La soledad parlamentaria del BNG es el precio de la hegemonía

Manifestación  nacionalista
Manifestación nacionalista.

De los partidos que apoyaron la investidura de Sánchez, sólo el BNG se ha quedado fuera del acuerdo presupuestario. Ha elegido la soledad antes que diluirse en una coalición de intereses coyunturales.

La soledad parlamentaria del BNG es el precio de la hegemonía

Ha causado relativa sorpresa que el BNG, partido nacionalista que se ubica en la izquierda, haya antepuesto sus demandas territoriales ante la Ley de Presupuestos, al acuerdo de amplio espectro que el Gobierno ha fraguado en torno a sus cuentas. De inmediato los dirigentes del socialismo gallego han censurado públicamente esa conducta, que se sumaba al rechazo a la reciente Ley de Educación. Las razones expuestas por unos y otros son conocidas por lo que no es necesario reproducirlas.

El BNG ha elegido la soledad parlamentaria antes que diluirse en una coalición de intereses coyunturales. Es el precio de la hegemonía política que ostenta en la oposición gallega. Aparecer como un firmante más del presupuesto que, objetivamente, reduce la inversión del Estado en Galicia, en una coalición de la que ya no era miembro imprescindible como ocurrió en la investidura, no sólo no le beneficiaba estratégicamente sino que le situaba en la peor posición en el marco de la política gallega. A partir de ese momento el PP gallego podría simplificar el debate incluyendo en el mismo argumento a socialistas y nacionalistas como contrarios a los intereses gallegos.

En el delicado equilibrio entre la política estatal y territorial, lleno de contradicciones para todos los partidos, anteponer la visión territorial a las alianzas estatales era la solución con menos coste político. Si aspira a mantener el liderazgo de la oposición no puede ser socio del socialismo en Galicia aunque lo sea en España o en los municipios, salvo que el socialismo gallego se pliegue a los postulados nacionalistas, lo que no ha ocurrido.

El problema para el BNG es que su posición es todavía débil. Socialmente, pues necesita ampliar su base de apoyo para aspirar a gobernar. Localmente no forma parte de los gobiernos locales de  Ferrol, A Coruña y Santiago pero los apoya con frecuencia, una postura que no aporta visibilidad ni influencia. Sin embargo cogobierna en Lugo y en las Diputaciones Provinciales. En el Parlamento gallego, escaparate privilegiado de la Xunta, tiene cinco minutos de gloria cada quince días en la sesión de control y poco más. Extramuros del hemiciclo carece de una presencia habitual basada en alternativas o propuestas que den contenido a las comparecencias.

Hasta ahora se ha beneficiado de la crisis del socialismo gallego, de liderazgo, de proyecto, de presencia social e incluso de cuadros. Pero antes o después el socialismo la superará. Cuenta a su favor con una fuerte base de poder local, con un centenar de Alcaldías, entre ellas cinco capitales de provincia y tres Diputaciones Provinciales, más el apoyo, discreto, del Gobierno central, más el prestigio de la propia marca.

De modo que el Bloque está obligado a hacer virtud de su soledad. A demostrar que tiene una agenda gallega suficientemente elaborada como para ser proyectada en Madrid, lo que no hace la Xunta sino ocasionalmente. Suficientemente diversificada como para interesar a sectores sociales y económicos que hasta ahora no le han prestado apoyo. Y suficientemente inclusiva como para mantener bajo su bandera al votante de Mareas y Podemos, hoy huérfano de toda representación propia.

Hasta las elecciones municipales de 2023 faltan dos años y medio. Es el plazo para consolidarse o ceder la hegemonía al PSdeG que si repite resultados locales estará en las mejores condiciones ante las elecciones autonómicas. En la historia democrática, las limitaciones del Bloque han sido casi siempre endógenas, fruto de sus contradicciones internas. En 2019 descubrió que con una visión más abierta era posible recuperar electorado y además barrer a otras opciones políticas nacidas de su seno. Las próximas elecciones serán más exigentes pues toca defender una posición asediada y al tiempo disputar la Xunta de Galicia. Votar no a los Presupuestos ha sido el primer paso en esa dirección. @mundiario

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