Siguen encendiéndose las alarmas en A Coruña y en su decadente puerto

Refinería de Repsol en A Coruña.
Refinería de Repsol en A Coruña.

ERTE de Repsol para un tercio de la plantilla de la refinería de A Coruña, 212 trabajadores, durante seis meses.

Siguen encendiéndose las alarmas en A Coruña y en su decadente puerto

En la mitología griega, Casandra está condenada a tener el don de la adivinación pero sin que nadie se la tome en serio nunca. En los tiempos modernos a las Casandras (y Casandros) se les tiende a llamar “cenizos”.

Hace unas semanas hablaba del peligro de dejar la gestión de un puerto como el de A Coruña, casi en quiebra técnica, en manos de políticos –de paso– en lugar de en manos de gestores comerciales profesionales. Hablaba también de la importancia de diversificar la actividad de un puerto cuya principal razón de ser es extraer el tráfico de petroleros de una bahía y de un puerto urbanos. 

Pues bien, si hoy, 8 de abril de 2021, no se le ha encendido a nadie una muy sonora y muy luminosa alarma con el anuncio del ERTE del 30% de la plantilla de la refinería durante 6 meses (por muchas inversiones garantizadas que diga Repsol que hay en un futuro) es que el puerto ya está condenado, junto a toda actividad industrial pesada en los alrededores de la ciudad.

Algunos se felicitarán por ello porque “quitaremos humos” de la ciudad y será todo más ecofriendly pero la pandemia está demostrando que jugarse la economía a la carta de los servicios es un error muy grande. Es probable que a la larga la industria que tenemos se reconvierta en industria verde pero ahora mismo la necesitamos como está para tener un colchón desde donde transformar la economía y la propia industria. 

Y aún así hay una corriente de opinión que se extiende por la ciudad que pide la eliminación de la lonja, que es una industria, por ser un “tapón” a las vistas del mar –imagino que será un eufemismo para insinuar que a algunas “pijas” narices se les taponan las mismas con el olor del pescado, que no es lo mismo que el olor de tomarse unos percebes o unas nécoras con sus vinitos tirando del sector servicios– o su traslado a donde “no estorbe”, por ejemplo, San Diego; obviando también el desembolso que supuso la construcción de la nueva lonja y la actividad de importancia nacional que tiene.


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Estamos enfrentando un cambio de paradigma entre los hábitos de consumo, la transición ecológica o la transformación digital pero nadie se pone nervioso y menos ahora que tenemos más metros para pasear a la beiriña do mar en la ciudad.

Como no quiero ser Casandra, hoy –y no mañana– debería de ser el día en el que los que nos gestionan “los entes” se pongan ligeramente nerviosos, porque el aviso ha sido como pinchar en el kilómetro 1 de una etapa del Dakar. Vamos a tener que hilar muy fino para acabar la etapa y el vehículo es una ciudad y su comarca. @mundiario

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