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El PP supo rentabilizar la sensación de que Galicia padecía un "bigobierno"

La gente de a pie no perdona la imagen permanente de un camarote de los hermanos Marx. Y sin embargo, por lo general es más indulgente con los incumplimientos programáticos.
El PP supo rentabilizar la sensación de que Galicia padecía un "bigobierno"
Anxo Quintana y Emilio Pérez Touriño. / Mundiario
Anxo Quintana y Emilio Pérez Touriño. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Cómo pasa el tiempo. Dentro de poco se cumplirán quince años del gobierno bipartito PSOE-BNG, aquella Xunta comandada por Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana que puso fin a la era Fraga. En 2005, a pesar de haber ganado las elecciones, el Partido Popular perdió por poco la mayoría absoluta. Socialistas y nacionalistas se pusieron de acuerdo para gobernar juntos, en el más serio de los intentos por poner fin a la hegemonía conservadora que arrancó al mismo tiempo que el propio proceso autonómico. El décimo aniversario de aquel experimento pasó casi desapercibido, algo que no sucederá esta vez, entre otras razones porque este año los gallegos volveremos a ser llamados a las urnas para decidir si Feijóo sigue presidiendo Galicia o se instala en San Caetano una coalición progresista semejante al bipartito.

Aquel gobierno de coalición no llegó ni a completar la legislatura. Se vio obligado a adelantar unos meses las elecciones en las que saldría "derrotado". El inesperado revés electoral puso fin a las carreras políticas de Touriño y Quintana, cuyas figuras fueron amortizadas en tiempo récord. Su abrupta desaparición de la escena política gallega supuso un inequívoco reconocimiento del fracaso. Ambos asumieron sus responsabilidades abriendo, eso sí, sendas crisis en el seno de sus respectivas formaciones políticas, algunas de cuyas heridas nunca cicatrizaron. Aún a día de hoy tanto en el PSOE como en el BNG parecen renegar de la experiencia, al punto de que alguno de entre sus respectivos dirigentes llegó a considerarla un fiasco histórico que, además de borrar, llegado el caso convendría no repetir.

De lo que dio de sí la coalición social-nacionalista conviene sacar algunas lecciones. La primera y principal es que los votantes premian la cohesión interna de los gobiernos y suelen penalizar las "liortas" entre los socios en el momento en que trascienden públicamente. Y tienden a castigar en similar medida a las dos partes contratantes de la primera parte. El PP supo rentabilizar la sensación de que Galicia padecía un "bigobierno" en el que los conselleiros desconfiaban los unos de los otros, competían entre sí por el protagonismo político y no conseguían ponerse de acuerdo ni siquiera en los asuntos esenciales que habían pactado en el momento de constituir la coalición. La recesión económica también pasó su cierta factura a unos gobernantes que siguieron actuando como si aún fuera tiempo de vacas gordas. 

Hay otra gran enseñanza que tendrían que sacar PSOE, Benegá y los rupturistas (sin los cuales ahora no será posible armar una alternativa al PP), también Sáchez e Iglesias. Los socios tienen que confiar los unos en los otros. Aún así han de establecer mecanismos y protocolos para arbitrar internamente las diferencias, además de compartir los aciertos y mutualizar los errores, evitando arrojárselos a la cara entre ellos. Nada castiga más el electorado, incluso el propio, que el penoso espectáculo de los coaligados empleando tanto o más tiempo en hacerse oposición entre sí que en gobernar. Porque lo que se transmite son señales de debilidad e ineficacia. La gente de a pie no perdona la imagen permanente de un camarote de los hermanos Marx. Y sin embargo, qué cosas, por lo general es más indulgente, si llega a enterarse, con los incumplimientos programáticos. Seguramente porque también incumplen los gobiernos monocolores, o porque, como dijo Tierno Galván, los programas están para no cumplirse. @mundiario