¿Quo vadis Eurorregión Galicia-Norte de Portugal?

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Desembocadura del río Miño, en la frontera natural Galicia con Portugal / RR SS

Estos dos territorios, que han caminado de espaldas durante años, prefirieron mirarse de reojo y huir de cualquier proyecto común antes que potenciar las oportunidades de cooperación.

¿Quo vadis Eurorregión Galicia-Norte de Portugal?

Las fronteras, concebidas como grandes cicatrices de la historia, han quebrado de manera artificial espacios con profundas raíces comunes. La noción westfaliana del Estado ha impregnado los límites territoriales con connotaciones de muros contra los que chocan los ciudadanos, la cultura, la sociedad e, incluso, la propia lengua. Poco a poco se han ido rompiendo estas barreras e impulsando verdaderos procesos de transformación que, carentes de un modelo de gobernanza definido, han ido avanzado hacia la construcción de un partenariado institucional que sirvió de paraguas a la conformación de las eurorregiones. Institutos, observatorios, consorcios, asociaciones, consejos…, nacen al albur de algún fin concreto y tratan de representar los intereses comunes de los territorios que saben ver las ventajas comparativas de la complementariedad.

Decía Rosalía: “Veo mi camino, pero no sé hacia dónde conduce. No saber dónde voy es lo que me inspira a recorrer el camino”. Y esto mismo podría ser el resumen de lo vivido en la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal desde su nacimiento, en 2008, hasta hoy. Estos dos territorios, que han caminado de espaldas durante años, prefirieron mirarse de reojo y huir de cualquier proyecto común antes que potenciar las oportunidades de cooperación. Con una población conjunta superior a la de Irlanda, Dinamarca, Finlandia o Eslovaquia y una extensión que supera en territorio a Croacia, Dinamarca, Bélgica o los Países Bajos, 51.000 Km2, es un polo lo suficientemente atractivo como para ser impulsado y, no solo por el tamaño –que sí importa–, sino también por las sinergias susceptibles de ser aprovechadas.

La situación económica que deja la crisis a un lado y a otro de la raya, hace preciso un replanteamiento del modelo productivo, que pasa por complementarse en lugar de solo competir

La situación económica que deja la crisis a un lado y a otro de la raya, hace preciso un replanteamiento del modelo productivo, que pasa por complementarse en lugar de solo competir. Sin ir más lejos, en Galicia, con un contexto de crecimiento por encima del 3% durante nueve trimestres consecutivos –según los últimos datos publicados por el Foro Económico de Galicia–, podría parecer que no precisa de cooperación, pero nada más lejos de la realidad. La métrica del crecimiento descrito es muy débil y se complementa con un mercado laboral herido, un desempleo estructural por encima del aceptable, problemas crónicos de envejecimiento, una exigua inversión extranjera directa, todo ello aderezado con un esquema productivo de pequeñas y medianas empresas, que hacen vulnerable el mantenimiento de la senda alcista en el tiempo.

¿Alguien se ha preguntado qué hubiera sucedido en este país si hace un cuarto de siglo se promoviese el mismo nivel de avance y recursos en la I+D+i que se han destinado a las autovías vacías, a los museos contenedores sin contenidos o a los puertos refugio que no responden a su nombre? Probablemente se hubiese dado un salto cualitativo importante, capaz de mudar la realidad económica en aras de una mayor productividad y competitividad.

Falta estrategia y visión de país en el sentido amplio de Eurorregión, más aún si hablamos de las infraestructuras y servicios por tierra, mar y aire

Falta estrategia y visión de país en el sentido amplio de Eurorregión, más aún si hablamos de las infraestructuras y servicios por tierra, mar y aire. ¿Cómo sino puede explicarse la existencia de tres aeropuertos en Galicia y un cuarto en Sá Carneiro sin ningún tipo de complementariedad estratégica?, ¿sería posible dar coherencia a un servicio esencial con más de seis millones usuarios potenciales? Y pregunto más, ¿se merecen los ciudadanos seguir viajando en un ferrocarril propio del S.XIX? Y qué decir del mar, en un momento en el que el 80% del comercio mundial se mueve por vía marítima,  ni Galicia ni el norte de Portugal aparecen en las principales rutas mundiales, porque sencillamente no pueden. No hay puertos con capacidad para acoger buques de más de 20.000 contenedores, cada vez más habituales. ¿Significa esto que no hay infraestructuras portuarias adaptadas para albergar al tráfico del futuro después de las inversiones multimillonarias que se han realizado? Pues no, y son los puertos de Barcelona, Valencia o Algeciras  los que acaparan el tráfico marítimo con mayor valor añadido en sus mercancías.

Es evidente que el escenario descrito carece de cualquier estrategia logística, incompatible con una correcta planificación territorial hacia la que conviene caminar para alcanzar la convergencia real europea. La política de cohesión de la UE, en su avance hacia el este, ha agudizado la periferia de la región galaico-portuguesa, que solo es posible corregir convirtiéndola en centro vista desde el mar. Hay potencial para ello. Se precisa conciencia para que las dos finisterraes europeas se pongan en valor.

Todo lugar es aquí y todo momento es ahora, más aún cuando se está a tiempo de influir sobre la negociación del próximo presupuesto europeo para el período 2021-2027. Las amenazas son muchas, pero quizás las oportunidades son más y es necesario actuar con la anticipación y táctica suficiente para sustituir la lluvia fina de millones que llegaron antaño vía fondos estructurales -ahora amenazados-, por un manguerazo de dinero bien dirigido hacia los sectores estratégicos. Como decía Castelao, “o verdadeiro heroísmo consiste en trocar os anceios en realidades e as ideas en feitos”. Es la hora. @mundiario

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