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Ante la primera gran crisis de Feijóo, la oposición se ausenta

Sólo el Ayuntamiento de Vigo parece representar una posición socialista de clara oposición y alternativa,  difícilmente extrapolable al resto del país si la organización no asume un mayor liderazgo y una presencia sistemática en todos los asuntos que hoy se echa en falta.

Ante la primera gran crisis de Feijóo, la oposición se ausenta
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. / Xunta
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. / Xunta

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

La crisis abierta en la sanidad pública gallega, con la dimisión de Jefes de Servicio, huelgas, y sobre todo con el malestar abierto y generalizado entre los profesionales, es un fenómeno de largo alcance. Por afectar a la tercera parte del sector público autonómico, por la repercusión sobre gran parte de la población y, sobre todo, por ser un conflicto larvado durante años. No es un conflicto de fácil solución pues se necesita un volumen de recursos elevado y sostenido en el tiempo, siendo previsible que se enquiste y prolongue

La Xunta ha impuesto recortes de plantillas, congelaciones salariales y medidas de organización administrativa muy contestadas que han alimentado la desafección de los profesionales. Son éstos quienes ahora denuncian en todos los lugares la carencia de determinados especialistas, las listas de espera y la falta de competitividad de los salarios frente a una carga asistencial creciente que deteriora las condiciones del acto médico. Muy visible en los Centros de Salud y en las consultas externas de especialistas. Con un indicador indirecto: el crecimiento continuado de la sanidad privada, alimentada a partes iguales por la concertación que hace la Xunta para poder atender la demanda y por los usuarios que no quieren listas de espera tan largas para acceder a especialistas o pruebas diagnósticas.

Sorprendentemente el conflicto ha cogido a la oposición ausente de la Comisión Parlamentaria de investigación de la Sanidad, en la que, tras ser impulsada por los propios partidos de la oposición, han rehusado participar. Como si hubiesen descubierto por primera vez que el Parlamento, cuando el Gobierno tiene mayoría absoluta, lo maneja a su antojo el Partido Popular. Si para las Mareas esa actitud forma parte de su política gestual, para el socialismo gallego es una pésima decisión.

Se cuentan con los dedos de una mano en la historia democrática de Galicia, las veces que el PSOE se ha ausentado de sus obligaciones parlamentarias y siempre puntualmente para escenificar una protesta, reincorporándose de inmediato a la responsabilidad que desempeñan en nombre de los ciudadanos. Que es difícil de desarrollar en esas condiciones, es invisible muchas veces, pero también necesaria y ante la que no cabe el desánimo.

Si a esto añadimos que su principal dirigente no quiere participar en el Parlamento con argumentos peregrinos y opta por ruedas de prensa como canal de oposición, se consolida la imagen del socialismo gallego subordinado a los intereses y estrategia de las Mareas, lo cual tendrá un precio en las próximas elecciones. Sólo el Ayuntamiento de Vigo parece representar una posición socialista de clara oposición y alternativa, muy efectiva en su término municipal pero difícilmente extrapolable al resto del país si la organización no asume un mayor liderazgo y una presencia sistemática en todos los asuntos, que hoy se echa en falta.

Confiar en que las elecciones locales las gane el Gobierno estatal, como se está haciendo, es  insuficiente. Es lo que hará Ciudadanos, confiar las elecciones municipales a su principal dirigente, pero se trata de un partido sin arraigo en Galicia y por tanto con nada que perder. El socialismo tiene un centenar de Alcaldías y tres Diputaciones, además del Ejecutivo estatal. No puede limitarse a una posición pasiva, ni ausentarse de los foros institucionales sin que ello tenga consecuencias. @mundiario

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