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A Coruña tiene la oportunidad de desarrollar un puerto en el que atraque su futuro

En medio millón de metros cuadrados caben muchas cosas, caben ilusiones, caben empresas, caben parques, cabe un río (que me consta que muchos coruñeses quieren volver a ver ) y también pueden caber casas, escuelas o museos.

A Coruña tiene la oportunidad de desarrollar un puerto en el que atraque su futuro
Vista general del puerto interior de A Coruña. / Mundiario
Vista general del puerto interior de A Coruña. / Mundiario

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Xosé Ramón Portilla Pedreda

Xosé Ramón Portilla Pedreda

El autor, XOSÉ RAMÓN PORTILLA PEDREDA, es colaborador de MUNDIARIO. Especialista en comercio y logística, está centrado en relaciones B2B, importación de bienes y customer experience. Es secretario de Empleo y Emprendimiento de la Comisión Ejecutiva Municipal de A Coruña del PSdeG - PSOE. @mundiario

El puerto de A Coruña ha sido objeto de debate, de ríos de tinta, de opiniones antagónicas y de recuerdos de un ayer no tan lejano. ¿Qué tal una visión global en el tiempo del puerto de A Coruña y su problemática actual?

El cambio de los modelos productivos, de las políticas pesqueras e incluso del tránsito de pasajeros, han ido reduciendo paulatinamente el uso del puerto y su tejido industrial y laboral. Cierto es que, con 400 millones de kilos de pesca fresca, es el líder indiscutible de España en descargas de pescado pero no en facturación –superado por Vigo y Burela, que descargan especies de mayor valor económico en un volumen mucho más alto como el rape en Vigo y el bonito o la merluza en Burela–, con lo que todavía conserva algo de su carácter histórico de puerto de referencia.

El puerto coruñés ha ido languideciendo por el cierre de firmas como Pebsa –en su día cotizada en Bolsa–, la reducción de cuota comunitaria que mandó al desguace cientos de barcos que amarraban en él (y llenaban de actividad y de imágenes, que hoy solo son un recuerdo, la vida de muchos), la caída de actividad aparejada a esto último, el mayor acceso a la universidad que hizo que la tradición marinera de muchas familias (porque no había otra cosa) se frenara en los 80 e incluso el “boom” del ladrillo que cambió el rumbo de los que buscaban labrarse un futuro con pocos estudios y mucho esfuerzo. Todo fueron clavos en el ataúd del puerto y todo se apostó a los graneles, que eran los muebles a salvar en un puerto que alguna vez fue referencia estratégica y hacía aguas con el fin del siglo XX.

El hundimiento del petrolero Prestige sirvió para desempolvar de un cajón un proyecto de puerto exterior pensado después de que el Mar Egeo repitiera la historia del Urquiola y tiñera de negro A Coruña y media Galicia. Este puerto, que alejaría los tráficos peligrosos del centro de la ciudad, cayó en el olvido con los cambios que se produjeron en 1996 en todo el país. Un proyecto más o menos acertado según quien sea el interlocutor a la hora de pedir opinión. Puesto que no soy ingeniero Civil o de Caminos, Canales y Puertos no voy a opinar sobre el proyecto porque me faltan variables a considerar, a sabiendas de que dicho proyecto ha resultado en el puerto exterior de punta Langosteira, un puerto grande y diseñado para buques graneleros de gran tamaño.

Este puerto nuevo brindó también a la ciudad la oportunidad de redefinir su fachada marítima y su relación con el mar. Cierto es que el estudio de esa redefinición se hizo en un entorno favorable a la construcción y se pensó más en el ladrillo que en la utilidad pero, por suerte, la gente, la industria y los políticos (la mayoría) cambian con el entorno y con los años.

Además del ruido mediático, con claro interés electoralista, alrededor de los terrenos del puerto y de pedir imposibles por parte de unos y otros –imposibles con la legislación europea en la mano–, la gente ha tendido a obviar un detalle de la ecuación: “perdonar” X cantidad de dinero para disponer de unos terrenos que tienen actividad industrial y comercial que habría que cesar, que tienen un nivel de contaminación de suelo relativamente alto y que son hormigón en su mayor parte. Además, requieren de unos gastos de liquidación de concesiones, descontaminación y urbanización astronómicos para un ayuntamiento como el de A Coruña. 

Igual tenemos todos que pensar estratégicamente en la ciudad y remar en la misma dirección, la dirección del futuro. En medio millón de metros cuadrados caben muchas cosas, caben ilusiones, caben empresas, caben parques, cabe un río (que me consta que muchos coruñeses quieren volver a ver ) y también pueden caber casas, escuelas o museos. Si vamos a pensar en el futuro, miremos al pasado, analicemos el presente y ofrezcamos a la ciudad un puerto en el que atraque su futuro. @mundiario