocido de Lalín, Alvariño, Pulpo de Carballiño, etc.-, los festivales musicales, grandes conciertos o verbenas populares.

Se recomienda menos folletería barata y más digitalización -ciudades e instalaciones inteligentes-, mejores campings, más golf y más deporte. Y, ahora sí, la coordinación imprescindible con el Patronato de Turismo Rías Baixas, no hay excusa, y fomentar la Eurorregión. Y, por supuesto, incidir en la formación de más y mejores profesionales -el sector los necesita-, que han de hablar idiomas y que hay que incentivar para ser los mejores embajadores de Galicia en las cocinas y hoteles del mundo entero -esa es la mejor red de promoción que podemos tener-.

Somos un gran país y gozamos de una increíble geografía -en la que habrá que seguir evitando el feísmo y el desastroso urbanismo costero; gozamos de grandes profesionales como Merelles y grandes empresarios como Armando López Seijas o todo el Grupo Nove -hay que cambiar la confusión que genera la marca- o las Amigos da Cociña galega. Estamos ante un gran reto y un sector que se merece el respeto de las instituciones, pagar menos impuestos y contribuir a la creación de riqueza y empleo. Galicia es un país para vivir e invertir, para disfrutar con sol o con tormenta -hay que prever el turismo de lluvia-, un fin del mundo que siempre será el comienzo del mejor viaje del que extraer una experiencia amable.

En un mundo global las asociaciones sectoriales, como la Mesa del Turismo de España, y los medios de comunicación debemos promover la industria de la felicidad, la que más contribuye a mantener el estado de bienestar. Hemos de seguir avanzando en ser más competitivos, en saber aceptar los análisis rigurosos, incluso críticos, para mejor preparar el futuro. Y si en el camino caen algunos desvergonzados que se aprovechan del mérito de otros, que queden. Algo les puedo asegurar, la solidez del nuevo director, que debuta con buen pie, el lunes día 3 de julio, acompañando en su primer acto oficial al presidente Rueda en la inauguración de un hotel de lujo en Santa Comba, el Costiña Wellness & Villas. El efecto Merelles no será inocuo, es el perfecto ejemplo de como con sentido profesional y ético se puede llegar muy lejos. Ayudémosle pues a hacerlo muy bien, exijámosle para que toda Galicia y con ella España se beneficien de su trabajo. Buen Camino. @mundiario

Comentarios